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Antonio Infante

Papa y Condón: ¿Quién paga la cuenta?

Antonio Infante | Miércoles 24 de noviembre 2010 18:18 hrs.


En días pasados el Papa estremeció al mundo conservador señalando que usar el condón era una señal de responsabilidad para evitar la propagación del SIDA. Ese anuncio se enmarca dentro de varias iniciativas de lavado de imagen por los numerosos casos de pedofilia entre miembros del clero, algunos de ellos connotados como el caso Karadima en Chile.

Lavado de imagen, o lo que sea, estas declaraciones del Papa traen a la memoria la actitud prepotente con que se enfrentaban a las campañas del SIDA los directivos de los canales de televisión MEGA y 13. Recuerdo al médico, y en ese entonces rector de la Universidad Católica, en una intervención televisada señalando que no había pruebas del rol protector del condón para los casos de relaciones sexuales inseguras.

¿Cuánta gente habrá dejado de protegerse adecuadamente por estas campañas fanáticas de desinformación? ¿Se hará cargo la Iglesia Católica del daño que le hizo a la salud pública mundial?

Creo que las organizaciones sociales vinculadas al VIH deberían emprender acciones legales contra la Iglesia por el daño causado. No puede ser que líderes espirituales cambien de opinión, por las razones que sea y bienvenido que así lo hagan, sin asumir las consecuencias.

En unos años más veremos al Papa señalando que la píldora del día después se probó que no era abortiva y tiene un uso justificado cuándo no existen las condiciones para constituir una familia o asumir la maternidad.

Las declaraciones del Papa y las consecuencias de la postura anterior de la Iglesia Católica deben enseñarnos que es esencial separar las políticas públicas de las creencias religiosas y que será el ciudadano o ciudadana quién decidirá voluntariamente qué hacer frente a los numerosos problemas de la vida cotidiana.

En salud hemos sufrido mucho estas interferencias, desde que se excomulgaba a las mujeres que usaban anestesia en el parto porque había que parir con dolor hasta estas arremetidas últimas con el condón y la píldora del día después.

Las autoridades actuales, muchas de las cuales tienen cercanías o vínculos con el mundo integrista católico, deberán ser particularmente cuidadosas para no contaminar las decisiones que afectan a todo el país con sus creencias personales. No vaya a ser que después el Papa les diga que estaban equivocados.

El contenido vertido en esta Columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Diario y Radio Universidad de Chile.