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Año XIV, 30 de junio de 2022

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Decano, gestión y lucro en universidades privadas

Columna de opinión por Julio Hurtado
Miércoles 30 de mayo 2012 8:44 hrs.


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En los últimos días, dos hechos, vinculados a universidades privadas con fines de lucro, han impactado a la opinión pública.

En primer lugar, la querella entre los familiares, dueños de la Universidad Iberoamericana (privada y con fines de lucro), con acusación de consumo de drogas e interdicción a una madre incluidos. Queda claro, de acuerdo a la información periodística, que, pese a que la ley lo impide, estas instituciones tienen, aunque disfrazados, fines de lucro.

Al parecer, en este caso, un modesto emprendimiento inicial de un par de colegios, gracias  al aporte estatal (a cambio de una educación que, las cifras lo dicen claramente, es de mala calidad), se convierte en un imperio de la educación, lo cual permite que posteriormente, este emprendimiento se amplíe al campo universitario.

Tal como en este caso vemos vicios en el manejo financiero, en un segundo caso vemos vicios académicos en el manejo de las universidades privadas. Nos referimos al caso de las declaraciones y posterior expulsión de un decano de la Universidad San Sebastián.

No se trata de hacer leña del árbol caído. Creo que lo expresado por el ex decano es sincero consigo mismo. Aun más, hay muchos académicos, incluso “progresistas”, que piensan que los jóvenes de primera generación en la universidad presentan un nivel tan bajo que impide un desarrollo académico más sofisticado. No obstante lo anterior, estas declaraciones constituyen un gratuito insulto a alumnos que, en realidad, constituyen maltratados “clientes” de estas instituciones que, además de fines de lucro, en muchos casos, tienen un evidente fin ideológico.

Estas declaraciones, además de mostrar un intolerable (especialmente en estos tiempos) clasismo, demuestran una total prescindencia de lo que realmente significa la universidad. Un académico  jamás podría haber hecho ese tipo de declaraciones.

Estudiar en la universidad es lo mejor que le puede pasar a cualquier persona en su vida. Constituye un formidable instrumento de movilidad social y una instancia de enriquecimiento permanente del espíritu de los jóvenes. El alumno que entra a la universidad, independiente de su origen,  pese a su diferencia inicial, al poco tiempo de estudiar y compartir ya logra niveles similares a los alumnos más destacados. Ingresar a la universidad significa un camino sin retorno al conocimiento, a la sensibilización, a la socialización y a la cultura.

Casos como los mencionados demuestran que los dueños de estas empresas, o sus famosos directivos, no privilegian esta mirada, sino más bien piensan en el negocio. Esto es lo que explica el hecho que estas universidades-empresas contraten a no académicos, sino que a famosos profesionales, unas especies de rockstars, con el único objetivo de atraer alumnos, en realidad a clientes.

En conclusión, es irritante comprobar que muchas de las universidades privadas formen profesionales pensando en las necesidades de la elite; que lucren (pese a no ser legal); que tengan como alumnos a jóvenes de los segmentos C2 y C3 solo como un negocio, por lo cual reciben gran cantidad de recursos del Estado; con directivos que, más que académicos, son figuras mediáticas; y que, además, estas universidades afean la ciudad con edificios invasivos, sin acoger físicamente a los alumnos e, incluso, proyectos de instalación de monstruosas estatuas en lugares públicos tradicionales.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.