Diario y Radio Universidad Chile

Año XIV, 27 de mayo de 2022

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José María Bulnes, constructor de ciudad

Columna de opinión por Julio Hurtado
Martes 8 de enero 2013 15:57 hrs.



Cuando expiraba el año 2012, murió de la manera más inesperada, cruel y violenta José María Bulnes, maestro de muchas generaciones, en diversas disciplinas y en varios países. Pero, sobre todo, un amigo, siempre con la mano extendida para compartir conocimientos, con sabiduría y con humor.

A su regreso del exilio José María Bulnes ayudó a fundar un proyecto universitario de vanguardia que recoge los elementos de igualdad y democracia en el campo educacional, abandonados por la sociedad chilena, durante y después de la dictadura. Una universidad que, sin tener fines de lucro, privilegia las artes y las ciencias sociales.

En este emprendimiento, junto a Fernando Castillo Velasco y otros arquitectos, poetas, artistas y urbanistas participó en la creación de la mítica Escuela de Arquitectura de la Universidad ARCIS, formidable y exitoso instrumento de formación de jóvenes arquitectos, preocupados de lo social, de lo urbano y de la cultura en general. En este contexto, su última obra fue la publicación del libro “Arquitectura, Cinco Vertientes y Suelo Americano”.

La muerte de José María fue producto de la más brutal expresión de la miseria urbana de esta ciudad que se construye con el único afán de maximizar los intereses económicos de empresas inmobiliarias, de importadores de automóviles y de concesionarias de carreteras urbanas. Este crimen es reflejo de una ciudad partida y sin contacto entre sus partes. Una ciudad sin planificación, sin integración, en que el mercado, que genera segregación, actúa sin ninguna cortapisa. Es una ciudad, Santiago, en la cual, en realidad, ninguna institución se ocupa de la integración social y del bien común. Ciudad que produce y construye sectores de riqueza ostentosa para algunos y de miseria “micronarcosufriente” para otros.

José María Bulnes creía en la integración social y urbana. Pensaba que los más afortunados de la sociedad debían convivir y compartir con los menos afortunados. Sabía y sentía que Santiago era una ciudad por la cual valía la pena jugársela en la búsqueda de la integración. Es así que, mientras otros huyen de Maipú, él se fue a vivir a esa comuna. Entre amigos e iguales y también cerca de la miseria urbana. Este fue también uno de sus aportes para la construcción de una sociedad y de una ciudad más democráticas e igualitarias.

Qué paradoja tan grande, José María que creía en la integración social y urbana, y que fue consecuente con ello, muere victima de la extendida miseria que surge en los barrios no privilegiados de esta ciudad. Doble paradoja, ya que en los últimos años fue exitoso en formar nuevos arquitectos con una profunda vocación ética.

Pese a lo traumático de la muerte de José María Bulnes, nos queda la esperanza de una ciudad y de una sociedad mejores, mas democráticas e igualitarias, ya que en su fecunda labor, José María nos legó casi dos centenares de arquitectos formados por él y su grupo en la Escuela de Arquitectura, quienes sin duda serán modestos y efectivos agentes de cambio en una ciudad y una sociedad tan desigual e inviable como la nuestra.

 

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