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Hugo Guzmán

El caso Villalobos


Viernes 5 de febrero 2010 12:52 hrs.


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Hace unos días, el ex comandante del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) de El Salvador, Joaquín Villalobos, llegó a México para defender la estrategia del gobierno conservador de Felipe Calderón (Partido Acción Nacional), en “la lucha contra el narcotráfico”. Llevaba en su maletín el trabajo titulado “Doce mitos de la guerra contra el narco”, que fue publicado en la revista Nexos y valorado por la administración calderonista y los altos mandos militares y policiales mexicanos.

No fue la primera incursión de este antiguo guerrillero como analista y asesor de gobiernos conservadores de Latinoamérica. En su país asesoró en materia de seguridad al presidente Francisco Flores. Más tarde, fue parte intelectual del desarrollo y promoción de la Política de Seguridad Democrática (PSD) diseñada y materializada por Álvaro Uribe al frente del gobierno de Colombia, y que tiene como uno de sus fines desarticular a la guerrilla y golpear al movimiento social. En los noventa -recordó el periodista de La Jornada, Hermann Bellinghausen- Villalobos sobrevoló “la selva lacandona junto a mandos del Ejército federal para orientarlos en la ofensiva que preparaban contra el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, a raíz del levantamiento indígena en Chiapas”.

Su salto de la guerrilla salvadoreña a asesor de gobiernos derechistas (él se ha definido como un socialdemócrata) se produjo a inicios de los noventa cuando llegó a la residencia oficial de Los Pinos, en la Ciudad de México, a regalarle al presidente Carlos Salinas de Gortari su fusil AK-47, arma que le había obsequiado Fidel Castro para que combatiera en El Salvador. 

Su mutación de insurgente a asesor se colmó cuando gracias al apoyo de personeros socialdemócratas (que incluyen a un embajador chileno en el Reino Unido), fue aceptado en un curso de postgrado en la Universidad de Oxford. Hoy firma sus trabajos como “Ex comandante del FMLN. Consultor para la resolución de conflictos internacionales” y forma parte del grupo de afamados articulistas que escriben en diarios como “Reforma” de México, “El País” de España, “La Tercera” de Chile y “El Nuevo Herald” de Estados Unidos. Entre ellos se cuenta a Jorge Castañeda, Andrés Oppenheimer y Mario Vargas Llosa. El primero, por cierto, también antiguo y estrecho colaborador de las guerrillas salvadoreña y nicaragüense.

En México no sólo molestó  la defensa de Villalobos del gobierno de Calderón en su polémica “lucha contra el narco”, por el variopinto curriculum que ostenta. Molestó también porque en ese curriculum está escrito con letras grandes que este consultor es responsable de la ejecución del poeta Roque Dalton, asesinado el 15 de mayo de 1975 por integrantes del ERP. Él lo niega, pero alrededor de 1992, año clave en el proceso de paz negociada por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y el gobierno derechista de El Salvador, Dalton estuvo incluido en la lista de víctimas de violaciones a los derechos humanos y crímenes políticos, y Villalobos se vio obligado a asumir la responsabilidad política de la organización que él encabezaba (el ERP). No está muy claro cómo los asesinos del poeta libraron la Justicia. 

Lo concreto es que en 1975, la Comisión Militar del ERP estimó que el poeta Roque Dalton debía ser juzgado como agente de la CIA, colaborador de la Inteligencia cubana, promotor de la división de la organización y por su vida liberal y desordenada. La organización a la que Dalton había ingresado para combatir a la tiranía y luchar por una patria libre, soberana y justa, terminaba por ejecutarlo. De acuerdo a diversidad de informes –ampliamente publicados en diversos medios de todo el mundo- entre los autores del crimen se menciona a Joaquín Villalobos, Alejandro Rivas, Jorge Meléndez y Vladimir Rogel. Según algunas informaciones, Dalton recibió un tiro en la cabeza; otras hablan de que fue acribillado. Su cuerpo fue arrojado en un lúgubre rincón salvadoreño, donde los militares lanzaban los restos de opositores asesinados. 

El hijo del poeta, Juan José  Dalton, que ha investigado profusamente el caso, señaló en una entrevista que “donde quiera que Joaquín se pare, todo mundo sabrá que fue uno de los ejecutores de Roque Dalton”.

Es así que el caso Villalobos parece no cerrado. En gran medida porque el poeta Roque Dalton logró sellar una obra abierta al tiempo e instalarse como uno de los intelectuales más queridos y respetado en Latinoamérica y cuyo crimen está impune. Y uno de los presumibles responsables, es asesor de gobiernos y articulista de diarios.-