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Economía e institucionalidad

Columna de opinión por Roberto Meza
Jueves 22 de septiembre 2011 13:27 hrs.


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En economía suele ocurrir que malas noticias para unos sean buenas para otros. Se trata de un sistema autorregulado –en lo sustantivo- donde el movimiento de una pieza implica el del resto de la estructura, cuando sus principales variables se dejan fluir con libertad y según reglas del juego conocidas y aceptadas por los agentes. Es, por lo demás, lo que la hace relativamente previsible y permite a las personas realizar sus actividades con ciertos niveles de certidumbre. En Chile, por ejemplo, casi todos saben que, por lo general, cuando el precio del cobre cae, sube el tipo de cambio, o que cuando sube la tasa de interés, cae la demanda por créditos.

Ayer el tipo de cambio superó la barrera de los $500: una buena noticia para los exportadores, pero mala para el Fisco, pues dicha alza corresponde a una fuerte caída del valor del cobre, el que, desde 4,3 dólares la libra ha bajado a 3,7 dólares. Si se considera que por cada centavo de dólar de oscilación, el Estado gana o pierde unos US$ 60 millones en ingresos, la mengua es considerable.

Esta alza del dólar es también mala noticia para los importadores, cuyas ventas han estado en muy buen pie. El mayor tipo de cambio afectará la actividad, reduciendo sus márgenes o con menos ventas. Se comienza, pues, a terminar la temporada de autos y plasmas baratos. También eventualmente, para comprar petróleo, con todo su impacto en transporte y energía, aunque la menor actividad económica debería mantener bajos los precios de todos los commoditties, incluido el crudo, que desde más de US$100 ha caído bajo 86.

A mayor abundamiento, el Ministro Larraín ha informado que la Comisión de Expertos que prevé el valor del cobre para efectos presupuestarios 2012, lo situó en 3,02 dólares la libra. Es decir, los especialistas esperan que el metal rojo se hunda aún más en los próximos meses, probablemente por la menor demanda que provendrá de la baja actividad o eventual recesión mundial hacia la que avanzamos o ya estamos.

El menor dinamismo reducirá precios y volúmenes de las exportaciones, lo que implica recibir menos dólares. Pero como la actividad importadora no se detendrá, pues este año Chile crecerá del orden del 6,5% y el próximo, aún en ralentí, el 4,9%, la tendencia alcista del dólar podría ser persistente, aunque también dependiendo del ingreso de dólares por inversiones extranjeras productivas o financieras. Así, no obstante la crisis, la moneda norteamericana sigue siendo “el” medio de intercambio comercial mundial, constituyéndose en refugio seguro y líquido; lo que muestra, a su vez, el factor no previsible de la economía: la volatilidad de las confianzas.

Diversos analistas estiman que la crisis del 2008-2009 ha significado pérdidas de valor por sobre 16 millones de millones de dólares en los países desarrollados. Asimismo, que en la actualidad estaría circulando en el mundo una cantidad de billetes dólar que superaría varias veces su sana correlación con la producción de bienes y servicios, razón por la que está devaluado respecto de otras monedas. Pero los inversionistas siguen prefiriendo el dólar, en la medida que representa un medio de pago avalado por la principal potencia, y con el que se puede comprar en cualquier parte del mundo. Por lo demás, Estados Unidos sigue siendo una de las plazas favoritas para la inversión, a pesar de su deuda externa equivalente al 100% de su PIB.

Un reciente estudio europeo indica que esta preferencia no se explica porque EE.UU. sea un lugar de menores costos, mayor ganancia o incentivos tributarios a la inversión, sino por su estabilidad institucional y respeto a los derechos de los inversionistas. Y si algo explica la buena evaluación de nuestra propia economía es lo mismo. En efecto, el Banco Mundial ha dicho recientemente que Chile emerge como una plaza de inversión incluso más segura que Francia. Bien decían los ingleses que el capital ataca huyendo.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.