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Ejército de subcontratistas toma el relevo en Irak

Columna de opinión por Fuad Rumié
Viernes 20 de agosto 2010 12:55 hrs.


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El pleno cumplimiento del retiro programado de las tropas de combate de EEUU en Irak, que deberá completarse a fines de este mes, dejará, sin embargo, 50 mil asesores militares en ese asolado país.

La figura del asesor con uniforme es muy representativa para la generación que vivió la guerra de Vietnam en los años `60, pues con esa imagen se inició la intervención militar estadounidense en Indochina, para luego ser reemplazada por la del marine invadiendo en helicópteros selva y poblados, con hombres resistiendo y niños, mujeres y ancianos huyendo de las balas y el napalm.

Pero no necesariamente las tropas “de seguridad” que se quedan hasta fines del próximo año preludiarán un regreso en masa del US Army. Lo que viene es más bien una prueba del pingüe negociado que las guerras puede significar para la empresa privada.

Lo documentó Naomi Klein en su libro de 2007 “La doctrina del shock”, al mostrar a las poblaciones civiles sometidas al conglomerado industrial, comercial y gubernamental, para el que los embates naturales, las guerras y la inseguridad del ciudadano son el combustible del auge del capitalismo del desastre.

En el caso de la “postguerra” iraquí, la oportunidad de grandes negocios será para las compañías subcontratistas de  seguridad, las que más que duplicarán el número actual de agentes privados.  Según informa The New York Times, este verdadero Ejército de funcionarios subcontratados tendrá como misión principal garantizar la integridad de los cinco complejos diplomáticos de EEUU en suelo iraquí, “previniendo ataques mediante el uso de radares, detectar artefactos explosivos, realizar vuelos de reconocimiento con aviones no tripulados e incluso formar equipos de acción rápida para ayudar a civiles en peligro”. Todo esto sin considerar la protección de las instalaciones petrolíferas de las compañías trasnacionales que operan en los campos subastados por televisión hace 14 meses.

Además, el Departamento de Estado asumirá en octubre del próximo año la responsabilidad de entrenar a la policía nacional, una labor que será ejecutada principalmente por subcontratistas.

Los negocios en un escenario de devastación abren paso también a la corrupción y el desorden, y así ocurrió con la invasión decidida por Washington hace siete años y medio. Un organismo auditor en Estados Unidos criticó –el martes último- al ejército de su país por no dar cuenta del 96 % de los aproximadamente 9 mil millones de dólares destinados a la reconstrucción de Irak, y que provenían en gran parte de las utilidades de la venta de petróleo y gas iraquí y de los bienes del ejecutado Saddam Hussein.

El resultado de la aventura de los halcones de Bush no puede ser, entonces, más desastroso. A los cien mil iraquíes y 4 mil 419 militares estadounidenses muertos, habría que agregar que las armas de destrucción masiva que justificaron la intervención no existían y que Al Qaeda sigue marcando presencia.

Se torturó en la cárcel de Abu Dabi y se desencadenó la sangrienta batalla de Faluya en 2004 para que, al final, la guerra más cara para EEUU deje en Oriente Medio un país con 60% de desempleo y sin gobierno, porque los distintos partidos –en los que resuenan las tensiones sectarias- no son capaces, desde marzo, de ponerse de acuerdo para formar uno en el tercer punto del mundo con las mayores reservas petroleras confirmadas.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.