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Cataluña, un ejemplo de civismo


Miércoles 12 de septiembre 2012 18:29 hrs.


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Un pueblo que es capaz de reunir a 2 millones de personas en una concentración en la que se juegan sus derechos más fundamentales dentro de este sistema que denominamos democracia y ésta se realiza en un ambiente de alegría y tranquilidad, no puedo menos que decir que merece el respeto de toda la comunidad internacional.

No es que fuera una manifestación de mudos o de personas sin sangre en las venas, era la manifestación de un pueblo cívico, es decir, de ciudadanos respetuosos unos de los otros. Yo, así como tantos otros extranjeros presentes en la manifestación, recibí una gran lección de civismo.

Cuando en mi país los estudiantes son agredidos por ejercer su derecho a manifestarse de manera frontal, pues están convencidos de que un cambio de rumbo desmarcado de lo que dictan las leyes de mercado es posible o la ciudad de Santiago se convierte en un infierno en un día tan penoso como el 11 de septiembre, y así como en otros países lamentablemente la violencia es el pan de cada día, aquí los ciudadanos reaccionan de otra manera; tengo que puntualizar que también han sufrido una dictadura y que además nos llevan años de distancia pues los apaleos a los que han sido sometidos y con esto quiero decir, los desaparecidos, los muertos  e incluso la prohibición de hablar en su lengua materna,  tienen data anterior. Cuando estas personas son capaces de llevar adelante una iniciativa de esta magnitud  con madurez y convicción, alejada de partidos políticos (que se sumaron cuando vieron que la voluntad de las personas comunes y corrientes era más fuerte) entonces estamos en presencia de un pueblo realmente soberano.

Ayer constaté que otra realidad es posible, que la violencia, el vandalismo, la politiquería, etc. no son un mal que se deba aceptar. El cambio de mentalidad es la clave, porque si las dos millones de personas presentes en el acto de ayer, que luchan por lo que su  historia ha dejado en claro que se considera justo para ellos y para sus descendientes, personas que no llevan la bandera de la demagogia por delante, que no tienen miedo a salir a las calles y que hacen de sus reivindicaciones una fiesta colectiva , entonces es evidente que aquí hay algo digno de ser observado con atención.

Ojalá esta ola de civismo se expanda  a través del aire y llegue a todos los rincones del planeta porque es así como se deberían hacer las cosas, con respeto y dignidad.