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Julio Hurtado

Campaña electoral: ¿otra oportunidad perdida para la ciudad?

Julio Hurtado | Miércoles 11 de diciembre 2013 14:46 hrs.


El país, la ciudad y la sociedad en general, están viviendo este curioso interregno, que significa el tiempo entre dos elecciones. La población, pese a las certezas estadísticas, está en compás de espera; la ciudad también lo está, con la evidente ilusión de dejar de sufrir la agresión de la propaganda impune y depredadora; y, la sociedad, además de los tradicionales aspectos económicos y políticos, mantiene latente la necesidad de ocuparse del devenir urbano.

Históricamente, en todo el mundo,  ha sido en la ciudad, concebida como un espacio de libertad, el lugar donde se ha radicado el proceso de  creación, de avance y de desarrollo del conocimiento de nuestra sociedad. La ciudad fue el lugar de protección frente a los abusos de los señores feudales y del clero. Cabe hacer notar que todos los grandes cambios en la historia, se han gestado, han crecido y se han desarrollado en las ciudades. En la ciudad las personas se socializan, organizan y modernizan.

En Chile, y en parte de América Latina, a partir de los años treinta del siglo XX, después de la gran crisis del año 29, las ciudades fueron el lugar de esperanza de cientos de miles de campesinos que llegaban a los centros urbanos buscando nuevos y mejores horizontes, huyendo de la crisis económica y de los abusos de los terratenientes. No olvidemos que, en el caso de nuestro país, recién en 1967, reforma agraria mediante, se introdujo el salario y la posibilidad de sindicalización campesina.

Las grandes ciudades constituyen la posibilidad de trabajo y de organización social, sindical y partidaria. Existe una máxima sociológica que establece que las personas, una vez urbanizadas, nunca mas se des-urbanizan, aun si la actividad que los llevó a la ciudad desaparece, tal como ocurrió con las salitreras en Chile, en que una vez colapsada la actividad extractiva y exportadora, los obreros, que provenían del campo,  emigran a las grandes ciudades y no retornan a sus lugares de origen.

Es así que, hasta fines de los años setenta, la Estación Central de Santiago era testigo de la permanente y diaria llegada de inmigrantes que, en varios trenes al día, venían por mejores condiciones de vida a la ciudad. Campesinos que se urbanizaban buscando mejoras en sus condiciones de vida. El advenimiento de la dictadura y del neoliberalismo rompió este flujo, además de terminar con el ferrocarril. Así, la ciudad adquirió su actual característica y dejó de ser el ámbito de libertad y de mejoramiento económico que la caracterizó.

La evidente crisis que en muchos ámbitos padece nuestra sociedad, se expresa permanentemente en la ciudad, que ya no constituye el espacio liberador que otrora fue. Además, tampoco se vislumbra la relevancia de esta crisis en los programas de las candidaturas a la presidencia. Vemos entonces que las elecciones ocupan, presionan, ensucian a la ciudad, y sin embargo, no la consideran, ni la reivindican como el gran espacio liberador que tuvo y que sin duda volverá a tener.

Una pregunta final:

¿La decisión política de construir a toda costa el puente sobre el canal de Chacao,  para unir al continente con Chiloé, significará realmente un mayor desarrollo para el archipiélago, o será una manera de reforzar el centralismo? 

El contenido vertido en esta Columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Diario y Radio Universidad de Chile.