Diario y Radio Universidad Chile

Año XVI, 12 de junio de 2024


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Carta para Vivian Lavín


Lunes 5 de enero 2015 11:18 hrs.


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Estimada Vivan,

Desde el año pasado, hace unos días atrás en realidad, que he tenido en mente escribirte acerca del notable comentario sobre los resultados de la PSU y Confucio (29 de Diciembre). Siendo un hijo de profesor de estado de la Chile, cuando ésta llegaba hasta Arica, tengo un familiar que dio la PSU y le tocaba ver los resultados. Lamentablemente no pudo rendir como se lo esperaba, siendo la principal preocupación el acceso con su puntaje a las ayudas o –como  a mí me parece justo llamarlas- las prótesis económicas para estudiar (becas y créditos).

Habiendo en mi familia más de tres profesores de diferentes generaciones, pasando por normalistas, de estado y luego pedagogos en diferentes áreas, me resuena y –por qué no admitirlo- me duele esta pertinente pregunta “Qué sentirá el maestro al ver a sus pupilos fracasar en esta PSU” y yo le agregaría otra: ¿qué sentirá la familia del maestro y del discípulo al ver a dos de los suyos decepcionarse, tener inseguridad como resultado de esta PSU? Pues para mí no hay diferencia de familia cuando verdaderamente el discípulo se acepta, se reconoce como tal y también reconoce como profesor a quien se le fuera asignado o –a veces- a quien pudo elegir.

Siento una enorme responsabilidad en estar con mi familiar y con mis amigos que no pudieron ir más allá del puntaje que querían, responsabilidad de estar con ellos – a pesar de la distancia, como la tecnología lo permita- esa responsabilidad de solidaridad, escuchar y proponer estrategias; nunca desde un plano supuestamente superior ni inferior, sino de estar realmente conectados. Pues como se lo dije a mis seres queridos, soy un tipo que me he equivocado muchísimas veces en la academia (y en varias cosas más), he reprobado ramos que se me han hecho difíciles y por momentos incomprensibles en la Universidad (cosa que no me tiene orgulloso); pero con convicción y tozudez –esa porfía de salir adelante- pude obtener mi licenciatura y ahora me esfuerzo por obtener mi master en tierras lejanas…

También me decepciono de resultados, no solo académicos –a veces- sino también de injusticias como ver que a un hijo del Sr. Larraín del Congreso –sin nada personal- si le dieran la beca Chile y a otros estudiantes con el mismo mérito no, cuando muchos fuimos compañeros en más de un ramo, cuando considero que si logras contribuir con publicaciones científicas a nivel internacional, Chile a través de sus instituciones debería darte ayuda –en forma de beca- para continuar desarrollándote y desarrollando conocimiento –no solo por las notas-.

Reconozco una injusticia también cuando me dijeron que la PSU era la herramienta que aminoraría la brecha entre los establecimientos particulares pagados y los municipales por el 2001y 2002; cuando en sí misma la PSU (desde el 2003) es un fracaso al haber acrecentado esta brecha, objetivo inverso de la principal motivación de implementarla por diversos equipos de “expertos en educación”  vinculados a los diversos partidos políticos post-dictadura. Siempre me pregunté de niño ¿por qué nunca el ministro de educación y la mayoría de sus asesores ministeriales de altos cargos no son profesores experimentados de trayectoria? De esos que han hecho clases en escuelitas en la montaña, del desierto, del campo vitivinícola, del campo frio sur, y de los hielos australes, pasando por las diferentes islas Chilenas del Pacifico.

Por esto me he dado el permiso de no creer al 100% en las notas, de no creer totalmente en las evaluaciones –no porque me convenga- sino porque las evaluaciones no logran explicarme significativamente que habiendo reprobado ramos en otro sistema de educación pueda irme mucho mejor, en otro idioma, lejos de casa y sin beca de mi país. He tenido la suerte de pasar por algunas de las mejores instituciones académicas de Europa, como l’Institut de Sciences Politiques de Paris, l’Université Pierre et Marie Curie y recientemente por el Imperial College London; aunque este último en una escuela de verano, puedo decir que alguna vez me senté a escuchar activamente a diferentes académicos de ahí hablarme de innovación, emprendimiento y calentamiento global.

