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Vivian Lavín A.

Las dudosas virtudes de la PSU según Confucio

Vivian Lavín A. | Domingo 28 de diciembre 2014 10:41 hrs.


Confucio dijo: “En la antigüedad, las personas estudiaban para mejorar. Hoy día, estudian para impresionar a los demás”. El sabio de la antigua China ya consideraba hace 2.400 años que el saber era un arma de poder de unos sobre otros y sus palabras cobran mayor vigencia cuando se han dado a conocer los resultados de la Prueba de Selección Universitaria (PSU). Los medios de comunicación y con ellos, parte importante de la opinión pública, centran su mirada en esos casos excepcionales que lograron los mejores resultados. En su gran mayoría, se trata de adolescentes que tuvieron la fortuna de estudiar en los mejores colegios de Chile y que son utilizados para contravenir una de las máximas del confucianismo a través de los medios de comunicación: no ostentar del conocimiento frente a aquellos que no lo tienen en un país donde la educación enfrenta una profunda reforma justamente por su mala calidad.

Son más de 280 mil estudiantes los que rindieron la PSU este año, y gran parte de ellos, se enteró de sus puntajes antes que el mismo Departamento de Evaluación, Medición y Registro Educacional (DEMRE) publicara los resultados el domingo 28 de diciembre a las 8am en su página web, debido a las conocidas filtraciones en sitios que les permiten a los jóvenes conocerlos con anterioridad y con ello, detener la ansiedad de tanta espera. La peor filtración, sin embargo, proviene del mismo DEMRE, cuando da a conocer a un selecto grupo de medios de comunicación del duopolio, aquellos puntajes de excelencia, acentuando la sensación de alarde respecto de una prueba ya bastante desacreditada. No más de una veintena de jóvenes cuyos rostros son exhibidos y sobreexpuestos para que señalen de inmediato “la receta del éxito”, como también la carrera y universidad por la que han optado postular, respuestas que conocemos desde mucho antes, puesto que se trata de manera indefectible de las carreras de mayor reconocimiento social en las universidades mejor posicionadas del país. Si tiene alguno de estos puntajes nacionales parentesco con uno de nuestros políticos, líderes de opinión o personaje de la farándula televisiva, ¡cuanto mejor!, y su fotografía aparecerá más amplia y será más difundida por las redes sociales. A un grupo selecto de estos escogidos, particularmente, los que pertenecen a los mejores colegios de Santiago, se les invita a desayunar en uno de los tradicionales medios de comunicación escritos, como una suerte de rito de iniciación y de ingreso a los círculos del poder en Chile.

Aún cuando hoy no se publican los resultados con nombre y apellido, como solía hacerse con la ya extinta Prueba de Aptitud Académica (PAA) y que se prestaba para el escarnio público, los resultados de la PSU son ese balde de agua fría con que se cierra el año académico y que viene asentar lo que ya sabemos: la educación en Chile es una cuestión económica. Y como las cifras de nuestra desigualdad socioeconómica son bastante conocidas, ya se sabe con antelación qué porcentaje de los adolescentes provenientes de qué colegios accederán a determinadas universidades. De la misma manera, se sabe cuántos y hasta qué jóvenes vienen ya condenados desde la cuna y no podrán jamás acceder a la Universidad, paraninfo de la educación chilena ya que el sistema tampoco ofrece una educación técnica de calidad.

El sabio chino decía además que el conocimiento y saber deben pasar por el filtro de la ética y la corrección. ¿Es correcto someter a cientos de miles de estudiantes durante años a ensayar para una barrera llamada PSU que se sabe, desde el inicio, que no superarán?

El confucianismo, cuyas bases son el humanitarismo (entendido como amor al prójimo), la justicia, la corrección, la sabiduría y la integridad, no es una religión sino un modo de vida, donde la educación es el eje central para alcanzar estas virtudes.

¿Qué sienten los maestros chilenos que hoy ven fracasar a sus alumnos? Confucio decía que “educar se parece mucho a cuidar de las plantas” y como educador se lamentaba siempre cuando algunos de sus discípulos (tuvo más de 3 mil) no daban frutos.

También dijo Confucio: “Hablar con un hombre incapaz de entender tus enseñanzas es desperdiciar esas enseñanzas”. Quizás por eso las Analectas, libro que recoge el pensamiento del sabio chino, no es parte del currículum escolar nacional, ni siquiera una versión dibujada en manga de la excelente editorial alemana Herder.

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