Diario y Radio Universidad Chile

Año XIV, 28 de mayo de 2022

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Terremoto y formación médica

Columna de opinión por Antonio Infante
Miércoles 24 de marzo 2010 18:33 hrs.



Anteriormente me he referido a la oportunidad que abre el terremoto para hacer cambios profundos en la atención de salud chilena, privilegiando lo preventivo, mejorando la atención municipal y solucionando la mayoría de los problemas sin necesidad de hospitalización.
Todo eso se hace ya con mucho éxito en el mundo desarrollado.

Pero también hay otra oportunidad de innovación que ofrece la catástrofe: la formación de los profesionales de salud.

Ha sido llamativo el compromiso solidario de los jóvenes en la tragedia. Han concurrido masivamente a los distintos lugares siniestrados aportando entusiasmo, capacidad de trabajo y compromiso. Muchos de ellos han sido estudiantes de carreras de la salud: medicina, enfermería, odontología, psicología, entre otras.

Los jóvenes han descubierto la utilidad de sus conocimientos. Aunque fueran sólo de primeros años han podido promover medidas básicas de salud pública como el lavado de manos y el uso de agua hervida; han realizado algunas curaciones y han confirmado la importancia del soporte emocional para superar o sobrellevar la crisis. Esto lo han hecho en equipo, cada uno en su rol.

Los estudiantes han constatado en terreno que los problemas de salud tienen su origen tanto en factores sociales como la ausencia de vivienda, el frío, la falta de agua y las malas condiciones de saneamiento. Factores emocionales por el susto, la desaparición de seres queridos, la pérdida de fuentes de trabajo y que muchas veces las enfermedades tienen su origen en algunas de esas variables. Han visto también que cuando existen redes comunitarias las personas se sienten protegidas y enfrentan mejor la tragedia.

Para muchos estudiantes todo lo anterior ha sido novedad, han tenido que salir de las salas de clase o de los laboratorios. Han compartido con compañeros de generación y con ellos han podido analizar la realidad, entenderla mejor para buscar soluciones más adecuadas.

Esta experiencia para muchos de ellos será inolvidable, habrá contribuido en su formación profesional, habrá ampliado su mirada y su perspectiva laboral.

Por qué tiene que haber un terremoto o una catástrofe para que los estudiantes tengan que salir al mundo y encontrar allí espacios de formación tan diferentes a la docencia tradicional. Por qué no incorporar el contacto con la realidad, con los más necesitados, con los compañeros de otras carreras a la actividad académica regular.

Es cierto que es más exigente y que las clases frente a un pizarrón o un microscopio son más fáciles y ya están preparadas. Pero no despiertan y aprovechan el entusiasmo juvenil, aplanan más que desarrollan, uniforman más que diversifican.

La reconstrucción es una oportunidad también para replantear la formación de nuestros profesionales de salud. De la experiencia que han vivido los estudiantes en las tareas solidarias se puede obtener valiosas enseñanzas que contribuyan a una vida académica más plena, variada y comprometida. De allí saldrán profesionales distintos, más conectados con el país real y sus necesidades.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.