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Ley de cuotas, un mal necesario

Columna de opinión por Carolina Pérez
Lunes 4 de mayo 2015 9:36 hrs.



El recién pasado 1 de mayo, se realizó como todos los años la marcha correspondiente al día internacional del trabajador. Miles de personas de distintas instituciones, tanto organismos públicos como privados tiñeron la Alameda con banderas de diversos colores para dar a conocer las demandas laborales, ya sea por falta de oportunidades, por abusos, por dignidad, por salarios justos, por la no discriminación, etcétera.

Uno de estos grupos humanos era precisamente las personas en situación de discapacidad. Les recuerdo que como lo he mencionado en columnas anteriores, sólo el 1% tienen contrato laboral. Y según la última encuesta nacional de discapacidad, ya realizada en el año 2004 (la nueva encuesta se esperan resultados para diciembre de este año) arrojó que cerca del 80% no trabaja.

Al observar esta situación me doy cuenta de que pagan justos por pecadores, las razones la daré a conocer un poco más abajo.

La realidad desde hace muchísimos años es que el Estado de Chile jamás se ha hecho cargo de la igualdad oportunidades, ni de inclusión laboral de las personas en situación de discapacidad, hoy se debate la famosa Ley de cuotas, que fue aprobada por el Senado pasado viernes atrás y que obligará, repito, obligará tanto las instituciones públicas como privadas a que el 2% de su personal sean personas en situación de discapacidad.

Y este tema del 2% lo encuentro sencillamente terrorífico, las razones, simples. Ningún ser humano funciona de manera óptima por obligación, ni tampoco las empresas. Por otro lado, siendo realistas si no se obliga, jamás se va a contratar. Por lo tanto es un mal necesario.

Sin embargo siento que este tema va muchísimo más de fondo, y realizando un escáner sociológico la pregunta del millón es:  ¿Por qué las empresas y organismos públicos no contratan?. Durante muchísimo tiempo he hecho esta pregunta tanto en mi programa radial ‘Saliendo a Flote’ como empresarios, personas en situación de discapacidad, líderes de las organizaciones, personas de la sociedad civil, estudiantes, docentes, etcétera.

Las respuestas son variadas, pero todas ellas tienen un denominador común. Las personas en situación de discapacidad en este país y en gran parte de Latinoamérica somos vistos como sujetos de caridad, de asistencia, víctimas de un paradigma cultural de llanto y dolor. Y nuevamente caigo en que gran parte de la responsabilidad la tiene el espectáculo televisivo de la teletón.

Ustedes, que están leyendo esta columna, me pueden decir cómo las empresas nos van a contratar si lo único que han visto desde el año 1978 en televisión es, drama, dolor, llanto, dependencia, asistencia, la silla de ruedas se ve como el peor enemigo, el bastón de un ciego es la extensión de su depresión, que las personas con síndrome de Down son ángeles, y que con una discapacidad cognitiva la familia está prácticamente sumida en un castigo eterno. Eso es lo que nos deja el espectáculo televisivo de 27 horas.

Sin embargo la realidad es diferente, hay grandes docentes en situación de discapacidad, grandes abogados en situación de discapacidad, grandes fundadores de empresa de capacitación en situación de discapacidad, grandes  comunicadores audiovisuales en situación de discapacidad, grandes diseñadores en situación de discapacidad, grandes líderes en situación de discapacidad, grandes abogados en situación de discapacidad, personas con síndrome de Down que son líderes por su nivel de competitividad y así muchísimos otros.

El día 1 de mayo, estos colectivos marcharon con banderas negras. La razón: ‘No hay nada que festejar ni celebrar ese día’. Esas fueron sus palabras.

Cuando en el párrafo superior me refería a que pagan justos por pecadores, es a lo siguiente: una gran cantidad de personas en situación de discapacidad que tienen trabajo, tienen todas las condiciones laborales para poder desempeñarse, pero como todo ser humano irresponsable, llegan atrasados, avisan por whatsapp que no van a ir a trabajar y lo que es peor aún, renuncian por Facebook.

La ley de cuotas sin duda será un trampolín que permitirá dar a conocer a muchos empresarios y directores de instituciones públicas las competencias que tenemos muchísimas personas en situación de discapacidad. Pero ese trabajo es sólo una parte, la segunda parte corresponde a nosotros, empoderarnos, buscar, levantar la cabeza, y proyectar a través de esa creencia individual que la ley de cuotas no es lo que nos permitirá mantenernos en un trabajo, sino que el despegarnos de esta tela de araña asistencialista que deja año a año, sistemáticamente el espectáculo televisivo de la teletón.

No somos sujetos de caridad, somos seres humanos con derechos y deberes pero no tenemos ninguna autoridad para reclamar por derechos si no conocemos otros deberes primero.

El Estado descansado durante años y lo seguirá haciendo porque no somos su prioridad. El parlamento duerme día a día porque no se entiende bajo ningún punto de vista que las personas que están sentadas y apernadas en ese lugar, no deben bostezar en esos asientos que los hacen ver más grandes de lo que son. Los empresarios no nos necesitan y serán obligados a contratarnos. Entonces, ninguna de las cosas mencionadas anteriormente no favorece, cambiemos nosotros esa realidad, tomemos el toro por las astas, las riendas de nuestra propia vida, seamos partícipes, creadores y protagonistas de este cambio que la única manera en la que puede comenzar es por nosotros.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.