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Año XII, 26 de septiembre de 2020

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Hugo Guzmán R

Factor Regional

Editora Diario Electrónico | Martes 2 de febrero 2010 14:18 hrs.


Conocido el triunfo electoral de la Coalición por el Cambio, la Unión de Partidos Latinoamericanos (UPLA) que aglutina a la derecha regional, emitió una declaración bajo el rótulo “Elecciones Chile 2010” donde señaló que “la llegada de Sebastián Piñera a la presidencia de Chile es un impulso para la centro derecha en América Latina y un contrapeso a la negativa influencia que ejerce el gobierno de Hugo Chávez en el continente”.

El documento sintetizó dos aspiraciones de la derecha hemisférica en cuanto a Piñera. Una, que pasará a formar parte del círculo de gobiernos conservadores del continente (Colombia, Perú, Honduras, México, Panamá, etc.) ampliando la correlación de fuerzas de ese sector político. La otra, que el Mandatario chileno será parte del eje antichavista y antibolivariano que se teje en la región.

No fue gratuito que apenas 24 horas de haber ganado la elección presidencial, Piñera ya dedicara críticas fuertes al Jefe de Estado venezolano. “Tengo muchas diferencias –dijo- con la forma en que se están manejando los temas políticos en Venezuela”. Reunido con corresponsales extranjeros, Piñera enfatizó: “Quiero decirlo con claridad. Esas diferencias son profundas y tienen que ver con la forma en que se concibe y practica la democracia, con la forma en que se concibe el modelo de desarrollo económico y muchas más”.

Las palabras del presidente electo calzaron milimétricamente con la declaración y optimismo de la UPLA que corroboró lo esperado: el papel de “contrapeso” de Piñera ante Chávez y el reforzamiento de las posiciones de la “centro derecha” continental.

En realidad, es un hecho que Sebastián Piñera viene a formar parte de la figura geométrica derechista hemisférica, donde tendrá, de inicio, un socio privilegiado: Álvaro Uribe, presidente de Colombia, con el que comparte doctrina política y de seguridad. Luego, con matices, están Felipe Calderón en México, Alan García en Perú, Porfirio Lobo en Honduras y Ricardo Martinelli en Panamá (multimillonario al igual que Piñera).

No es menor que ahora Chile se sume al grupo conservador liderado por Colombia, México, Perú, Honduras y Panamá. Quedará atrás la cercanía con Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, entre otras naciones gobernadas por la izquierda y la socialdemocracia.

Las administraciones de derecha tienen el objetivo de encarar el “proyecto bolivariano” que levantó Hugo Chávez y que hoy es compartido por Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Raúl Castro en Cuba, entre otras administraciones. Al mismo tiempo, la derecha continental sabe que en el otro lado de la balanza están los gobiernos del Frente Amplio en Uruguay y del Partido de los Trabajadores en Brasil.

Con toda seguridad, Sebastián Piñera será parte del proyecto Alternativa Democrática para las Américas, firmado paradójicamente un 11 de septiembre (2009), por partidos conservadores y socialcristianos que tiene entre sus misiones solidarizar con las naciones “sometidas al nuevo totalitarismo”, donde enmarcan a Venezuela, Bolivia, Ecuador y por supuesto Cuba.

Así, es previsible que ahora el gobierno de Chile pase a estar en la primera línea de las más ácidas y duras disputas regionales, enfrentado a personajes como Hugo Chávez y aliándose con otros como Álvaro Uribe.