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¿Quién decide sobre quien entra y quién se instala en nuestro país?


Viernes 10 de octubre 2014 17:07 hrs.


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Para todos nosotros es un hecho evidente que desde hace algunos años el flujo de extranjeros que llega a Chile ha ido en constante aumento. Este fenómeno es tanto más notable cuanto que, por razones diversas que no es el caso analizar aquí, hasta el comienzo de los años 90 nuestro país era raramente elegido como lugar de trabajo y de residencia por los foráneos.

Asistimos pues a una inmigración masiva que lamentablemente no se pude cifrar con precisión a causa de las insuficiencias del aparato estadístico nacional y en particular del Instituto Nacional de Estadísticas INE que naufragó completamente en el último Censo Nacional. Sin embargo, del carácter masivo del flujo migratorio poca duda puede caber para cualquier chileno que vive en nuestra capital y en muchas de nuestras provincias.

La mayoría sino la totalidad de estos inmigrantes llegan a nuestro país movidos ya sea por la atracción de este supuesto milagro económico chileno, ya sea empujados por las condiciones difíciles que imperan en sus países de origen, ya sea por las dos razones. Habría que agregar a ellos algunas llegadas por razones de estudios superiores. Pero en todo caso lo que queda en pie es que quienes llegan son por lo esencial trabajadores o candidatos a convertirse en ellos, es decir una mano de obra que presenta bastantes ventajas (joven, disciplinada, flexible, poco exigente salarialmente) para los patrones del sector privado.

Así los patrones benefician de las ventajas de esta inmigración pero es el Estado quien debe ocuparse de garantizar a estas personas y a sus familias los servicios de salud y de educación a los que todo ser humano tiene derecho. Es allí donde nace la interrogante de cuál es la capacidad de nuestro país para recibir una población migrante importante en buenas condiciones, sabiendo de antemano que esa capacidad no puede ser ilimitada.

Los patrones no tienen derecho a responder a esta interrogante, pues ellos actúan únicamente por sus intereses, es decir por sus ganancias y poco les importa la nacionalidad de sus explotados con la condición que les produzcan y que sean baratos. Tampoco tienen ese derecho los extranjeros que vienen a Chile únicamente para hacer negocios especulativos o para llevarse nuestras riquezas. Es nuestra ciudadanía sola quien por medio de sus organizaciones y de sus instituciones debe hacerse cargo de determinar las condiciones de un proceso migratorio que respete a los candidatos a venir pero que respete también, y sobre todo, el derecho de los chilenos a recibir los servicios que nuestro Estado debe garantizarles en prioridad.

Hoy en día en el mundo hay muchos países, entre ellos los más ricos, donde una inmigración extranjera masiva e incontrolada, que había beneficiado únicamente a los patrones de esos países, está provocando reacciones de rechazo y alimentando los movimientos xenófobos. Esperemos que por una vez las autoridades de nuestro Estado se muestren un poco visionarias y aborden con la seriedad que corresponde el problema de la inmigración en nuestro país. Es lo menos que ellas pueden hacer por respeto por los chilenos y por los extranjeros residentes.

José Manuel Aguirre Cerda

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