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Año XVI, 23 de abril de 2024


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Democracia electoral, democracia secuestrada


Miércoles 24 de julio 2013 6:36 hrs.


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Estimado Director:

En muchas partes del mundo el voto emitido por los ciudadanos es desvirtuado. Votamos por candidatos y programas y en cuanto aquéllos son elegidos olvidan el compromiso de cumplir los programas , pero se quedan en los cargos y por todo el periodo. Imposible pues de sancionarlos por su falta de honestidad antes de que nuevas elecciones tengan lugar y que se inicie así una vez más otra ronda del círculo vicioso.

En Chile, hace 23 años, el ejercicio de nuestro derecho de votar, con el plebiscito y las legislativas y presidencial que siguieron, nos permitió deshacernos de una insoportable dictadura y de una parte de sus corifeos. Sin embargo, rápidamente pudimos darnos cuenta de que nuestra libertad era solo condicional y que nuestro derecho a voto era un derecho teórico . Éste solo podía ejercerse para ratificar lo que decidían unas ridículamente restringidas cúpulas partidarias en el marco de un sistema institucional malsano . Con el correr del tiempo nuestros llamados representantes han terminado únicamente por representarse a ellos mismos.

Hemos llegado a un punto en que la abstención se presenta para muchos como una alternativa. Sin embargo, abstenerse y permanecer pasivos puede significar que aceptamos la descomposición progresiva del organismo social al que pertenecemos , una descomposición que puede concluir en su desintegración total o en un rompimiento violento y brutal , una y otro acarreando sin lugar a dudas sufrimientos que es difícil imaginar.

Sin embargo, nadie tiene derecho a chantajearnos con el mal menor, es decir renovar el contrato electoral con representantes que ya han demostrado su impotencia cuando no es su venalidad. En nuestro país la abstención de muchos de nuestros compatriotas es un acto político consciente y justificado y si él persiste en los eventos electorales que se avecinan no será sino una confirmación más de su madurez cívica. Lo que no debe llevarnos a olvidar que puede haber candidaturas marginales al sistema que sean legítimas.

La abstención , sin embargo, si ella persiste, puede convertirse en otra forma de impotencia si ella no está acompañada de nuevas formas de conciencia política y de un quehacer político renovado. Es allí donde se nos impone a todos la necesidad de buscar nuevos caminos que nos permitan salir del bloqueo actual.
Quizás seria tiempo, por ejemplo, que empezáramos a pensar mucho menos en términos de este poder político centralizado en que algunas decenas de individuos mal elegidos nos dictan sus reglas y que nos pusiéramos a pensar mucho más en las iniciativas que se pueden desarrollar para dar consistencia a los poderes locales.

Así , en el Chile de los años setenta se crearon los Comandos Comunales que reunían a todas las agrupaciones sindicales y asociativas, pero también a los individuos aislados de una comuna y que se convertían así en acicates de la acción de los consejos municipales, cuando no los reemplazaban en los hechos. Éstas y otras iniciativas pueden ser hoy posibles y quizás, mucho más necesarias, después que sobre las municipalidades se han descargado responsabilidades mayores en materia de salud y de educación. Por lo demás ,y sin inspirarse necesariamente en esos Comandos, unas formas de movilización local eficaces se han producido ya como las que conocieron Calama, Aysén, Punta Arenas….

En todo caso, como ocurre en otras partes del mundo, hoy en día el desafío para nosotros es de concebir nuevas formas de participación social y política que nos permitan salir del rol pasivo que nos atribuye la actual democracia secuestrada en beneficio de unos pocos privilegiados .

José Cañas C.

El contenido vertido en esta Carta al director es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.

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