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Chile – Bolivia: Educar para la paz

Leonardo Aguiló Cartas al Director |

  Lunes 28 de septiembre 2015 10:25 hrs. 

Señor Director:

Por estos días, hemos visto que ha existido un nacionalismo exacerbado en Chile y en Bolivia a propósito del fallo de la Corte de La Haya, la cual, se declara competente para conocer la demanda boliviana.

Dicho nacionalismo exacerbado se expresa, en ambos países, con manifestaciones de diverso tipo: En las redes sociales (destaco aquí, la cartografía nacionalista, que, por ejemplo, muestra a Bolivia con salida al mar por Venezuela), actos en las plazas públicas con niños vestidos de marineros (hecho ocurrido en Bolivia), insultos por distintos medios, los llamados “memes”; destaco uno que simboliza el deterioro de Reñaca con la llegada de mujeres Aymarás a sus playas, etc. Todos ellos, son la expresión más pura de esta suerte de odio al otro por el simple hecho de haber nacido en un territorio y en una sociedad supuestamente muy distinta a la propia.

¿Qué es lo que nos ha llevado a este clima de hostilidad en uno y otro país a nivel social?

Entendiendo que la educación es el proceso mediante el cual la sociedad transmite información, visiones de mundo, valores, etc., todos los símbolos nacionalistas y el respeto hacia estos hasta el punto de dar la vida si es necesario; son parte de dicho proceso. Dicho de otro modo, lo que planteo es que tanto en Chile como en Bolivia, los estados han educado a la población para el odio al otro (todo nacionalismo exacerbado necesita enemigos).

Si revisamos las bases curriculares del programa de Historia y Ciencias Sociales de 6º básico y 2º medio, son ambos cursos en los que se trabajan las relaciones bilaterales con Bolivia; en ambos la inspiración que moviliza a que los estudiantes comprendan los procesos históricos nacionales y regionales planteados desde el MINEDUC (entiéndase, discurso histórico del Estado) se relacionan con el “Respeto y valoración de la diversidad humana: esta asignatura pretende (…)lograr una sociedad más inclusiva en la que las diferencias sean apreciadas”(al menos en el discurso). Si usted revisa, los contenidos mínimos obligatorios, o bien, toma el texto escolar de su hijo/a; se dará cuenta que, lo que aparece sobre Bolivia, en relación con Chile, son fundamentalmente dos procesos: La Guerra de Chile contra la Confederación Perú – Boliviana y la mal llamada “Guerra del Pacífico”. El Contenido mínimo obligatorio asociado a esto es que los estudiantes deben tan solo “Identificar los conflictos internacionales que tuvo Chile y la ampliación territorial”.

Alguien podrá decir que existen los OFT (Objetivos Fundamentales Transversales), que tienen por propósito inculcar valores y eso es cierto, sin embargo, hay otro gran problema: Las pruebas estandarizadas, por las que todo profesor se encuentra agobiado; no evalúa estos OFT, sólo son pruebas que evalúan  contenido, por lo que el tiempo para desarrollarlos no está contemplado. Depende del compromiso de los profesores con estos valores, quienes a su vez, poco tiempo y espacio tienen para flexibilizar aquello. Dicho de otro modo: Al estudiante no se le evaluará hasta qué punto es tolerante, sino que, se evaluará cuánto sabe de los cambios en el mapa tras las guerras.

Muchos definen el currículum como un contrato, en el cual, el Estado se compromete con la sociedad a educar en todos los ámbitos que allí aparecen; no es menos cierto que dicho “contrato” es también una INTENCIÓN y como tal, está cargada de ideología. ¿Qué intención existe de educar en el nacionalismo exacerbado al punto de caer en el odio hacia el que es distinto?

Intereses de Estado. La unidad nacional, a visión de ellos, no podría lograrse sin un enemigo externo. Esta es, a mi juicio, la intención por la que estamos educando a generaciones y generaciones en el odio al otro por el hecho, en este caso, de vivir en otro país (hay varios ejemplos más).

A quienes trabajamos en educación con vocación, nos debería mover siempre; educar para la paz. Y a mi juicio, no hay que inventar nada nuevo. Se trata simplemente de que el contenido que deben aprender nuestros estudiantes, sean congruentes con lo ya planteado en las bases curriculares (respetar la diversidad cultural). Sin olvidar el hecho doloroso de la guerra y que debería enseñarnos a unirnos para que nunca más vuelva a ocurrir, mi propuesta es que deberíamos destacar aún más que, chilenos y bolivianos hemos vivido muchos más procesos de unión que de desunión. Sí, lo repito: Hay muchos más procesos de unión que de desunión:

Luchamos juntos para independizarnos de España, luego; en 1869, luchamos juntos nuevamente contra ese mismo país, tenemos acuerdos culturales, comerciales, políticos, etc. A nivel de pueblos, tenemos muchas luchas en común por ganar nuestros derechos. El ejemplo más clarificador es, a mi juicio, lo ocurrido en la Escuela Santa María de Iquique, cuando el cónsul boliviano le dijo a sus compatriotas que sus vidas corrían peligro, pues, ellos respondieron: “Nosotros con chilenos vinimos, con chilenos morimos” (Extraído del estudio “Chile – Bolivia, Bolivia – Chile. 1820 – 1930”). Nuestras policías controlan en conjunto las fronteras para evitar problemas tales como el narcotráfico. En ambos territorios vive una etnia riquísima en su cultura: Los Aymarás, de quienes tenemos mucho que aprender. La lista es larga y sirve mucho más para lograr en el caso chileno y boliviano el propósito de una necesaria inspiración curricular.

Lo mismo deberíamos hacer en el caso de Argentina, Perú, los Mapuche y muchos más. Lo mismo deberían hacer los bolivianos, los peruanos y todo el mundo.

Leonardo Aguiló Acevedo.

Profesor de Historia, Geografía y Ciencias Sociales.

Magíster en Desarrollo Curricular y Proyectos Educativos.

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