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Una reforma necesaria : La supresión del Senado


Lunes 6 de octubre 2014 12:04 hrs.


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La institución del Senado es una anomalía en nuestro sistema político. Una anomalía entre tantas dirán algunos y la verdad es que ellas son numerosas. Sin embargo la existencia de esta institución en particular aparece hoy día más que nunca como una aberración y una fuente de muchos de los vicios en que está zambullida nuestra clase política.

El Senado chileno es una aberración en la medida en que este tipo de instituciones , llamadas a veces Cámara Alta para diferenciarla de la Baja o de Diputados, existe en los Estados que han elegido la estructura federal . En ellos el Senado representa a los Estados que están federados como ocurre en los EE.UU y para lo cual cada entidad estatal tiene asignado un número de senadores que son elegidos por votación directa . Es el caso también de algunos países europeos como la Alemania con el Bundesrat, pero más cerca de nosotros existen también los ejemplos de Brasil, Argentina , etc.

¿Qué viene hacer pues esta institución en un país como el nuestro que es un Estado centralizado que nunca ha reconocido un derecho sustancial a las provincias ? La verdad es que tener un Senado no enriquece en nada la vida legislativa porque las leyes pueden ser discutidas, tratadas y votadas por una sola asamblea, en nuestro caso la Cámara de Diputados, como esto ocurre en muchos países, que éstos estén en Europa o en América.

Nuestro Senado es pues un Cámara inútil legislativamente, una Cámara en la cual la mayoría de los miembros son santiaguinos que siguen más bien las instrucciones de sus partidos que los intereses de las provincias , de tal manera que es extremadamente raro que surjan unas personalidades verdaderamente regionales. Ni siquiera vale la pena agregar que el Senado se ha convertido muchas veces en una forma de asegurar unos periodos parlamentarios más largos a los más privilegiados de las cúpulas políticas.

Es indispensable pues comenzar a modernizar nuestra vida institucional suprimiendo este órgano vetusto y que se presta para tanto lobby y tanta opacidad, y su supresión podría convertirse en un instrumento importante de la refundación constitucional a la que nuestro país aspira.

José Cañas C.

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