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Julio Hurtado

Talca: La “exitosa” y cruel reconstrucción

Julio Hurtado | Miércoles 12 de marzo 2014 10:45 hrs.


Ayer se realizó el traspaso de mando de la presidencia de la Republica, acto enmarcado en la tradición republicana del país, el cual estuvo precedido por un mal intencionado, cruel e innecesario debate acerca del grado (porcentaje) de cumplimiento de la reconstrucción del país después del terremoto del 2010.

Esta insólita controversia se avivó permanentemente debido a las inéditas, poco sobrias y alejadas del espíritu republicano, giras de despedida del Presidente de la Republica saliente, muy parecidas en su espíritu a los conciertos y partidos de despedida de decadentes artistas y futbolistas.

El terremoto y maremoto de hace cuatro años nos afectó en pérdidas humanas, materiales y en inseguridad vital. Además, dejó en evidencia las ineficiencias instituciones y políticas del país para enfrentar estas recurrentes tragedias naturales. Además, dejó en evidencia la miseria humana de la clase política, motivada fundamentalmente en sacar mezquinos (y fallidos) réditos políticos en base al dolor de millones de chilenos.

En este contexto se inscribió la cruel, innecesaria y fallida campaña por denostar una candidatura a la presidencia. Cruel porque utilizó el expediente del drama humano de los damnificados; innecesaria, ya que esa candidatura tenía muchos flancos para ser denostada; y, fallida, ya que dicha candidatura arrasó en votos en las zonas más afectadas por el terremoto.

Muestra también de esta pequeñez política y del desprecio por el dolor de los damnificados fue la desproporcionada campaña por demostrar porcentajes de cumplimiento en la reconstrucción, lo cual constituyó una pura afirmación cuantitativa, no se planteó el tema de fondo respecto de los “beneficiados”: ¿cómo viven?, ¿dónde viven?, ¿mejoraron o, al menos, se mantuvieron sus condiciones de vida?

Al parecer, en muy pocos casos las soluciones fueron mejores que lo tenido previamente. Solo alimentaron la estadística. Enfáticamente, respecto de la reconstrucción, se puede afirmar dos cosas. Primero que las condiciones de segregación empeoraron y que el gran beneficiado fue la actividad inmobiliaria.

El mejor ejemplo de este despropósito es el proceso de reconstrucción de la ciudad de Talca, que antes del terremoto era una de las ciudades capitales regionales del país más hermosa (por su carácter colonial) y democrática (el 60% de los habitantes del centro de la ciudad pertenecían al 40% más pobre de la población). En este caso, se optó sospechosamente por botar muchas viviendas y la reconstrucción hacerla a las afuera de la ciudad. Es decir, se implementó un proceso de expulsión de pobres a la periferia, generando de paso jugosos negocios inmobiliarios en el centro de la ciudad.

Se repitió de esta manera el modelo urbano generalizado en el país: la segregación espacial y social. No fue un proceso de re-construcción, fue un proceso de re-segregación.

Una pregunta final: ¿Sabía usted que la alianza entre el mundo político-social y el mundo cultural, que constituyó uno de los pilares de la derrota de la dictadura en el plebiscito de 1988, se dio en el teatro El Trolley, que hoy está siendo lentamente demolido, sin que nadie diga nada?

El contenido vertido en esta Columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de Diario y Radio Universidad de Chile.