Diario y Radio Universidad Chile

Año XV, 27 de enero de 2023

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La pobreza incendiada


Sábado 16 de febrero 2013 19:59 hrs.


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Miro por la tele las imágenes de un incendio en Valparaíso, puerto principal, patrimonio de la humanidad y un largo etcétera de adjetivos olvidados que no sirven de mucho cuando las llamas, casi siempre producidas por obra de los desadaptados o descuidados de turno, atacan sin piedad las quebradas, llenas de casas y de maleza alta y seca en esta época, ideal para que la eterna tragedia de Valparaíso se repita año tras año.

Si esta es una noticia estival repetitiva ¿Cómo es que pasan los años y las autoridades de turno locales, regionales y nacionales no hacen nada por cambiar la historia?

Y la respuesta es fácil, la mayoría de las familias afectadas son pobres, las casas quemadas, también en su mayoría, son precarias, por lo que no tiene mucho sentido en este modelo de libre mercado y libre albedrío, generarle mayores dolores de cabeza a un estado que no está hecho para preocuparse de su población ni menos gastar plata en tonteras tales como darle una vida digna a todos los ciudadanos.

En los medios de comunicación, mientras tanto, se escucha, como una letanía aburridora, al carabinero con varias estrellas en sus hombros, al bombero con más rango, a la autoridad local más alta e incluso a los excelentes representantes del gobierno, decir que “esto” pasa porque la gente construye sus casas en las quebradas prohibidas, porque, además, “nadie” limpió las quebradas y, como si lo anterior no bastara, la compañía de aguas corta la presión a los grifos para que estos pobretones no se puedan refrescar a costa de las portentosas utilidades de las empresas privadas que son dueñas de los servicios públicos.

Lo que no aparece por ningún lado es la más simple de las preguntas: ¿Por qué la gente construye viviendas precarias en sitios prohibidos?

Pero a esa incómoda pregunta no quieren llegar los políticos de turno, mucho menos los ¿reporteros? que con sus caras traslúcidas de falsa emoción acompañan a una señora que llora a moco tendido para ganarse unos puntitos de rating, llanto que  a fin de mes significa más auspiciadores y por ende más utilidades para el canal, pero eso está absolutamente vedado ya que no hay necesidad alguna de meterse en las incómodas honduras de la pobreza en este orgulloso país miembro de la OCDE.

A fin de cuentas, lo que vale es que las autoridades llegaron rápido, les regalaron unos colchoncitos y unas carpas para que no durmieran a la intemperie, les prometieron lo posible y lo imposible y ya mañana o pasado mañana, otra noticia más importante o tragediosa dejará por enésima vez a los pobres de Valparaíso, puerto principal, a la deriva arreglándoselas como siempre lo han hecho, solos y a puro ñeque, volviendo a levantar sus casas en las quebradas y en las laderas de los cerros, porque ahí los sitios no tienen dueño y nadie les va a joder la vida aunque se hayan colgado de la luz, porque son sectores donde nadie más quiere vivir, ya que muchos de los servicios básicos brillan por su ausencia y las escuelas y el plan o parte baja de la ciudad quedan lejos y no hay micros, pero esos pobres, al igual que el resto repartido por esta angosta tierra de desigualdades, lograron con unas maderas, unos cartones y unas latas parar algo parecido a una casa donde poder tener un techo donde dormir y criar a sus familias, con la esperanza que algún día tendrán una de verdad, de ladrillos y cemento.

Mientras tanto miran la bahía repleta de cruceros de lujo y la tele, la misma que les muestra las cenizas de sus casas antiguas, les cuenta que Chile es un país de primer nivel y ya estamos por alcanzar a los más desarrollados del orbe, mientras las quebradas se vuelven a llenar, una vez más, de malezas altas y casas desparramadas, hasta que aparezca otro desadaptado o descuidado de turno y el fuego arrase con todo y la tele se refocile en la noticia mientras los pobres vuelven a buscar madera, cartón y lata para reconstruir sus casitas que volverán a colgar de las quebradas de este patrimonio de la deshumanidad.