Diario y Radio U Chile

Año XI, 19 de julio de 2019

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La soledad de Salvador Allende

Eduardo Villlegas Cartas al Director |

  Domingo 6 de septiembre 2015 20:23 hrs. 

Señor Director

Se acerca otro aniversario del fatídico 11 de septiembre que dio paso a una feroz dictadura que pulverizó nuestra democracia, y que cambió nuestra escala de valores por el individualismo, el egoísmo y la competencia. A través todo este largo tiempo, se ha ido decantando -como las impurezas en un líquido que se depositan en un recipiente-, todos los pormenores de esta verdadera tragedia griega que golpeó letalmente a nuestra sociedad. Si hay algo que reconocerle a los norteamericanos, es -cada cierto tiempo-, la desclasificación de sus archivos secretos, principalmente de la CIA. A través de estos documentos, nos hemos enterado con estupor, los detalles de toda una operación de desinformación y de sabotaje económico contra la Unidad Popular que, hasta ese momento, jamás se conociera en el mundo.

Bill Colby, subdirector de Operaciones Especiales de la CIA en aquel entonces, confesó años después a la Comisión Church del Senado estadounidense, “que fue una experiencia de laboratorio que demostró la eficacia de la inversión financiera, para desacreditar y derrocar a un gobierno”. Cabe preguntarse ¿a quién iba dirigida esa inversión financiera?; no solo a la derecha, a El Mercurio y a militares golpistas, sino que además, a la Democracia Cristiana principalmente, al sector más conservador liderado por Patricio Aylwin. Según la Comisión del Senado estadounidense, la estación de la CIA en Santiago se dedicó a recoger toda la información necesaria, para un eventual golpe de Estado. “Lista de personas a detener; infraestructuras y personal civil que debían ser protegidos con prioridad; instalaciones gubernamentales a ocupar; planes de urgencia previstos por el gobierno (entrante) si se diera un levantamiento militar”.-

Pero, lo más relevante e impactante en mi modesta opinión, fue según el ex funcionario del Departamento de Estado, William Blum, que: “toda esta información sensible de Estado, fue obtenida a partir de la “compra” de altos funcionarios y dirigentes políticos de la coalición partidaria de Allende, la Unidad Popular”. Evidentemente, la “inversión financiera” fue canalizada hacia los “compañeros” del Presidente Allende para dar “información sensible de Estado” a una potencia extranjera, lo que constituye una gran traición no solo a Chile y a su gobierno Constitucional, sino que a su propio camarada. Sería interesante saber quiénes fueron estos personajes que claudicaron y se vendieron a un enemigo poderoso, olvidando sus convicciones revolucionarias que pregonaban a los cuatro vientos. Con la perspectiva que da el tiempo, la historia se va reconstruyendo en la medida que van aflorando los hechos que han sido sepultados, para permanecer en la impunidad.

Los ex colaboradores del Presidente Allende que ayer presumían de revolucionarios, hoy son prósperos empresarios, lobistas, operadores políticos e intransigentes defensores del pensamiento único de esta sociedad neoliberal de la dictadura, como también enemigos de una Asamblea Constituyente. Para unos, Allende es solo el sueño de los pueblos que siempre anhelan una vida distinta. Otros, lo quieren asimilar al sistema resaltando su calidad de “político pragmático”, y no faltan aquellos que declaran que el Gobierno Popular fue un error para, así, negar hoy toda posibilidad de transformación y de cambios. No faltan los que van más allá, como el actual embajador de Chile en Argentina Viera-Gallo, que reniega de su pasado “revolucionario”, y se arrepiente de haber formado parte del Gobierno Popular. Hasta hace pocos años algunos decían ser “sus amigos y compañeros de lucha”, buscando afanosamente despojarlo de su condición de revolucionario, reduciendo su figura y personalidad a la de un idealista, negando sus profundas convicciones revolucionarias, demostradas en toda su vida de luchador social. Estos “amigos”, hoy propagandistas del modelo neoliberal, y de la teoría de “humanizar” el capitalismo salvaje, algunos de ellos como el inefable Enrique Correa, con grandes empresas y consultorías, son fiel expresión de su conversión al sistema capitalista neoliberal globalizado. Asesores de empresas que fueron arrebatadas al Estado como SQM, de propiedad de Ponce Lerou, conformando una repugnante relación.

