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Roberto Meza

FMI y BIS alertan sobre alta deuda

Roberto Meza | Lunes 7 de julio 2014 15:25 hrs.


En una conferencia que dio la semana pasada para el FMI, Janet Yellen, la presidente de la Reserva Federal de EE.UU. (Fed) selló un cambio de las políticas llevadas adelante por la entidad, tras afirmar que la política monetaria y sus herramientas tienen “serias e importantes limitaciones para contrarrestar los riesgos de la estabilidad financiera”. Una información poco difundida, pero que marca un viraje en las tendencias de uno de los principales bancos centrales del mundo, en momentos en los que el resto de aquellos (Inglaterra, Unión Europea, Japón) han estado siguiendo una línea estratégica apuntada a continuar licuificando sus economías como fórmula para enfrentar una crisis que se arrastra ya por siete años.

Según Yellen, la política monetaria debe centrarse en asegurar “la estabilidad de la moneda y el empleo y no en fomentar la estabilidad financiera”, como lo ha hecho hasta ahora, mediante violentas emisiones inorgánicas que posibilitan el traspaso de dólares a tasas cercanas a cero a los bancos para que aquellos enfrenten sus compromisos, pero que, al mismo tiempo, están comenzando a incidir en aumentos de los precios. En efecto, no obstante que el IPC de EE.UU. ha estado durante más de dos años por debajo de la meta de la Fed -2% en 12 meses- hay indicios que está subiendo. El Departamento de Agricultura predijo un aumento de valor de entre 2,5% y 3,5% para los alimentos este año, tras un alza de 1,4% durante 2013.

Asimismo, el desempleo ha descendido a 6,1% desde 7,5% de hace un año, lo que sugiere que la capacidad ociosa está disminuyendo en el mercado laboral y que el riesgo de sobrecalentamiento aumenta en forma gradual.

Yellen ha dicho que para la estabilidad financiera hay mecanismos mejores, tales como la regulación y supervisión, diferenciándose así de Alan Greenspan y Ben Bernanke, responsables de las desregulaciones que caracterizaron el funcionamiento del sistema los últimos años. Hay que decir, eso sí, que Yellen no sólo es la primera mujer en presidir la Fed en sus 100 años de historia, sino también la primera demócrata en más de 30 años al mando de la Institución.

Se ha sumado, así, al debate ideológico sobre el rol de la política monetaria y regulación del sistema financiero, destacando las desconexiones entre la economía real y el sistema financiero observadas en los últimos años, las que parecen demostrar que el dinero en tiempos de super-endeudamiento no es neutral, sino que deriva hacia “vacíos” del sistema, al ser destinado mayoritariamente por quienes lo administran hacia áreas de mayor rentabilidad especulativa, por sobre las señales de alerta que entrega la economía real. Yellen opone así una estrategia diversa a la de sus antecesores quienes ante la crisis decidieron emitir dinero fiduciario, incentivando nuevas burbujas debido a la necesidad de los actores relevantes por mejores utilidades para enfrentar sus altos compromisos.

En palabras de Yellen “las políticas macroprudenciales, como límites reglamentarios sobre el apalancamiento y financiación a corto plazo, así como normas de suscripción de capitales más exigentes, constituyen métodos mucho más eficaces para hacer frente a las vulnerabilidades del sistema”. Es decir, la presidente de la Fed llama a los responsables políticos a centrarse en normas que aumenten la resciliencia del sistema financiero a los shocks adversos, así como en una mejor regulación y supervisión sobre las instituciones con gravitación sistémica (p.ej. la reciente “fontanería” financiera del FMI).

La tasa de interés no es una herramienta adecuada cuando su incremento genera desempleo y éste provoca impago de hipotecas que acentúan la fase crítica y desencadenan las recesiones: el vínculo entre desempleo e impagos de hipotecas o entre desempleo y caída en el consumo ha sido más que evidente en la presente crisis. De allí que Yellen insista en que la política monetaria no se desvíe de su enfoque principal en la consecución de la estabilidad de precios y máximo empleo, dado que políticas monetarias expansivas de estímulo a la banca no incitan mayor actividad en la economía real. Y como un alza de la tasa en estos momentos podría frenar el empleo y minar los esfuerzos de los centrales para mantener la estabilidad de precios, se requieren instrumentos adicionales como la supervisión y mayor regulación del sistema.

El último informe del BIS (Banco Internacional de Pagos, con sede en Basilea y ligado al FMI, en los hechos, un super-banco central privado, integrado por 53 Bancos Centrales de todo el mundo) también advirtió que “la euforia de los mercados financieros está desfasada respecto de las perspectivas económicas y tambaleante geopolítica mundial” Y ha añadido que, en sus excesos, los mercados financieros “se han desprendido de la realidad”, llamado a los gobiernos a readecuar las políticas que avivan el auge de precios de los activos incubando burbujas financieras y amenazando con la autodestrucción del sistema.

El BIS ha instado a los centrales a no caer en la trampa de subir las tasas “demasiado lento y demasiado tarde” y ha llamado a los responsables de políticas a frenar el alza constante de la carga de deuda a nivel internacional, tanto pública como privada. El BIS afirma que los riesgos sistémicos se han propagado por todo el mundo y que los países emergentes no están exentos de estos peligros, justamente por la expansión del crédito y la explosión de la deuda en momentos de gran incertidumbre global.

El nuevo economista jefe del BIS, el coreano Hyun Song Shin, dijo que “actualmente todo se ve muy bien (alzas generalizadas de las bolsas en el primer cuatrimestre del año), pero advirtió que es posible que se produzca “un cambio muy doloroso y destructivo”, afirmación avalada por Janet Yellen quien señaló a los inversionistas que deben ser conscientes que hay riesgo de pérdidas en el futuro y que aún se ven “elementos de creciente riesgo en el sistema financiero”. En efecto, la inversión en la economía real se ha desplomado, frenando la capacidad productiva del mundo.
El bajo crecimiento alimentado por una alta deuda no es sostenible, dijo Song Shin, pues está llevando la economía a un modelo de crecimiento basado en la deuda (pública y privada) que, con el tiempo, podría terminar sembrando las semillas de la propia destrucción. Una alerta para las empresas chilenas cuya deuda alcanza ya a más del 90% del PIB nacional.

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