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¿De qué colegio saliste?

Columna de opinión por Mónica Salinero
Domingo 21 de diciembre 2014 12:38 hrs.


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Es en pleno proceso para llevar a cabo una reforma educacional impulsado por los propios estudiantes de los establecimientos públicos -tanto secundarios como universitarios- que apunte a una mayor igualdad y meritocracia, cuando la sociedad chilena evidencia sus rasgos clasistas. Pero creo que, también, es cuando más grupos sociales y actores nos oponemos a seguir subvencionando una organización social basada en la distinción por nacimiento.

Es, sin duda, una distinción que ocupa un lugar predilecto en muchas instancias sociales, pues cada vez que alguien es presentado a otra persona en Chile, inevitablemente, surge en la conversación la pregunta: ¿de qué colegio saliste? o ¿en qué colegio ibas? Que es lo mismo que preguntar: ¿a qué grupo social perteneces? tanto en términos de ingresos como de postura ideológica. Lo sorprendente es que esta pregunta la hacen personas hasta de más de 40 años y no la omiten ni las que han sido formadas en colegios o entornos de izquierda y/o progresistas. Según lo anterior resulta evidente la importancia social de esta pregunta, lo cual a mi parecer es sintomático de una sociedad clasista. Ya que la pregunta sobre el colegio ocupa más tiempo y atención que muchas otras cuestiones que puedan decir algo sobre un esfuerzo personal y cumple, además, el papel de un clasificador automático en el orden social.

Porque indicaría invariablemente quiénes somos y además le hablaría al otro sobre quiénes son nuestros padres, nuestros nexos y sobre todo sería un claro indicio de que no pertenecemos al grupo de los pobres que no tienen más opción que acceder a la educación estatal.

¿Es que la meritocracia ya no tiene ningún lugar en el Chile actual? Al parecer poco o ningún lugar. Pertenecer a un colegio privado o en su defecto a uno subvencionado -por el Estado- es visto como algo infinitamente mejor que ir a un liceo o escuela pública. Muchos pueden alegar que la educación privada y/o subvencionada es mejor educación, pero esa respuesta no hace más que generar más preguntas: ¿Por qué la educación que provee el Estado es mala? Si la educación privada o subvencionada es tan importante para la libre elección ¿por qué debe intervenir en esa decisión particular el Estado? ¿Por qué el Estado debe proveer de recursos a la educación privada -tanto básica, secundaria como universitaria- cuando han insistido desde las reformas estructurales que el papel del Estado es el de no intervenir en el mercado y los negocios privados? ¿Por qué el Estado no ocupa esos recursos en la educación pública? Surge finalmente la pregunta ¿Por qué deben juzgar y/o evaluar a cualquiera de nosotros por el colegio al que fuimos? Mal que mal no fue una decisión cruzada por los méritos intelectuales ni los recursos económicos propios. Parece ser que no hay una respuesta mas clara que la que dice que somos una sociedad marcada por la distinción de clase y la discriminación.

La defensa acérrima de la libre elección de los padres o tutores que hoy presenciamos en diferentes medios es difícil comprenderla de otra forma, y la posición de quienes lucran con la educación no es posible de entender más que como la defensa de un negocio muy rentable en una sociedad muy clasista.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.