Diario y Radio Universidad Chile

Año XVI, 16 de junio de 2024


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El vuelto


Jueves 25 de febrero 2010 16:46 hrs.


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Señor Director,

Las últimas declaraciones de algunos dirigentes de la Concertación, dejan la impresión de que no han tomado conciencia de lo que significa que perdieran el gobierno y de quién es la responsabilidad real de entregar a la derecha el poder absoluto, a la que sólo le faltaba tener físicamente el gobierno, a menos claro que algún lector me quiera asegurar de que la derecha no ha mandado durante los gobiernos de esta “Izquierda Concertacionista”. Lo curioso es que algunos han responsabilizado a los ciudadanos, a quienes les reprochan haber actuado como unos mal agradecidos de los logros del gobierno, todo esto, claro, en medio de una falta sincera de autocrítica profunda.

Ante este panorama, creo que una de las mejores formas de explicar qué pasa por las mentes de los dirigentes concertacionistas, quienes aún no asumen el golpe mortal, y que andan muy forongos por la vida esperando que pasen estos cuatro años para volver al poder, casi como tomando unas vacaciones justas ante tanto sacrificio, es contando una historia de esas que les cuento a mis niños en las noches antes de dormir.

“Había una vez un muy alegre y desvergonzado niño llamado Pepito, a quien su madre le pide que vaya al negocio de la esquina y que con el dinero que le entrega compre tomates y traiga el vuelto. Muy contento con la responsabilidad que le ha dado su madre, parte Pepito al negocio de la esquina, pero ¡Oh, sorpresa!, no habían tomates. Triste el niño al no poder llevar los tomates pedidos, recuerda que no sólo eran los tomates lo que le habían encargado, también le pidieron que trajera el “Vuelto”, así que luego de pensarlo, decide comprar chocolates, pero sólo lo justo para que le quedara vuelto. Luego de esto emprende triunfante el regreso a su casa y en el camino se come los chocolates. Cuando estuvo frente a su madre quien esperaba los tomates para el almuerzo familiar, Pepito sin ocultar su dicha le cuenta su hazaña que consistía en que al no encontrar tomates, compró chocolates, los que se comió, porque claro no se los habían pedido, pero eso sí cumplió con el otro encargo, que era traer “El Vuelto”, así que muy tranquilo y conforme asegura que cumplió una de las dos cosas, en su interior piensa que hizo lo correcto, pero para extrañeza de Pepito, su madre no lo encontró ingenioso, ya en otras ocasiones le había advertido que hiciera lo que le estaba pidiendo, así que lo castigó ya que utilizó el dinero en algo para él y el vuelto no es lo que necesitaba la familia para el almuerzo, sino los tomates”.

Para mí, los dirigentes concertacionistas son muchos Pepitos, quienes cuando el país les pidió que trajeran educación y salud pública, vivienda digna, que la democracia fuera la fuente de la alegría que permitiría el progreso de todos los habitantes, que cuando se les pidió que no existiera más pobreza y que se escuchara y protegiera a los trabajadores y no a los empresarios, que cuando se les pidió seguridad y justicia, que cuando se les pidió que gobernaran pensando en los habitantes de Chile y no en las potencias comerciales, hicieron lo mismo que Pepito, al no poder hacer lo que les pedía, porque la “Democracia de los Acuerdos” y la “Democracia en la Medida de lo Posible” no lo permitía, realizaron este viaje entre su casa y el negocio de la esquina quedándose con los chocolates y entregan a la madre, a la nación sólo el vuelto, y al igual que Pepito, no entienden, el por qué del enojo su madre, es decir por qué el pueblo ya no confió en ellos y los castigó perdiendo las elecciones, cuando en su ingenuidad pueden demostrar que hicieron el esfuerzo, recibieron el pedido y fueron a comprar lo necesario, pero si no se pudo y se hizo otra cosa, bueno ya no es culpa de ellos, siempre es de otros.

Los concertacionistas que lean este relato dirán que no es culpa de Pepito, hay que culpar al dueño del negocio que no tuvo tomates e “impidió maliciosamente” que Pepito cumpliera y festejaran al niño por su imaginación y lo felicitaran porque cumplió “en parte” su cometido y ya están esperando la próxima vez que se les entregue dinero para comprar porque, claro, tanto tiempo comprando que no hay nadie que sepa hacerlo mejor que Pepito, quien al igual que ellos, supieron hacer el esfuerzo y entregar “el vuelto”.

No olvide que cuatro años no son nada, pasan volando, especialmente para los que en estos 20 años se han aprovisionado de los chocolates necesarios para aguantar la cesantía. El resto de los mortales seguiremos igual, pero con la diferencia de que con 20 años con tanto Pepito circulando por los negocios comprando chocolates y entregando sólo el vuelto, ya estamos entrenados para reconocerlos y ser oposición.

Felipe Olaechea
Escritor y documentalista

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