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¿Educación en beneficio de quién?


Martes 23 de noviembre 2010 16:19 hrs.


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La nueva medida anunciada por el ministro Lavín para mejorar la calidad de la educación en nuestro país, que consiste en aumentar las horas de Lenguaje y Matemáticas en el currículum escolar, es un reflejo más de cuán limitada es la concepción de educación que este gobierno se ha encargado de impulsar.

Al Ministerio de Educación no le ha bastado con reforzar sistemáticamente la competencia en el sistema escolar y con ello profundizar la segregación que hace años acusa (baste recordar los mapas con semáforos SIMCE estrenados este año), sino que también se empeña en fragmentar cada vez más los ya limitados saberes a los que acceden nuestros niños, niñas y jóvenes en las escuelas. Si la competencia por el SIMCE ya ha generado una dedicación obsesiva por el entrenamiento para rendir dicha prueba en desmedro de otros saberes valiosos, el aumento de horas para Lenguaje y Matemáticas no hace sino consolidar la idea de que el desarrollo cognitivo sólo puede lograrse a partir de estos sectores de aprendizaje.

Esta última idea la enfatizó el ministro cuando señaló que “lenguaje y matemática son la esencia y base de la educación, y la verdad es que es difícil que nuestros estudiantes puedan avanzar rápido en los otros ramos si no tienen una buena base en lenguaje y matemática” (Fuente: Mineduc).  Esta mirada utilitarista de estos sectores de aprendizaje refuerzan la idea de que son importantes en tanto son “útiles”, son un medio para lograr otras cosas, como si no fueran importantes como un fin en sí mismos, o peor aún, como si desde los otros saberes no pudiera llevarse a cabo un desarrollo cognitivo o de otra índole.

Lo lamentable de todo esto es que se impone la idea de que la educación no es el proceso que permite a las futuras generaciones a pensar e intervenir en su mundo, sino que es un medio para defenderse en la sociedad que ya tenemos, adaptarse a lo que hay, dejando fuera de discusión la posibilidad de cambiar el orden actual de las cosas.  En este sentido, el secretario general de la UDI, Víctor Pérez, defendió la propuesta del ministro Lavín señalando que “Justamente lo que Chile necesita son emprendedores y si el aumento de horas en matemática y lenguaje ayuda eso, estamos muy bien encaminados” (Fuente: El Mostrador, 18/11/10). El punto es, ¿quién decide qué es lo que necesita Chile? ¿Sólo la clase política dominante tiene derecho a pensarnos como país? ¿Por qué para formular esta política no se consideran las aspiraciones sobre el futuro de nuestro país de los sectores de la sociedad destinatarios de esta política? No sólo se ignoró a profesores, padres y apoderados y estudiantes…con esta imposición la clase dirigente vuelve a ignorar nada menos que a todo el país.

Al que le quede alguna duda sobre si lo que necesita Chile son emprendedores o algo más, observemos rápidamente nuestra sociedad actual: injusticia social, aumento sostenido de la pobreza y disminución generalizada de la calidad de vida de la población, violencia, deterioro medioambiental progresivo, deterioro de la calidad de los trabajos…por citar sólo algunas de las tensiones y problemáticas actuales. La situación social y medioambiental de nuestro país exige un tratamiento integral de los problemas que nos aquejan. Y ello requiere, sin duda, que las futuras generaciones tengan una mirada amplia e integral del mundo, y no fragmentada y limitada sólo a un campo de saberes “útiles” para ser emprendedores. Revirtamos este sinsentido de clasificar los saberes escolares, restar sistemáticamente la importancia de otros, y en suma, limitar la comprensión que las personas tienen del mundo.

Si tenemos el mundo que tenemos, con los problemas que nos aquejan, es porque al parecer no hemos tomado las decisiones adecuadas para encauzarlo en un sentido que nos haga bien a todos y todas. Y tomar decisiones correctas requiere ineludiblemente el aprender a comprender nuestro entorno y reflexionar. Requiere preparar a las futuras generaciones para que lo hagan mejor de cómo lo hemos hecho nosotros. Esto no lo lograremos con un currículum escolar que fragmenta los saberes y además los distribuye desigualmente en lo que a horas por asignatura se refiere, limitando la mirada de mundo de los niños, niñas y jóvenes sólo a la dimensión económica de la sociedad. No lo lograremos restando importancia a idiomas extranjeros distintos al Inglés, disminuyendo horas de Filosofía y de Artes, y ahora, con la última medida impuesta, de Historia.  Lo lograremos en la medida que entendamos que necesitamos aprender a construir una comprensión integral de los problemas que nos aquejan.

*Magíster en Educación  mención Currículum Educacional
Académica Facultad de Educación Universidad Alberto Hurtado