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Antonio Infante

Salud Pública y conflictos de interés

Antonio Infante | Miércoles 9 de junio 2010 16:39 hrs.


En días pasados comentaba la importancia que tiene resguardar el prestigio y credibilidad en las medidas de salud pública que recomienda el ministerio de Salud. Hacía este comentario a raíz de las dudas que se han levantado en torno a la vacuna contra la AH1N1.
Una reciente editorial del prestigioso British Medical Journal da cuenta de una investigación realizada por esa revista con una oficina de investigación periodística en que queda demostrado el contacto remunerado que tenían con la industria farmacéutica algunos miembros del comité asesor de la OMS para la pandemia. La revista le pide a la OMS que haga público los conflictos de interés de todos los miembros de sus distintos comités asesores.

Algo semejante tiene que hacerse en Chile. El ministro Mañalich tiene que extremar los cuidados para que el ministerio de Salud siga siendo creíble.

Estamos en presencia de una industria farmacéutica agresiva, con criterios éticos discutibles, que recurre al lobby con autoridades; que contrata a médicos famosos para que firmen artículos científicos escritos por la propia industria; que presiona para que se autoricen medicamentos con poca evidencia terapéutica; que promueve entre los médicos privados y en las revistas ABC1 vacunas caras y de efectividad también discutible.
Su objetivo final, incorporarlas a los calendarios de vacuna de la salud pública. ¿Por qué si están disponibles para los ricos no lo están para el resto de la población?

Esa pregunta la trasladan a los comités asesores los profesionales vinculados a la industria y lo hacen como una pregunta inocente. Sin embargo, detrás de esa pregunta hay un profesional pagado por los laboratorios y muchas veces la autoridad lo ignora.

Esa es la importancia de transparentar los intereses de cada uno de los integrantes de esos grupos asesores y en lo posible debería evitarse que profesionales vinculados a la industria farmacéutica ocuparan esos lugares.

Afortunadamente la comunidad científica chilena es pequeña y se conoce la trayectoria y vínculo de los distintos profesionales, pero eso no basta. Siempre aparecen lobos con piel de oveja.

Se requieren medidas explícitas. El ministerio de Salud debe publicar en su página web quiénes son los miembros de sus diferentes comités asesores y con ello abrir la posibilidad de investigar posibles conflictos de interés si ellos no los han declarado oportunamente.
No hay que escatimar esfuerzos para mantener la credibilidad en el ministerio de Salud, particularmente en un gobierno tan vinculado a los empresarios.

El contenido vertido en esta Columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Diario y Radio Universidad de Chile.