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Muerte, poder y negocios

Columna de opinión por Hugo Mery
Viernes 16 de abril 2010 18:05 hrs.


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Este es un elemento concreto para el distanciamiento entre dos regímenes que por sus respectivas naturalezas están condenados a la fricción entre ellos. El solo hecho que el Presidente Piñera -incluso antes de asumir- haya rechazado la persecución política en la isla y condicionado su apoyo a la reelección de Insulza en la OEA a una actitud más proactiva en la materia, resulta intolerable para el Presidente Raúl Castro, por lo que tiene de injerencia en los asuntos internos cubanos.

Ahora el gobierno chileno se mete en un proceso de la Fiscalía la isla, que dispuso auditorías; tres interrogatorios y el arraigo del ingeniero Baudrand, y la detención de tres de sus colaboradores. Si todo esto le parece mal a La Habana, con esta actitud no hace sino aumentar la tensión no sólo con Piñera. Las persecuciones por delitos de opinión hace tiempo que constituyen violaciones a los DDHH impugnables universalmente. Y un Estado tiene la obligación de interesarse por la suerte de un connacional en territorio extranjero. Esto no debe confundirse necesariamente con la defensa de intereses e inversiones, como lo hace, por ejemplo, EEUU para intervenir incluso militarmente, aunque no puede descartarse la motivación económica de parte de la cancillería chilena.

El solo hecho que, a estas alturas, haya que repetir estas puntualizaciones habla mal de un régimen que esgrime tal clase de argumentos. Peor aún, tiende un manto de opacidad sobre una muerte alarmante. El ejecutivo de la empresa de Marambio pudo morir efectivamente de un infarto o de insuficiencia respiratoria, pero debe esclarecerse fehacientemente si hubo suicidio o intervención de terceros. No porque el gobierno de Piñera sea de derecha o que el mismo Baudrand no tuviera simpatías por la Revolución ni porque los negocios de su empleador fuesen turbios va a dejarse de exigir justicia en el caso. El secretismo o la insuficiencia de información característica de los regímenes socialistas históricos se convierte, una vez más, en un elemento que ninguna mente libre puede aceptar.

Para una reversión de esta tendencia juegan, cada vez más, un rol los partidos social demócratas y de izquierda, los que –a pesar de la resistencia que les causa el activismo de demócratas cristianos y derechistas en contra de Cuba- sienten que los ideales épicos de la Revolución que conmovió a América Latina en los años ’60 tienden a eclipsarse por la acción de un Estado inconmovible.

En el caso de Chile, un factor nuevo en este proceso puede ser una eventual ruptura del ex guerrillero Max Marambio, ahora eminencia gris y financiera del liberalismo meísta, con un régimen que está investigando sus negocios, para establecer si hubo irregularidades y violaciones a las leyes económicas (se trataría de sobreprecios y fraudes, según trascendidos).

Un comunicado oficial cubano menciona este último punto, implicando, además a un elusivo “grupo de directivos chilenos”. El documento preanunció la respuesta requerida por Santiago, asociando la muerte por “insuficiencia respiratoria aguda” de Roberto Baudrand a “la presencia de fármacos en el contenido gástrico del fallecido, combinada con una concentración de alcohol etílico en la sangre”.

Aunque finalmente se guardaron las formas diplomáticas, la repatriación de los restos del ejecutivo dará lugar, probablemente, a una segunda autopsia por los servicios chilenos y su resultado determinará como se cerrará esta parte de una historia con componentes de intriga financiera y pasión política.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.