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Por qué no hay crítica cultural en Chile

Columna de opinión por André Jouffé
Jueves 16 de abril 2015 10:17 hrs.


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Según el dramaturgo magallánico Fernando Josseau, desde los fallecimientos de Yolanda Montecinos en su época seria y cuyas opiniones encontraba satisfactorias y el de Hans Ehrmann, que calificaba de mediocres, en Chile no existe la crítica cultural en los medios masivos.

Lo que tenemos es crónica cultural que abarca desde lo docto hasta la farándula. Italo Passalacqua también perteneció al contingente de los serios hasta que su afán de continuismo televisivo, lo hizo caer en los programas basura.

Es complicado el trabajo del crítico. Si el New York Times o el Washington Post desaprobaban una película, ópera o cualquier expresión artística, era hundirla apenas después del estreno.

En la actualidad los parámetros han cambiado. Las alusiones a las obras son matices, observaciones superficiales, inclinadas a la generosidad. Las películas chilenas, algunas de ellas espantosas, son tratadas con benevolencia y se destaca la música o la fotografía y vista gorda sobre el resto. El asunto es no perjudicar la sacrificada producción nacional. Similar con la ópera y el ballet. La razón: desincentivaría a los escasos auspiciadores para proyecto futuros.

Hay atenuantes para explicarlo pero no son justificaciones.

Cada producción, especialmente la de cine norteamericano, invierte millones en publicidad; una crítica destructiva aunque se trate de un bodrio significa automáticamente un castigo al medio y una rebaja en la parrilla que no deja de ser considerable.

Entonces resulta más cómodo recomendar el film o el espectáculo musical poniendo énfasis en los efectos especiales, los rostros de famosos que se han prestado para estos programas y así, excusas no faltan.

Otro factor importante y que ahuyenta la crítica es que el público concurre masivamente a los best sellers y castiga lo bueno. Ante tales argumentos, empresarios, autoridades y los propietarios de los escenarios piensan en su bolsillo y que la cultura en su acepción correcta sea asumida por el Estado a través de fondos concursables y similares.

En Punta Arenas, una orquesta de cámara y un pianista contaron con escasa concurrencia, en cambio una maratón folklórica o una academia de baile, un lleno total. ¿Qué argumento puede esgrimirse ante auspiciadores o autoridades?

Tenemos excepciones como Las Jornadas Culturales de la Fundación Sharp y Cielos del Infinito. Ellos saben manejar la captación de audiencias y aun cuando a veces no han llenado la taquilla, su promedio de asistencia es extraordinaria, pese, a que insisto, en determinadas oportunidades hemos visto platea raleada.

Esto del periodismo crítico llevado a la investigación, recién en estos meses ha reventado como bomba atómica con Penta, Caval y otros ejemplos y han caído moros y cristianos.

Pero me intriga saber que ocurriría por ejemplo si atacamos Coca Cola Company, que ya no es solo la bebida que hizo cambiar de color al viejito pascuero del verde al rojo. La empresa de Atlanta acapara totalmente la línea de jugos, incluso Watts, Minute Maid, Andina y unas sucedáneas versión similar a Bilz y Pap. Cervecerías Unidas esta aún a salvo.

Toquemos a Nestlé. Se desencadena la furia de Costa, Carozzi, la línea amplia del Dos en Uno y los Trencitos y tantos otros caramelos incluso Ambrosoli.

Ellos nos indican por ejemplo la cantidad de sodio de cada bebida, pero nadie suma la de los otros productos ya sea lácteos, dulces y otros alimentos.

El cuerpo humano necesita solo el equivalente en sal de lo que cabe en la tapa de un BIC. El resto está demás.
Antes de la llegada del azúcar, todo lo dulce provenía de la miel. En el Medio Oriente, por mencionar algo, los habitantes tenían la dentadura hecha mierda, dicho en buen chileno.

En el siglo XIX y comienzos del XX el menú cotidiano de la clase media consistía en cuatro platos desde la entrada, sopa, plato de fondo y postre no fructuoso. Y la gente no padecía tanta diabetes ni obesidad como ahora.

Caímos en la comida que también es cultura. El tema central hay o no hay crítica cultural masiva en Chile: no.

La mejor película de 2012, “Melancholia” de Lars von Triers, no llegó a América del Sur porque el danés, judío de madre él mismo, ironizó simpáticamente sobre Hitler. El dueño de la distribuidora de origen semita decidió no traer el film al continente y así dejarnos sin la opción de decidir por nosotros mismos los quilates del largometraje.

Corporaciones culturales como el Teatro del Lago saldrían enormemente perjudicadas si un programa fuese destruido por la crítica, ya que son millones de dólares invertidos a veces en espectáculos de envergadura que simplemente puede que no sean del gusto del público, o del conocedor. Y en Chile por ahora se impone el silencio ante el comentario.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.