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La irrupción de Insulza

Columna de opinión por Juan Pablo Cárdenas S.
Martes 1 de diciembre 2015 9:02 hrs.


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El reciente nombramiento de José Miguel Insulza como agente chileno ante el Corte Internacional de Justicia de La Haya es, en la práctica, una decisión gubernamental que le otorga mayores facultades que la sola interlocución con el principal tribunal del mundo. Desde el momento que asumió, Insulza empezó a oficiar como un embajador de amplio rango, de modo que su fuerte personalidad amenaza con opacar, incluso, a la figura del propio Canciller Heraldo Muñoz. Es imposible que Insulza se conforme con una misión tan específica, cuando por tantos años se ha desempeñado como ministro de Estado, vicepresidente de la República y, durante dos períodos consecutivos, como secretario general de la Organización de Estados Americanos.

Es más: con su nombramiento, inmediatamente surgieron las especulaciones en cuanto a la oportunidad que le abre este cargo para posicionarse más activamente en la vida política chilena. Sobre todo dentro del oficialismo que, como se sabe, está tan afanosamente preocupado por definir al sucesor de Michelle Bachelet. En el deseo, incluso, de capturar apoyo de la propia derecha chilena y de los grupos empresariales renuentes aún a la idea de que Sebastián Piñera vuelva a acceder a La Moneda.

La figura de Insulza, desde luego, hasta podría opacar la soterrada postulación del propio expresidente Lagos y, de seguro, afectar las pretensiones de la Democracia Cristiana de imponer a un militante de sus filas como abanderado presidencial de la Nueva Mayoría. Como se le reconoce, Insulza es una figura política que puede oficiar muy bien de bisagra entre socialistas y falangistas. Al mismo tiempo que podría resultarle mucho más cómodo que un DC a comunistas, pepedés y otras agrupaciones

Pero todo dependerá, por supuesto, de su desempeño y cometido mediático. Así como están las cosas, el gobierno boliviano no tiene interés alguno en echar pie atrás en su demanda al Tribunal de La Haya y tampoco manifiesta interés en negociar con Chile antes que sea esta instancia judicial la que fuerce las conversaciones binacionales. Menos aún si nuestro país, y el propio Insulza, insisten en que no habrá cesión alguna de soberanía a peruanos y bolivianos. Una posición de suyo rígida, pero que, por ahora, le entrega dividendos de parte de una población por lo general contraria a cualquier negociación con nuestros vecinos que pueda alterar nuestros límites y fronteras vigentes.

Pero se sabe, sin embargo, que en José Miguel Insulza lo que más prevalece es su pragmatismo político, lo que para algunos es simplemente oportunismo. El país podrá recordar cómo, luego de sufrir un largo exilio por sus ideas vanguardistas, se convirtió después fue uno de los adalides del esfuerzo gubernamental por liberar a Pinochet de un juicio internacional, traerlo desde Londres y liberarlo, en la práctica, de una condena judicial en Chile. Del mismo modo que las aprehensiones que siempre tuvo Estados Unidos respecto del cargo de Insulza en la OEA derivaran, finalmente, en su complacencia por un desempeño en que Insulza le sacó el bulto a los temas más conflictivos de la Región, sin adoptar adhesión o compromiso alguno con los regímenes izquierdistas o revolucionarios de América Latina que tanto todavía fastidian al “imperialismo”. Un término, éste, que, por supuesto, Insulza dejó completamente fuera de su léxico a la hora de asumir tareas diplomáticas.

Es muy pronto, todavía, para descubrir si el nuevo Agente de Chile ante La Haya se propone usar su cargo como un trampolín para su posicionamiento más pleno en la política nacional. Su vasta y variada trayectoria realmente dificulta que éste se acote a las funciones específicas encomendadas por la Presidenta y no intente un posicionamiento que pueda retornarlo al Gabinete o retomar la propia Cancillería. Sobre todo cuando hacen agua las apuestas de Michelle Bachelet respecto del buen desempeño de su nuevo equipo político.

En efecto, en el descrédito que afecta al Gobierno, se estima que una personalidad como la del Panzer puede ser muy determinante en los desafíos electorales que vienen y que, por ahora, solo auguran niveles de abstención bochornosos. En el último Comité Político de La Moneda, los partidos socios estuvieron plenamente de acuerdo en que el éxito o fracaso de la actual gestión gubernamental será determinante en el propósito colectivo de retener el Ejecutivo y una cómoda mayoría parlamentaria.

Lo que parece más difícil de imaginar es que Insulza pueda concitar apoyo en el mundo político de la izquierda, en particular de los sectores extraparlamentarios. Cuando, hasta aquí, se ha demostrado contrario a la posibilidad de una Asamblea Constituyente, aunque ya se esté aviniendo a la posibilidad de una nueva Constitución, pero, desde luego, convenida por las cúpulas políticas y respetando las reglas del juego de la institucionalidad vigente. También extraña que en las entrevistas y alocuciones del Panzer, éste no aluda a la política económica que hoy nos está demostrando su cara más ingrata. Esto es, la del mínimo crecimiento y agudización de la desigualdad social.

Extraña, incluso, que no haya repudiado más explícita y contundentemente los despropósitos empresariales y la corrupción que envuelve a tantos políticos, tomando distancia de un fenómeno de descomposición que se desbocara durante el tiempo de la Concertación, donde él fue siempre uno de sus principales protagonistas. Pero lo que debemos reconocer en Insulza es que se trata de un político muy hábil y que, si se lo propone, pudiera mejorar con cierta facilidad su imagen pública y lograr una buena opción electoral, pese a que nunca haya triunfado en una elección ciudadana.

Quizás si lo que más conspira en su contra sea su ya avanzada edad y ese hartazgo popular generalizado con los referentes y políticos esta majadera letanía de promesas y rostros de 22 años de posdictadura. Aunque ya se sabe que siempre es muy difícil, si no imposible, sepultar las ambiciones políticas; en una actividad, en que hasta los muertos muchas veces resucitan.

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El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.