Diario y Radio Universidad Chile

Año XVI, 20 de mayo de 2024


Escritorio

Europa

Crisis greco-latina: No sólo la economía está en juego

La crisis en el país balcánico y la irrupción de Italia en este panorama de presagios político-económico poco halagüeños para el viejo continente ha significado poner en entredicho la hasta ayer inexpugnable fortaleza Europea y constatar que lo primero que se pierde, para los países menos desarrollados, es su soberanía a manos de los “grandes” del viejo continente.

Pablo Jofré Leal

  Martes 15 de noviembre 2011 11:34 hrs. 
crisis-economica-europea

Compartir en

El sector europesimista, fustigador del manejo que se ha hecho de los problemas originados por una Unión Europea, que no ha logrado cuajar la idea de un desarrollo homogéneo, sostenido y estabilizado – principalmente por el menor nivel de desarrollo de aquellos países denominados despectivamente PIGSs (Portugal, Irlanda, Grecia y Spain) se encuentra en la cima del cliché “!ves, se los dije¡.  Ese afán de cuajar una cohesión uniforme ha traído como consecuencia la falsificación de los macrobalances de los países menos desarrollados, la creencia que el camino al desarrollo iba por los espejismos industriales que Europa mostraba al mundo mientras la especulación se enseñoreaba, suscitándose los problemas mayores en aquellas naciones que se ubican en la órbita de la Eurozona, es decir, donde la moneda común es el Euro, generándose la desaparición de sus monedas nacionales.

Los críticos del manejo político y económico de la crisis que sacude  la Eurozona, entre ellos los galardonados Paul Krugman y Joseph Stiglitz (ambos con el Premio Nobel) Ulrich Beck, Joaquín Estefania, entre otros,  sostienen que la injerencia del poder financiero en las decisiones de los gobiernos es lo que ha generado un resquebrajamiento, no sólo de la independencia de estos países, sino también el resurgimiento de reivindicaciones que hablan de recuperar lo “propio” de volver “a sus monedas nacionales” de retornar “a acuerdos que respeten a los países y sus pueblos por sobre el poder del dinero”.  Si esto no tiene un punto de solución, pronto, a la brevedad, no sólo  se seguirán ahogando a las sociedades europeas – y especialmente en los países PIGS y aquellos que han ingresado hace poco tiempo a la Unión Europea, sino que se seguirá generando un debilitamiento de la soberanía de los países, ahogando sus sociedades a través de duros ajustes estructurales y exigencias que suelen favorecer a los grandes grupos financieros, principalmente alemanes y franceses, que son los acreedores mayoritarios de las deudas. Todo esto, sin duda, pone en peligro la continuidad de una creación política y económica que ha costado medio siglo construir.

La crisis en Europa, las renuncias de políticos incapaces de contener y solucionar las demandas sociales y someterse a los grandes grupos de presión, comprueba la profundidad de los problemas que aqueja al modelo neoliberal, como también que los ministros de Hacienda, suelen ser más poderoso que el propio Presidente o Primer Ministro. A lo que se agrega la constatación que la ley general del neoliberalismo a ultranza es una realidad “la globalización, unida a la desregulación financiera, tiende a reforzar el papel económico de los más poderosos” .

Con ello se genera un reajuste de la propiedad y el control del capital financiero, sobre todo entre aquellos grupos ubicados en los centros financieros internacionales que controlan el poder económico en el mundo. La crisis griega, como crónica archirrepetida,  que tuvo su preludio el año 2010, muestra el reparto de los despojos, la pérdida de la soberanía económica y política de estos países sujetos al control de mecanismos de intervención diseñados en las oficinas de los cerebros económicos de países como Alemania, Francia e Inglaterra.   Esto es permitido, avalado e impulsado políticamente por las grandes potencias, ya que la desregulación permite un crecimiento inconmensurable de los activos financieros, que retroalimentan la relación entre clase política y los grupos financieros internacionales generando con ello  el aparente contrasentido, en  que lo político aparece como instrumento de lo económico.

¿Independencia?

