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Año XIV, 13 de agosto de 2022

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La breve prisión de Labbé

Jaime Hales

  Miércoles 22 de octubre 2014 12:49 hrs. 
Radio-Uchile

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Nunca imaginé que Cristián Labbé estaría siquiera un día preso. La sensación de impunidad que nos dejó la dictadura y el tiempo que le siguió, pese a unos cuantos oficiales presos y condenados, me hacía temer que personas como él no tendrían que enfrentar a los tribunales por sus vinculaciones y acciones en torno a las violaciones de los derechos humanos. Nunca la justicia humana será completa ni perfecta, pero no cabe duda que está funcionando ahora más de lo que lo hizo en las épocas de la dictadura. Tampoco pensé que algún día Pinochet comparecería ante un Tribunal o que Contreras Sepúlveda sería condenado.

Cuando es detenido Labbé, siento que nos acercamos no sólo a los ejecutores directos de las torturas, sino que estamos más cerca de los inspiradores, de los ideólogos, de los que justificaron, de los que se aprovecharon económica o políticamente de los hechos cometidos en la época de la dictadura.

Cuando la UDI – no todos sus militantes, pero sí sus dirigentes –  deciden entregar su apoyo y solidaridad al detenido, van más allá del deber cristiano de visitar a los presos y lo que hacen es justificar su delito. Me llamó poderosamente la atención que estos dirigentes disparan contra el gobierno y acusan de sospechosa celeridad a la justicia para detener a su correligionario. Sucede que la detención la ordenó  un juez y no el gobierno y la oportunidad en que se produce no fue elegida para desviar la atención sobre los dichos del embajador chileno en Uruguay, como se ha sostenido, sino que simplemente se trataba de la oportunidad procesal de hacerlo. Pero ellos siguen creyendo que los jueces son subordinados del gobierno, como era cuando ellos gobernaban. Y sobre la celeridad mentada, hay que recordar que esta orden de prisión demoró 40 años. No es poco.

Pasados estos “incidentes”, cabría preguntarse qué dice la directiva UDI del hecho mismo, de las responsabilidades del militar y de los políticos que estaban ocupando el poder cuando estas personas convertían unidades del ejército en organizaciones para cometer crímenes. ¿O vamos a poner las declaraciones de Contreras el embajador a la misma altura de los delitos que le imputan a Contreras el general y sus colaboradores, Labbé entre ellos? Da la impresión que los escándalos que arma la UDI y en los cuales cierta prensa se convierte en alto parlante de sus dichos tiene que ver con la necesidad de tapar los escándalos y delitos en que se ven envueltos sus militantes, ahora Labbé, pero antes los financistas propietarios del grupo PENTA. Recordemos que el tema de PENTA, no es por el financiamiento de las campañas, sino por los delitos que estos dirigentes y empresarios habrían cometido, entre otras cosas, para financiar esas campañas políticas que les permitirían mantener cuotas de control de las decisiones en el Congreso. Y sin olvidar que el mentor espiritual de la UDI, fallecido Osvaldo Lira, es ni más ni menos que el condenado O’Really, extranjero involucrado en política y al que se le regala la nacionalidad chilena sin siquiera investigar sus andanzas por Irlanda en épocas de Maciel, su líder. Esta condena y el encarcelamiento de Labbé, más las querellas por fraudes tributarios en contra de los suyos principales, desespera a la UDI, tratando de decir que lo malo no son las conductas de los suyos, sino que haya quienes los persigan como delincuentes.

En el discurso se ocultan verdades, se tergiversa la realidad y se pretende que son culpables justamente las víctimas. Esa lógica de la UDI tiene que ver con la que cierto tipo de delincuentes utiliza para justificarse: el violador que culpa a la mujer violada por sus “incitaciones”, el pedófilo que niega y sostiene ser víctima de conspiraciones, el estafador que culpabiliza los ingenuos que creyeron en él, el violador de los derechos humanos que explica sus hechos en que el torturada podría ser culpable y no quería hablar.

Porque las nuevas generaciones de este partido de derecha saben que ellos son herederos de sucesos pesados y quieren reivindicar a sus padres que tan fielmente sirvieron a un gobierno que cometió por años crímenes horrendos para sostener intereses muy particulares.

No son todos, por cierto. Escucho a Chadwick y confío en que es posible que quizás esa mirada autocrítica (un poco complaciente, de todos modos) se vaya extendiendo y surja la comprensión de que no todo es lícito hacer para conseguir los objetivos. Pienso en mis amigos de ese partido, los que cometieron errores graves y los que no, los que se equivocaron, pero han rectificado. Pienso en ellos y me digo que no se merecen tener dirigentes que arrastran a personas honestas en la defensa de lo indefendible.

Yo soy contrario a toda forma de violencia política. Pero, si fuera un buen católico, tendría que decir que los hechos de Teillier – optar por la vía armada contra Pinochet y autorizar su asesinato –  podrían ser justificados en la doctrina de Santo Tomás de Aquino sobre el derecho de rebelión y el tiranicidio. En cambio la tortura, jamás, ya que hasta la propia Iglesia Católica se avergüenza del uso que hizo de ella. Y de eso estamos hablando.

No sé si Labbé será condenado, pero me produce cierta alegría que al menos haya tenido que enfrentar a la justicia, con todas las debilidades institucionales que tiene, pero estuvo unas horas privado de la libertad.

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