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Incertidumbre sobre La Nación

Columna de opinión por Ignacio González
Lunes 15 de marzo 2010 3:31 hrs.


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Afortunadamente, hasta el momento –transcurrida menos de una semana del nuevo gobierno- no se han cumplido las amenazas de Sebastián Piñera de cerrar el diario La Nación.

El periodista Fernando Paulsen le preguntó en radio ADN, el 15 de Mayo de 2009, a quién nombraría a cargo de ese matutino si ganaba la elección presidencial. Piñera respondió: “No. No voy a nombrar a nadie en el diario La Nación porque yo tengo la firme convicción  que lo mejor para Chile es cerrar el diario La Nación. No tiene por qué el Estado de Chile con los recursos de todos los chilenos tener un medio que no respeta el pluralismo (…). Ese diario no le hace bien a Chile. (…) Salvo que creáramos un estatuto como el que rige a TVN que es una televisión pública, pero no gubernamental, que tiene representación de todos los sectores. Pero yo creo que el diario La Nación no tiene ninguna razón de ser(…)”.

La fórmula de salvación (“estatuto”) aludida de manera tan hipotética y colateral por el actual Presidente, esto es, transformar al matutino en un medio público, es sin duda alguna el camino conveniente para el país. Ello por razones superiores, que tienen que ver con la calidad de nuestra democracia.

La realidad nos muestra, crudamente, que en materia de prensa escrita el actual gobierno tiene el poder total. Las dos únicas cadenas periodísticas nacionales que existen se han dedicado en estos días a demostrar que Piñera lo está haciendo mejor que Bachelet. Sus medios han producido sus habituales encuestas (muy parecidas, por el momento en que se hacen y la intención, a sus sondeos de la época electoral), esta vez encaminadas a evidenciar que la gente confía tanto o más en Piñera que en Bachelet como gobernante. En cualquier momento pueden publicar un sondeo telefónico que afirme que Piñera y su esposa tienen tanta o mayor calidez y empatía que Michelle. Hasta hay plumas que se han transformado en virtuales escritores de la corte, adelantándonos cuál es el extraordinario Piñera que se nos va a revelar durante un mandato signado por el mega terremoto.

Por fortuna, si hay ciudadanos que están descontentos con esos enfoques que no los representan, en materia de televisión pueden confiar en que TVN, en esencia, les entregará garantías de un piso de mínima objetividad. En el campo radial, existen varias emisoras que no están en el bolsillo de la derecha (entre ellas, radios Universidad de Chile y Cooperativa) y que entregan una información no influenciada por el actual régimen.

La eventual transformación de La Nación en un medio que se rija por un estatuto que garantice el pluralismo de su línea editorial permitiría garantizar la existencia de un ente regulador que impida o debilite los enfoques sesgados, más o menos sutiles, o más o menos burdos, de la prensa escrita. Quienes deberían propiciar esa medida y, en consecuencia, una ley al respecto, son los partidos políticos, el Parlamento, los propios periodistas –quizá a través de su colegio- y las instituciones más representativas de la ciudadanía.

Hay argumentos para hacerlo. Recordemos lo que era TVN bajo la dictadura de Pinochet, cuando las distorsiones, las mentiras y el endiosamiento de los militares y la derecha plagaban sus espacios. Sin embargo, un acuerdo político concordado bajo el régimen democrático permitió transformarla en un medio de comunicaciones digno, cuya orientación no podría ser fácilmente alterada para transformarlo en vocero gubernativo.

Hay que tener presente un factor fundamental: Piñera siempre se ha distinguido por una especial manera de proceder, sigilosa, pero rápida y relampagueante, que aprovecha mediante un zarpazo las oportunidades políticas y financieras. Ojalá que en este país extremadamente tenso por varias razones nadie del Ejecutivo pretenda pasarse de listo, pues las relaciones están demasiado frágiles y podría producirse alguna reacción que dificulte seriamente el entendimiento político.

Por el bien de Chile debemos esperar que no haya una nueva inclinación en la balanza informativa que haga aún más notorio el predominio de la derecha. La comunidad debe luchar para que La Nación siga viviendo con una existencia normada que garantice a todos la entrega de una información respetable. Un punto importante de nuestra democracia debería ser que los cambios de regímenes políticos no impliquen disminuir en lo más mínimo el nivel del pluralismo informativo.

Ignacio González C. es ex director de La Nación y ex presidente del Colegio de Periodistas

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.