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Año XVI, 23 de mayo de 2024


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El método Coué


Miércoles 1 de diciembre 2010 10:42 hrs.


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Y esta vaina del desorden monetario, ¿Cuándo se ordena? ¿Cuándo regresamos al equilibrio de los equilibrios, esa panacea de la teoría económica de la que usan y abusan los culpables del burdel ambiente? ¿Cuándo?

La crisis quedó atrás, se ven brotes verdes, la reactivación está a la vista, los mercados recuperan la confianza, el dinamismo de las Bolsas está de regreso, la inversión florece…” Todas esas boludeces las conoces de memoria a fuerza de verlas en los titulares de la prensa controlada por los beneficiarios del desorden. Pero el desastre continúa. El Director del FMI va a París y logra la hazaña de hablar de la crisis sin mencionar a los EEUU. Luego, acompañado de un par de regentes de la UE y el BCE, va a Dublín a imponer una ayuda que el gobierno irlandés no quería pedir. Y con razón: gracias a la “ayuda” ese gobierno desapareció. Tuvo que dimitir. Una vez el “rescate” asegurado, los mercados se tranquilizaron 24 horas. Antes de recomenzar la especulación desenfrenada, atacando esta vez a Portugal. Y a España.

Hace una semana algunos responsables políticos portugueses me decían: “Nosotros somos el último dique”. ¿Por qué?, pregunté. “Porque somos el último país pequeño. Luego vienen los grandes: la especulación no se va a parar”. Así fue. Si cae España, o dicho de otro modo, si el FMI y la UE “socorren” a España, tendrán que recomenzar con Italia. En ese momento ya quedará muy poco o nada de la Unión Europea tal como ha sido concebida hasta ahora. Y muy poco de soberanía en cada uno de los países. Hay quien asegura que el euro estará muerto.

Elena Salgado, vicepresidenta económica del gobierno español, confiesa su resignación y emplea el método Coué que consiste mayormente en auto convencerse de que todo va bien. “La especulación existe y tenemos que aprender a vivir con ella”, declara. En cristiano eso quiere decir: “Los gobiernos elegidos democráticamente por nuestros respectivos pueblos debemos arrodillarnos ante los forajidos de la comunidad financiera”. Los gobiernos son impotentes para defenderse de los especuladores alimentados por los bancos centrales creados por esos mismos gobiernos. Bancos centrales que emiten una moneda que, en manos de los especuladores, sirve para someter a los gobiernos que crearon los bancos centrales.

Elena Salgado toma sus deseos por la realidad y asegura que “los ataques de los mercados no son contra España, sino contra el euro”, como si el euro no fuese precisamente una creación de los gobiernos de la zona euro, entre ellos el español. En una espiral de tontera inducida Salgado manifiesta que los mercados financieros también han de “mejorar su regulación“. De rodillas ante las consecuencias de una crisis planetaria provocada por los mercados auto-regulados Salgado invoca la auto-regulación de los mercados.

El método Coué la lleva a soñar: “la prioridad del BCE era la estabilidad de la divisa únicadice,  y se muestra convencida “de que la autoridad monetaria hará cuanto esté en su mano para evitar desestabilizaciones en la zona”. Si el BCE supiera qué hacer ya lo habría hecho. Y si sabe y no lo hace… es porque es impotente. O incompetente. Porque la desestabilización ya está aquí Elena. Hace ya un largo rato.

La UE creó una suerte de FMI-bis, un fondo de estabilización de 440 mil millones de euros a los que conviene agregar otros 250 mil millones disponibles en el FMI. Solo Grecia, Irlanda y Portugal consumirían el 50% de esa bella suma. Con España e Italia en la sala de espera… habría que buscar más plata. ¿Para qué? Para que según Elena salgado “aprendamos a vivir con la especulación” que enriquece a los especuladores.

No se le ocurre que la dimensión de la catástrofe exige medidas de envergadura. Y partiendo, el control de los mercados y los flujos financieros, la nacionalización de la banca, el control del BCE y la modificación de sus estatutos para que pueda hacer lo que hace la FED en los EEUU: comprar la deuda soberana liberando así las  finanzas de los países miembros de una carga financiera imposible de solventar.

La existencia misma de la zona euro, de la UE, y de la divisa única están en juego. A estas alturas el método Coué no cura ni siquiera en los límites del efecto placebo.