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En la duda abstente: un juicio a los profesionales del poder


Lunes 5 de noviembre 2012 9:04 hrs.


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Los resultados de las elecciones municipales 2012, votación y abstención, muestran a una población descontenta y descreída con el poder, y sin definiciones para superar un malestar personal y un dilema social: ¿Cómo aprovechar el modelo de consumo para progresar y a la vez eliminar endeudamientos angustiosos, daños a la salud y al medio ambiente? Males ya considerados parte inevitable del desarrollo que nos hace vivir entre el rezongo y el conformismo. Los estudiantes remecieron el conformismo y tienen su mérito en las derrotas de los baluartes municipales de la derecha, los alumnos del Instituto Nacional, del Barros Arana, del Carmela Carvajal, del Lastarria, del Borgoño, del 8 del 7 y de tantos colegios institutos y liceos de la Región Metropolitana, obligaron a los alcaldes a decir lo que piensan. Los estudiantes los debilitaron, pero quienes les ganaron las elecciones fueron los votantes de siempre, los del padrón antiguo, vinculados a partidos y organizaciones sociales. Un tónico para la izquierda y un acertijo para los más convencionales. Mientras, para la UDI y el Ministro de Obras Públicas, que adelantaron la pugna presidencial, la desolación es profunda, aunque sostengan lo contrario; sus ideas y prácticas provocan más rechazo que adhesión.

La abstención  no se puede atribuir a un solo factor. Analistas jóvenes señalaron una verdad enorme, hasta octubre del 2012 no se sabía cual era la conducta electoral de un habitante que no estaba obligado a votar. La tradición patria era obligatoria aunque la inscripción era voluntaria. Lo voluntario es un componente político que válida la convivencia democrática, busca obtener la decisión individual concebida como un derecho y deber que se ejerce también con la abstención, con el voto blanco y el nulo. Si bien, la falta de educación cívica pudo contribuir, en esta elección no habían razones para provocar un entusiasmo delirante, menos si durante dos años de movilizaciones la parte de las autoridades elegidas a todo nivel, desoyeron los reclamos y optaron por una indiferencia de cuya magnitud no hay memoria desde la existencia de los movimientos sociales en Chile. Más que falta de conciencia cívica se expresó una desazón con los elegidos y mayor conciencia sobre una desigualdad que el  poder observa con pasividad. Estos factores expresados con fuerza en el gobierno actual, cambió el estado de ánimo de mucha gente, la cual ya no se siente obligada a reducir su derecho político a optar por el mal menor y menos a que este se transforme en un deber. El debate va a ser cada vez más de ideas y programas. Es una consecuencia del binominal y de la rigidez del sistema político que no lo cambia. El sistema no son solo las instituciones, en ellas hay personas elegidas para lograr las reformas. Incluso algunas reelegidas.

Otro factor que influye en la abstención es la profesionalización de la política. Este fenómeno ha distanciado los liderazgos del mundo popular y real, la élite dedicada a administrar recurre a la tecnocracia para renovar sus cuadros y la “tele política” es solo una ilusión de la participación. Con excepciones, los políticos profesionales han terminado entrampados en un modelo que segrega y excluye a vista y paciencia de todos.

La abstención también se produce por razones de convencimiento y de  circunstancias. En las de convencimiento están: la indiferencia, en todos los sistemas conocidos existe un porcentaje variable de personas que organizan su vida al margen de lo público y sin conflictos importantes, y hay posturas antisistémicas que no reconocen la formas de regulación y convivencia, algunas de estas posturas son militantes y otras existenciales, a veces se expresan como rechazo a la votación o utilizan el voto anulado o sin marcar preferencia. Por otro lado hay razones de abstención o rechazo más circunstanciales, como el cuestionamiento o distancia frente a alternativas políticas o ante la situación que dirime la elección, sea esta local o nacional. O prioridades personales distintas a las coyunturas electorales, o dificultades circunstanciales que impiden asistir a votar. La sociedad es diversa. La abstención es parte de ella y sin duda resta representatividad a los electos. Esa es la intención de una parte de los que no votan, sin que coincidan entre sí en otros asuntos.

Colaboró a la disminución de votantes la semejanza de los candidatos, una foto y un número comunican muy poco y la similitudes entre los bloques políticos hastía a una parte de la población. Nuevas formas de participación interesarán a más personas, cambiar el sistema electoral permitirá crear nuevas mayorías. La falta de alternativa no consolida la desigualdad, las fuerzas sociales se desarrollan dinámicamente. La viabilidad se construye, en las luchas sociales no existe la fatalidad eterna. Por cierto una mayoría definida debería despertar un entusiasmo electoral mayor.