Grecia, a partir de la renuncia de su Primer Ministro Yorgos Papandreu, impulsado por una fuerte presión social pero, sobre todo por miembros de su propio partido, el PASOK (de orientación socialista), y las opiniones y acciones de los líderes de Alemania (la Premier Ministro Angela Merkel) y el francés Nicolás Sarkosy, ha comenzado a hacer realidad las exigencias de intervención, impuestas como requisito para liberar los fondos comprometidos en este gigantesco salvataje. Primero, 8 mil millones de euros, que permita a Atenas cumplir el pago de salarios públicos y deudas a corto plazo. En segundo lugar, el cumplir los duros requerimientos autorizará a liberar los otros 130 mil millones de euros comprometidos y dará vía libre para que la banca privada alemana y francesa deje de cobrar la mitad de la deuda griega estimada  en 100 mil millones de euros. Suena paradójico que se condone una parte de la deuda para prestar más dinero pero, sostiene Krugman, la lógica del neoliberalismo opera a la inversa del sentido común y es lo que ha permitido su sobrevivencia y hasta su mutación cuando se requiere.

Este camino obligará a recapitalizar gran parte de la industria financiera europea, claro signo de contagio de la bancarrota de Atenas, en esta especie de remake del “presente griego” que los Aqueos entregaron a Troya, llevando en el vientre de aquel caballo el germen de su propia destrucción. A esa película balcánica se ha sumado la renuncia de Il Cavalieri, el ex Primer Ministro Peninsular, Silvio Berlusconi, que insultado, abucheado y ofendido en su siempre permanente puesta en escena de “ganador sin rival” abandonó con la cola entre las piernas el palacio que ocupó durante doce años. El mapa europeo se ha comenzado a mover en forma que hasta hace pocos meses no habría podido imaginarse tal velocidad.

La influencia alemana en las decisiones políticas y económicas de la Eurozona es indudable y actualiza opiniones que solían acallarse por los grandes consorcios periodísticos internacionales, como la del  ex primer vicepresidente del Banco Mundial y Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, quien sostuvo semanas antes de la salida de Papandreus “las decisiones económicas tomadas no son para rescatar a Grecia y a su pueblo, sino que a la banca Alemana”. Ello explica las duras recriminaciones de la Premier  Angela Merkel al manejo económico y político que se llevaba en Grecia e Italia lo que demuestra la clara conjunción de intereses entre la clase política alemana y los dueños del dinero en la primera potencia europea.

Lo sostenido, a la luz de los acontecimientos no parece nada de raro e incluso lógico, pero había que vivirlo y que hoy tras los sacudones de la crisis queda al descubierto en toda su extensión, sin que ello haga exclamar a los europtimistas que no se podía seguir con teorías de la Conspiración. Se llegó a deslizar la idea una salida de Grecia de la Unión Europea, a pesar de toda la influencia política que tal hecho podría acarrear, pero la incontinencia verbal de algunos líderes suele desbocarse cuando detrás del trono están los banqueros teutones y franceses que no sólo quieren recuperar parte del botín griego, sino que también van hoy por el dinero italiano, la clara conjunción de  que incluso ha deslizado la idea de influir en la salida de Grecia de la Unión Europea. Sumemos entonces que esos bancos alemanes van también en pos de recuperar el dinero italiano y la mesa de la crisis está servida.

Para el analista peninsular Vicens Navarro, parte importante de la responsabilidad por la crisis en la Eurozona es del  Banco Central Europeo. “El fin del mandato del ex presidente del BCE,  Jean Claude Trichet  y el análisis de su gestión no debe obviar, que ha sido el impulsor más influyente de las políticas de austeridad, con su enormes recortes de gasto público, incluido gasto público social, así como de las reducciones de salarios y derechos laborales y sociales en los países de la Eurozona. Las decisiones del BCE bajo Trichet, junto a la troika conformada por la Comisión Europea y el FMI han contribuido a la gran recesión en Europa”.

Esa Troika tiene la sombra de un influyente grupo de personalidades, que en opinión del periodista del diario The Guardian de Inglaterra Larry Elliots “han hecho retroceder el reloj democrático en Europa”. Este grupo, que opera a la luz y sombra de los grandes poderes políticos y financieros del mundo es denominado: Grupo Frankfurt, conformado por la Premier alemana Angela Merkel, la Directora General del FMI Christine Lagarde, el Primer Ministro francés Nicolás Sarkosy, el nuevo presidente del BCE, Mario Draghi – que reemplazo al criticado Trichet José Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea, el Premier luxemburgués y Presidente del Eurogroup, Jean Claude Juncker, Herman van Rompuy, Presidente del Consejo Europeo y Olli Rehn, Comisario de Asuntos Económicos de la Unión Europea.