No faltaron los tontos útiles como muchos militantes DC., que fueron utilizados y manipulados como pieza fundamental en el derrocamiento de Salvador Allende. Jóvenes demócrata cristianos que trabajaban en el mineral El Teniente en abril del 73 empezaron por motivos fútiles, una huelga que se dominó “del 43%”. Se creó una matriz de opinión del régimen donde se les hizo creer que, sus hijos, serian reclutados y llevados a Cuba; donde los sentimientos patrióticos se fueron transformando en odio profundo, hacia ese “régimen oprobioso” hasta el punto de que estaban dispuestos a dar sus vidas, por “salvar a su país del comunismo”. Fueron miles los trabajadores que poco a poco fueron manipulados e influenciados tanto a través de la desinformación los medios de comunicación como también, en la sede del Partido Demócrata Cristiano en Rancagua, donde se daban las instrucciones para mantener el conflicto. Allí, en esa guarida de golpistas, se organizó la toma de Radio Rancagua, la que se transformo en un bastión del odio, junto a Guillermo Medina el “sindicalista” de la dictadura, nombrado a dedo por Pinochet presidente de los trabajadores. Se organizaban “cacerías” para apalear a aquellos que se consideraban rompehuelga, denominándolos “patos blancos”. Se llegó a guardar en el Congreso Nacional suficiente dinamita como para hacer volar el edificio entero. Después de utilizar los explosivos en actos terroristas como voladura de oleoductos, torres de alta tensión, pasos nivel, etcétera, eran alojados por cientos en la Universidad Católica de Santiago, y en la sede del Partido Demócrata Cristiano en Santiago. Estos grupos violentistas la mayoría militantes de base DC, realizaban sus fechorías conjuntamente con grupos de Patria y Libertad, con la anuencia y venia de altos dirigentes de la Falange.

Ante este patético escenario el Gobierno del Presidente Allende, se vio acosado por todos los flancos; por un lado, la feroz injerencia de Estados Unidos que, a través de la CIA, compró conciencias y voluntades, y permeó valores y principios -si es que los habían-. Por otro, la agresiva campaña nacional e internacional de los medios de comunicación de desprestigio contra su gobierno, sumando el desabastecimiento programado de todos los productos de primera necesidad. Pero, lo más grave e indignante, es cerciorarse -a través de estos documentos- de la colaboración de altos funcionarios y dirigentes políticos de los partidos la Unidad Popular, que prestaron a los enemigos de Chile y a su gobierno. ¿Dónde quedaron los miles de trabajadores y militantes que, a una orden de partido-como lo pregonaban en las radioemisoras- saldrían a las calles a defender el Gobierno Popular? A buen entendedor, pocas palabras.

Para el tanquetazo del 29 de junio de 1973 cuando un sector del regimiento Blindado de calle Sta. Rosa se sublevó contra el Gobierno, el General Prats fue el héroe que, arriesgando su vida, logró neutralizar a los sediciosos. Ahí no hubo, al parecer, orden o llamado de partido para reunir a las masas. La gigantesca concentración fue convocada por algunos medios gobiernistas, pero, en gran parte, fue espontánea para apoyar al Presidente. Finalmente, Allende terminó defendiendo su Gobierno, solo acompañado por un puñado de valientes, e incondicionales. Como dijo Gabriel García Márquez, “murió defendiendo un sistema caduco que él se había propuesto cambiar, sin disparar un tiro”-

“…Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza  de que mi sacrificio no será en vano; tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición”. Pero también, la gran traición de sus “compañeros de lucha”. Es increíble hasta dónde es capaz de llegar la miseria humana. Saquemos nuestras propias conclusiones; yo, ya tengo la mía.