Un réproba-ramos “un porro” no debería llegar a estos centros, ni siquiera en una gira de estudio; entonces ¿no será que nuestras evaluaciones no sintonizan suficientemente bien las habilidades de nuestros niños y jóvenes? ¿no será que la educación debe dejar la tendencia de instrumentalización con pruebas que pretenden medir el grado de desarrollo intelectual o siquiera de conocimiento? ¿no será que es necesario ir por una dinámica en el aula de integración del conocimiento? Porque hoy en día, al menos en el desarrollo sustentable y en la problemática medioambiental (dos temas fundamentales y transversales) son múltiples las variables y factores a considerar para mejorar nuestra calidad de vida, desarrollo económico y pretender formar estos a través de un proceso sustentable.

Cuando miramos nuestros valles trasversales, pampas, ríos y quebradas nortinas alcanzados por la contaminación, a veces por drenaje ácido proveniente de la actividad minera, son múltiples los factores a considerar para mitigar esta contaminación. Se debe considerar la calidad del agua, los minerales que hay en ella y en el sedimento, el estado o especiación de dichos minerales y metales, junto con la actividad biológica presente en el lugar que está asociada a este estado de componentes minerales (pues está comprobado que hay bacterias y plantas que pueden captar metales o liberarlos al ambiente acuoso, por ejemplo el Thiobacilus ferroxidans o el Atriplex sp.).

El punto es que, teniendo tantos y variados factores a considerar, nuestra educación –me atrevo a decir-  debería ir hacia una integración ordenada del conocimiento. En donde conceptos de química, de mineralogía permitieran formarme –como estudiante de enseñanza media- una idea o mapa conceptual de los procesos que se están llevando a cabo en estos ríos y quebradas contaminados; luego también aplicar conceptos de matemática, que me ayuden a tener un lenguaje universal de ecuaciones y optimización que me permitan modelar los conceptos de química y mineralogía para explicar el estado de contaminación de estos ríos; y desde ahí también buscar una solución.

No esta demás decir que conceptos matemáticos nos ayudaran a entender los factores económicos que han llevado a Chile a tener la necesidad de variar su modelo de desarrollo de extracción de recursos naturales por otro de agregar valor agregado y así tener oportunidades verdaderas  de innovación, para evitar tener contaminaciones de este tipo.

Finalmente, para que yo como estudiante de enseñanza media tenga ganas de estudiar, necesitamos también una sociedad más justa, más enamorada y empoderada de nuestro país. Para ello es necesario estar conscientes de lo que tenemos como Chilenos en cuanto a recursos naturales (minerales, bosques, peces, vinos, etc.), cultura (pueblos originarios Aymaras, Mapuches; música, danza, poesía, teatro, etc.); y en qué estado los tenemos. Si yo como estudiante de enseñanza media sé que mi comunidad valora que se valore lo que tenemos e investigar en qué estado lo tenemos; entonces ya de base estoy siendo compensado y por tanto, motivado a estudiar, a aprender, a intentar ser autodidacta, a hacerme preguntas, a ser –entonces- consecuente, trabajador.

Entonces, Vivian, como mencionaste a Confucio el 29 de diciembre, ya no estudiaríamos para impresionar (cita contraria a la de Confucio), sino lo haríamos para formar una mejor sociedad.  Como lo describiera Erich Fromm (en su obra El arte de amar), “la productividad es la relación activa y creadora del humano para consigo mismo, con su prójimo y con la naturaleza” o sea la relación activa y creadora con su entorno, en este caso con su país. Podríamos, entonces, proyectar incluso un Chile muchísimo más productivo si nos educamos para comprender lo que tenemos y en qué estado lo tenemos.

Gracias por leer hasta aquí.

Freddy Medina

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