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El partido más difícil del Estadio Nacional

Las críticas ante el retraso de las obras del Estadio Nacional han opacado uno de los proyectos estrella de la administración de Michelle Bachelet. Mientras el arquitecto, Gonzalo Mardones, denuncia fallas de diseño e implementación, el gobierno las desmiente, en un partido que en vez de ganarse, se está perdiendo  a punta de autogoles.

Daniela Ruiz

  Viernes 19 de febrero 2010 18:55 hrs. 
Radio-Uchile

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Las críticas ante el retraso de las obras del Estadio Nacional han opacado uno de los proyectos estrella de la administración de la Presidenta Michelle Bachelet. Mientras el asesor de Sebastián Piñera, Gonzalo Mardones, denuncia fallas de diseño e implementación, el gobierno las desmiente, en un partido que en vez de ganarse, se está perdiendo a punta de autogoles.

Iba a ser una fiesta para el deporte nacional. La selección chilena comenzaría su preparación al Mundial de Sudáfrica con una fecha doble, donde los “11 de Bielsa” se enfrentarían  al cuadro de Costa Rica y Tokio, en un Estadio Nacional de nivel mundial, con butacas en todo el coliseo, sin rejas, cancha y pista atlética nuevas, pantalla gigante y focos internos que reemplazarían a las tradicionales torres de iluminación. Sin embargo, la inauguración del recinto ñuñoíno no podrá realizarse el 3 de marzo como estaba estipulado, pues  las obras no están listas.

Aunque la Presidenta Michelle Bachelet  explicó que fue “una empresa que no cumplió con el compromiso” y advirtió que “no vamos a entregar un estadio hecho a medias”, fue justamente de ello que hoy se le culpa al gobierno.

Así lo manifestó el arquitecto, Gonzalo Mardones, encargado por el Presidente electo, Sebastián Piñera, para supervisar las obras, quien después de visitar el lugar el pasado lunes aseguró que el Nacional “era un desastre”. En el programa Hola Deportes de nuestra emisora, el arquitecto acusó que “no se trata solamente de un problema de plazos (…) estamos hablando de una obra que está hecha a medias y que no cumple con los requisitos elementales”.

Mardones denunció que no sólo fueron las butacas las que atrasaron la entrega, sino que el estadio no cumpliría con las normas que exige la FIFA, como los 47 centímetros de las butacas, los pasillos cinco centímetros más estrechos y las galerías 16,5 metros más lejanas de la cancha de lo que deberían.

El asesor de Piñera, quien también presento un proyecto para la restauración del estadio junto a la Fundación Futuro liderada por el próximo mandatario, también argumentó que el plan de remodelación no corresponde a un proyecto global, sino que a siete que se licitaron a empresas de manera independiente. De hecho, la fase más importante, que considera las fachadas y la construcción de la semi cubierta del recinto, aún no se encontrarían concesionadas debido a la falta de presupuesto destinado a esta tarea.

 Las fallas de diseño y los problemas técnicos que, a su juicio, presentaría la remodelación del Estadio Nacional, suman y siguen para el arquitecto. No obstante, el subscretario de Obras Públicas, Juan Andrés Saldivia, desmintió las acusaciones: “Parece que no leyó las bases. Mardones está en un error, la FIFA no hace exigencias, sino recomendaciones (…)  construir un conjunto de argumentos falsos para desprestigiar una obra que forma parte de un plan extraordinario de la Presidenta Bachelet, como los son los estadios Bicentenario, la verdad es que pudiera ser que hay otras intensiones”, respondió.

En la misma línea, el titular de Interior, Edmundo Pérez Yoma, afirmó que las  críticas eran totalmente injustificadas, “de un arquitecto que ha tomado esto como algo personal", debido a que a la no ejecución del proyecto que Mardones tenía para el recinto deportivo.

El arquitecto no demoró en encarar a  Pérez Yoma. "Sería poco ético, muy sucio pensar en realizar nuestro proyecto. Nuestro proyecto se le regaló a la Presidenta Bachelet con el fin que ella y sus asesores hicieran el proyecto con quién quisieran. No me voy a prestar para juegos ni para empañarle a la Presidenta nada", sostuvo.

A estas alturas, los retrasos en la entrega del recinto no sólo han perjudicado a la Selección Chilena, sino que ya estaría afectando a otras federaciones deportivas como la Federación de Hockey Chileno, quienes tuvieron que trasladar el escenario del Panamericano de la especialidad al Club Manquehue.

Aunque el club rebajó sus costos, el cambio implicará alrededor de 10 a 15 millones de pesos extra que no estaban contemplados en la organización del evento. “Esto significa mayores costos que el Estado tendrá que asumir porque nos prometieron por escrito que las obras estarían listas y no se cumplió”, señaló el presidente del hockey chileno, Esteban Greiger.

Además, la postergación también motivó las críticas del presidente del equipo de la Universidad de Chile,  Federico Valdés, quien señaló que los retrasos en el coliseo “son una chacota”, que le impedirán al club ser local en varios partidos, entre ellos, el que debe  jugar contra Flamengo por la Copa Libertadores.

De hecho, para Gonzalo Mardones, lo más probable es que el estadio tampoco alcance a estar completamente preparado para fines de marzo, lo que dejará en una difícil posición a Sebastián Piñera. “Es una cuestión muy compleja que le queda al Presidente nuevo, porque el Presidente electo y sus ministros, van a tener que resolver qué hacer con esto”, dijo el profesional.

Sin embargo, el ministro de Obras Públicas, Sergio Bitar, aseguró que el recinto estará en óptimas condiciones para ser utilizado en la fecha comprometida. “El Estadio Nacional va a estar terminado con cinco de los seis contratos dentro de los plazos durante la primera semana de marzo. De manera que cuando las butacas estén instaladas, el estadio puede ser empleado para su uso deportivo”, afirmó.

La pregunta que se ha instalado en los círculos deportivos, no obstante, es en qué condiciones será entregado el Nacional, si las expectativas de un “estadio de calidad mundial” cumplirán con los estándares esperados y sobre todo, si no habrá sido una mala jugada del gobierno saliente, realizar un obra de tamaña envergadura en un plazo tan corto, por la mera necesidad de contar con un hito presidencial en su historia.
 

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