Diario y Radio Universidad Chile

Año XVI, 17 de abril de 2024


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Indignada con la televisión abierta

Columna de opinión por Vivian Lavín A.
Domingo 16 de octubre 2011 10:29 hrs.


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Que a estas alturas del siglo XXI tengamos que ponernos de acuerdo sobre cuál puede ser considerado como un programa cultural de televisión y cuál no, es una distinción que ofende a la inteligencia y al sentido común. Sin embargo, algunos canales chilenos han tenido la tupé de desafiar al Consejo Nacional de Televisión (CNTV) para que sea claro a la hora de aplicar la ley y así cumplir con la hora de exhibición semanal de programación cultural a la que están obligados.

Y es que la televisión chilena está sujeta a una imposición legal de programar al menos, una hora de cultura a la semana  en un horario de alta audiencia. Pero  como si fuera un verdadero castigo, los canales optan por torcerle la nariz al máximo a esta obligación y presentan al ente regulador programas del tipo Mamá a los 15 (TVN) o Talento chileno (CHV) en la lógica del “por si pasa”, porque no se puede entender que los ejecutivos de estos canales esgriman que corresponde a televisión cultural en el más amplio sentido de la palabra, pero en un sentido tan inmensamente amplio que si así fuera aceptado, todo el quehacer televisivo, desde El Tiempo hasta Los Simpsons pasando por toda la tanda publicitaria, debiera ser considerado como “cultural”, si se aceptan como una creación realizada por el hombre.

Pero no estamos para payasadas.  Y no se entienda con esto que lo cultural sólo acepta programas de voces engoladas, rostros taciturnos y ritmo somnoliento, porque ese cliché ya quedó atrás, y que para ello no sólo hay que mirar la televisión cultural europea como se hacía antaño, sino que a muchos programas chilenos de estupenda factura y mejor contenido que han pasado por las pantallas nacionales desde hace décadas.

Recordemos El show de los libros, Mirador, Patiperros… Simplemente no se comprende que los ejecutivos que manejan los hilos de la televisión abierta chilena, todos hijos de la educación universitaria de calidad, que han viajado no sólo de vacaciones sino que también con fines laborales a Europa o Estados Unidos, y que si no, al menos cuentan con conexión de banda ancha en sus propios hogares para observar y hacerse una idea de lo que pasa en otros países en el ámbito televisivo, crean que nos vamos a creer sus argumentos. Esto no significa desprestigiar a estos programas que involucran esfuerzo y creatividad, simplemente que no podemos darles la calidad de “culturales”, que es a lo que apunta el espíritu de la ley que pretende ser burlado.

Y es que hacer televisión hoy es una cuestión que pareciera alejarse cada vez más del sentido común y del pudor mínimo. Como cuando el programa que busca talentos artísticos infantiles de Chilevisión llamado Superestrellas, sea exhibido pasadas las once de la noche de un día lunes, cuando es obvio que la audiencia cautiva del programa serán todos los compañeritos, familiares y amigos de los mismos niños y adolescentes que participan, y que sin embargo, tuvieron que esperar a que terminara una teleserie como La Doña, cuyos contenidos claramente no son para menores para mirarlos.

Algunos canales, en la voz de sus ejecutivos, están molestos con el Consejo Nacional de Televisión porque alegan que estas obligaciones de exhibir al menos una hora de programación cultural a la semana en horario “prime” tiene cierto tufillo autoritario. Sin embargo, a la luz del comportamiento que ellos mismos exhiben, pareciera, por el contrario, ser una exigencia demasiado permisiva, ya que el juicio que han demostrado es tan escaso que parece como si estuvieran atravesando por una suerte de “adolescencia” que requiere de más control y supervisión no sólo del CNTV, sino sobre todo, de la sociedad civil, de los padres y madres que estamos indignados de la ordinariez y frivolidad de sus contenidos que tienen a medio país preocupado del escándalo de la bataclana de turno.

La discusión que se desarrolla en estos momentos en el Senado en torno a la televisión digital apunta en este sentido, y ya fue aprobada en la comisión mixta la indicación impulsada por la Unión de Artistas Nacionales que aumenta, para horror de los ejecutivos de los canales, de una a cuatro horas semanales la programación cultural, y que al menos dos de éstas, correspondan a producciones independientes, de manera de favorecer la industria. Esperamos que cuando la ley ya sea promulgada, los ejecutivos que defienden los intereses de los dueños de los canales hayan recobrado la sensatez y no requieran que se les haga una clase particular para que aprecien los programas que sí tienen un valor cultural en sí mismos.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.