Para el economista y Premio Nobel de la especialidad Paul Krugman, parte de las soluciones para la crisis que vive Grecia y a la cual se pueden sumar Italia y España es aprender de la lección de Islandia. “Mientras que los demás rescataron a los banqueros e hicieron a la gente pagar el precio, Islandia dejó que los bancos quebraran, sin garantizar su deuda externa, expandiendo su red de protección social, imponiendo controles temporales a los movimientos de capital. La recuperación económica de Islandia demuestra las ventajas de estar fuera del euro”, sostuvo Krugman.

En Islandia tras la decisión el gobierno de no apoyar a los bancos y más bien tomar medida en beneficio de la población en lugar de las elites financieras ha sido una conducta a contrapelo de los grandes poderes europeos. Allí se hizo dimitir a un gobierno completo, se nacionalizaron los bancos, se decidió no pagar la deuda que estas instituciones habían contraído – vía especulativa – con bancos británicos y holandeses, principalmente, y se conformó una asamblea popular para reescribir su Constitución y todo ello, en forma pacífica a punta de cacerolazos, gritos y certeros lanzamientos de huevos al rostro de aquellos que se joden a sus pueblos.

A diferencia de Islandia, los gobiernos de Atenas y Roma  no están en esa posición y la crisis política generada por la dimisión de Yorgos Papandreu, el llamado a elecciones para el 19 de febrero del año 2012, la salida de Berlusconi,  son la prueba palpable que el país balcánico y bota italiana  van por un camino inverso al de la pequeña isla, que con las medidas tomadas está creciendo a un 3% anual y aumentando su tasa directriz de interés. La toma de posesión de Lucas Papademos en Grecia y la salida de Il Cavalieri con la llegada de Mario Monti como Primer Ministro en Italia, son  muestra del triunfo de los tecnócratas y los  partidarios de una Europa unida pero, paradojalmente, bajo los dictámenes de Berlín y Paris

En Italia, los días de Berlusconi llegaron a su fin, aunque se especula que será aún el poder en la sombra vista la red de corrupción, manejos turbios y redes de apoyo tejidas a lo largo de más de una década. Sólo los avatares económicos, al estilo Al Capone, lograron la salida de este hombre acusado de corrupción política y de menores. Sus propios socios, como el líder de la Lega Nord Umberto Bossi consideraron que su presencia obstaculizaba la continuidad del modelo al no tener  garantizada la aplicación de las medidas ordenadas por la Troika y que  permitieran apaciguar el inquieto y voluble mercado, que como Urano pretendía tragarse a sus propios primogénitos.

Atenas y Roma, alejadas de las glorias del pasado se enfrentan a un presente complejo, con graves dificultades sociales, políticas y económicas que obligan a tomar medidas  impuestas desde los centros financieros más importantes de Europa con el objetivo de salvar a la banca de una cesación de pagos que arrastraría al resto de la Eurozona a un escenario aún más peligroso. Tal vez la receta sea dejar quebrar al sistema para renacer de una forma que vea a la sociedad humana y su beneficio como el objetivo y no a las sociedades financieras.

En el momento histórico en que estamos inmersos, con el desarrollo y uso de tecnologías que no se soñaban hace un decenio, con un gobierno globalizador que responde al nombre de sociedades de mercados o corporaciones transnacionales y con la necesidad imperiosa de participar en el camino del desarrollo; es necesario entender los mecanismos de dominio y las características del Nuevo Orden Mundial Global, que se ha impuesto luego de la capitulación de la órbita socialista, junto a las nuevas formas de dominio que los países desarrollados ejercen sobre el conjunto de la humanidad e incluso entre los propios dominadores. Para Europa, como para el resto del planeta los acontecimientos greco-latinos son una muestra clara que el “chancho no da más manteca” y que es necesario pasar a un alimento más nutritivo de tal forma de contribuir a la salud  de las naciones.

Síguenos en