Diario y Radio Universidad Chile

Año XVI, 27 de mayo de 2024


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Cicuta ideológica


Domingo 18 de noviembre 2012 13:09 hrs.


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Cualquier inocente habitante podría pensar que después de ese brutal sopaipazo que significó la abstención por sobre el 60 % en las últimas elecciones, los partidos estarían con las orejas y oídos puestos en escuchar las demandas del pueblo a quien arrobadamente dicen representar en las dos ocasiones más importantes de su ocupación profesional: Cuando prometen a destajo el oro y el moro, lo posible y lo imposible, lo mundanal y lo milagroso y cuando van a fin de mes a cobrar sus suculentos cheques por tan altos servicios prestados a la gloriosa nación toda, aunque los infames ciudadanos de la misma no tengan capacidad de reconocer sus monstruosos sacrificios personales por el bien público.

Sin embargo, pareciera que el viejo dicho: No se oye Padre, campea por sus fueros y a nuestra ensimismada clase política no le entran balas, siguen haciendo exactamente lo mismo del día anterior a las elecciones, es decir, todo por ellos, poco y nada por nosotros.

Son como una cicuta tipo narciso puesta en una pieza redonda llena de espejos, por donde se mire se encuentra bella, perfecta y aislada de ese mundanal y desagradable ruido que proviene de la calle, pidiendo cosas tan extravagantes y bizarras como cambios estructurales al modelo, otras absolutamente irreales y desproporcionadas como salud y educación gratuita y de calidad para todos y, la peor y más desatinada de cualquiera, que los jubilados tengan una pensión decente después de haberse partido el espinazo toda la vida. Habrase visto tamaña barbaridad, cuando los viejos son improductivos, gastadores de remedios y cupos de los hospitales, que están destinados, obviamente, a gente sana y en plena capacidad generadora de capital.

Hoy se ve a nuestra cicuta, perdón, a nuestros partidos políticos, proclamando a diestra y siniestra, aunque sería más exacto decir, de manera muy diestra y siniestra, a sus candidatos en presentaciones apoteósicas, con un fervor y una mística casi de cristianos de catacumbas, donde se exaltan y exultan las mejores cualidades y calificaciones de los mismos: que fulanito tiene dientes perfectos cuando sonríe y canta esas zambas que le hacen tiritar los calzones a sus admiradoras, que zutanito es un guerrero sin igual porque logró escribir un libro completo de treinta páginas sobre la importancia de la sal en el agua de mar, casi sin faltas de ortografía, que menganita es extraordinaria porque habla de corrido en varias lenguas sin decir nada, que cada uno ha demostrado poseer las necesaria aptitudes personales para conducir al país a la tierra prometida del desarrollo, ya que todos, sin excepción alguna, son mejores que sus contrincantes, por el solo hecho de ser representantes de ese partido en particular, que a su vez es el más maravilloso y, por supuesto, que es el único capaz de saber lo que las masas quieren para el beneficio común.

Lo que ningún candidato o candidata, ni mucho menos los partidos que están detrás comunican, es lo único que se esperaría de ellos: Qué van a hacer con el país cuando los elijan, lo que en los tiempos antiguos se llamaba tener un programa, ni más, ni menos, UN PROGRAMA, con propuestas claras en temas centrales y con un trasfondo ideológico de peso, para saber si son lo que dicen o dicen lo que son y poder pasarles la cuenta, la buena y la mala, no como ahora, que hay que partir presumiendo inocencia, porque se han cuidado de increíble manera de no decir nada que los pudiera incriminar.

Pero, pensarán nuestros iluminados, para qué  preocupar a los ciudadanos con tonteras, si, a fin de cuentas, lo que vale es que lleguemos a las dulces y llenas ubres del poder para saciar nuestra inllenable sed y, desde ahí, pensaremos qué podemos hacer, cómo lo podemos hacer y cuándo, eventualmente, lo podríamos hacer, el resto no tiene mayor importancia, ya que con una par de encuestitas por aquí, un par de represiones policiacas por allá, unas cositas tipo bonos de invierno por acullá y listo el pastel, pasan de nuevo los años, mantenemos incólume el modelito a la Pinochet, que le ha dado esa maravillosa estabilidad-eternidad a nuestros apitutados-designados políticos y ya, a buscar otro candidato empático, otra candidata maternal, alguno más que hable de corrido, pero, por sobre todas las cosas, que no tengan programas públicos, que aparezcan como independientes y asépticos, sin ideologías contaminantes y que, por ninguna razón y, u, o motivo, quieran cambiar algo realmente de fondo en esta tierra que te dio por baluarte el señor, aclaro eso sí, el señor dinero, que todo lo compra, todo lo manda y a muchos los corrompe.

PD: Le pido público perdón a la cicuta, noble compañera  de los minutos finales de Sócrates, por meterla en este enredo de los políticos chilenos.