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Cuando el Día del Patrimonio también es un juego

Columna de opinión por André Jouffé
Lunes 25 de mayo 2015 17:04 hrs.


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En Friburgo, Suiza, no solo existe un día, sino que varios domingos o festivos dedicados a inculcar el concepto del valor del patrimonio en sus habitantes.

Para tal efecto organizan un recorrido de visitas a lugares simbólicos para las familias. Son veinte puntos y en los días previos reparten un cuadernito y mapa con cruces de donde deben concurrir como una especie de ralley.

En cada sitio, los espera una persona que estampa un timbre dejando constancia de la visita. Al final del recorrido que dura cerca de siete horas, en una ciudad de 50 mil habitantes pero con muchos cerros, quienes cumplen el cometido reciben un pequeño reconocimiento.

Es un juego muy popular, que calza con la mentalidad europea. Es cierto que hay monumentos de tiempos romanos y edificios centenarios, pero el tour también incluye centros culturales y ejecuciones modernas.

El recorrido fue inventado por un hombre casi enano, Hubert Audriaz. De origen muy humilde hizo fortuna con sus dibujos e invenciones. Lo conocí hace cuatro años y es casi una caricatura. Todos sus ingresos los invierte en un mini Disneyworld, muy ajeno al capitalismo, sin fines de lucro, con juegos muy originales ya la entrada es gratuita. Audriaz costea el mantenimiento y los sueldos de su bolsillo con las obras que vende. Su trauma más grande es que el inmueble donde vivía cuando niño pobre, él y doce familias tenían un solo baño. En la necesidad, estaba siempre ocupado.

En los habitantes europeos en general, existe un concepto y una conciencia muy clara en cuanto al patrimonio, lo cuidan con esmero y a nadie se le ocurriría un graffiti.

Quienes sí han atentado en contra del patrimonio desgraciadamente han sido inmigrantes que manifiestan su descontento por el trato recibido de parte de los racistas o la situación económica por la que atraviesan. También jóvenes, hijos de extranjeros que de alguna forma desean expresar su rabia. O chilenos que viajan al Perú.

El fenómeno del vandalismo se capta ya en Paris. Pero constituyen excepciones. El gran mérito es que en esos días de patrimonio o monumentos y museos puertas abiertas, uno encuentra lo mismo que yace en el interior o exterior y no objetos que han sido desplazados fuera de su punto de origen por razones diversas, y los reponen solo por un día como ocurre en algunas ciudades chilenas.

El 31 de mayo, centenares de lugares de interés y ojalá lo que aprecian los visitantes ese día, permanezca en los sitios donde los verá el público en el futuro y no aterrice en una oficina y otra repartición que no le corresponde y que la prestó sólo por el día. Ese préstamo es falso porque el verdadero propietario es el inmueble que la aloja el día de la visita.

Conste que el célebre obelisco de Paris fue sacado del templo de Luxor a instancias de Champollion. En agradecimiento, Francia ofreció un reloj que adorna hoy día el patio de la mezquita de Muhammad Alí, en la ciudad de El Cairo, pero, según dicen los cairotas, nunca funcionó. Un robo.

Ojalá el clima permita una caminata cultural al estilo Friburgo en Chile. De lo contrario, hoy no se paga estacionamiento de manera que el desplazamiento en cuatro ruedas también es gratis. Sugiero almorzar temprano o regalarse con un buen desayuno pues cuando se interrumpen estos recorridos, salir de nuevo da una soberana lata.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.