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Año XIV, 1 de diciembre de 2022

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Economía neoliberal, economía de sobrevida


Martes 17 de marzo 2015 10:39 hrs.


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El país ha crecido, afirman los panegiristas del modelo, algunos aseguran incluso que se ha desarrollado, pero el número de los beneficiarios  sigue siendo reducido. Los marginados, los periféricos, los olvidados son legión, y estas legiones son tan impresionantes por el número de sus miembros como por la modestia de sus recursos.

Resulta sorprendente, por ejemplo, que el número de asalariados sea tan reducido (5 millones) para una población que  supera, los 17 millones de habitantes. Esto representa una población activa de alrededor del  30 por ciento que puede ser considerada como poseyendo un empleo normal y una remuneración regular. Es decir una minoría importante de nuestros trabajadores efectivos, pero no más que una minoría.

El resto de los activos constituyen de un modo u otro ese gran ejército de reserva, como lo llamaba Carlos Marx, que está compuesto en Chile no solo por los cesantes,  sino por los millones de nacionales, así como extranjeros, que día a día circulan por las ciudades, vendiendo objetos, mercancías o servicios tan diversos por su naturaleza como por su origen.

Nunca como hoy en día el comercio ambulante y, en general, la economía llamada informal ha tomado tales proporciones, ni siquiera en los peores momentos del  precedente modelo desarrollista  tan vilipendiado por sus detractores neoliberales. Las masas de vendedores callejeros de todas las edades que pasan de la mañana a la noche esforzándose por asegurar la sobrevida, se ha convertido en una hecho mayor de nuestra vida social que solo los beatos adoradores del modelo chileno no quieren ver o tratan de disimular.

Hombres y mujeres; niños, jóvenes y viejos; cesantes ya sin ilusiones, activos subpagados , jubilados con pensiones esmirriadas, minusválidos, estudiantes, toda esta inmensa humanidad de necesitados , miembros de una clase de hecho pero aún no de conciencia, invierten la totalidad de su tiempo, y de sus fuerzas, en la tarea de reunir, familiar o individualmente, los recursos imprescindibles para sobrevivir.

Hay entre ellos, no cabe duda, quienes resisten a someterse a la explotación a ultranza de los grandes patrones, pero a veces también de ciertos pequeños empresarios,  unos  abusadores  que ofrecen salarios vergonzosos por jornadas interminables. Pero la masa de esta fuerza laboral para la cual no existe a menudo otro hábitat económico que la calle, está constituida de marginados del modelo económico, de laissés pour compte del neoliberalismo, de personas para quienes el horizonte económico esta obstruido por causa de edad, de aislamiento social, por falta de oportunidades o …por falta de educación.

Como decía un historiador inglés refiriéndose a la miseria que irradiaban los primeros años del capitalismo en su país: a los pobres les quedaban solo dos caminos, la sumisión o la revuelta. Pareciera que hoy en nuestro país no queda más que el primero. Ojalá nos equivoquemos.

José Manuel Aguirre Cerda

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