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La farsa y tragedia de la COP21


Lunes 25 de enero 2016 11:56 hrs.


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En forma coherente con los intereses a que está subordinada nuestra política exterior, el Canciller Heraldo Muñoz se mostró desbordante de satisfacción por los Acuerdos de la COP21. “Es un acuerdo no solo histórico, sino que la principal noticia de este siglo, y para un país vulnerable como Chile nos parece de la mayor importancia subrayar el contenido de estos acuerdos”, dijo el alto funcionario de gobierno, quien agregó: “Esto va a definir lo que va a suceder con el medio ambiente global durante lo que resta de este siglo XXI, y determinar la suerte de las generaciones actuales y futuras” (1). Lamentablemente, no podemos sino estar de acuerdo con esta última afirmación, aunque me temo que ello se debe a motivos diametralmente opuestos a los que provocan la satisfacción del secretario de Estado.

Bastante menos exultante se manifestó la experta y Coordinadora de Asuntos Políticos de Adapt-Chile, Paola Vasconi, quien señaló a través de un medio electrónico de nuestro país que “…es claro que el Acuerdo alcanzado no logró el nivel de ambición deseado y necesario para mantener el incremento de la temperatura media del planeta por debajo de los 2°C, de manera de evitar así una catástrofe climática sin precedentes en la historia de la humanidad, pero sí marca el punto de inicio y la Hoja de Ruta para la descarbonización de las sociedades y economías y el camino hacia la construcción de naciones resilientes a los impactos del cambio climático” (2).

Por su parte, el ministro Pablo Badenier, compartió la euforia del Canciller Muñoz por el Acuerdo alcanzado en París el pasado el 11 de diciembre y junto con insistir en que éste “tiene carácter vinculante” –contradiciendo la opinión de destacados expertos-  agregó que “será revisable cada cinco años”. Al mismo tiempo, aseguró que los compromisos adquiridos revelan “de manera importante la adaptación al cambio climático”, asunto que para Chile y otros países latinoamericanos “es altamente relevante por su vulnerabilidad a los impactos del calentamiento global” agregó el ministro. Junto con ello, el titular del Medio Ambiente subrayó la creación del Fondo Verde del Clima, el que dispondrá de US$100.000 millones y estará funcionando en plenitud, según se prevé, al año 2020. “La operación de este fondo verde representa una gran oportunidad…”, afirmó el secretario de Estado del Medio Ambiente (3).

El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, igualmente reaccionó entusiasmado ante el Acuerdo final de Paris. “Los mercados ya tienen una señal clara” (4) declaró Ban Ki-moon, después de haberse aprobado el Acuerdo. Al mismo tiempo, alabó la acción “del sector privado en la lucha contra el cambio climático” y estimó que las empresas han comprendido los riesgos y las oportunidades vinculadas al calentamiento global (5).  Para no sobrepasar el objetivo de 2º C de calentamiento global, “hay que ir más rápido y más lejos”, había declarado Ban Ki-moon, al inicio de la COP21, en una reunión efectuada el 8 de diciembre con unos sesenta ejecutivos de empresas, en el marco del “Caring for Climate”. En la ocasión, Ban Ki-moon había afirmado que “Las empresas e inversores piden un acuerdo fuerte en París, que envíe una buena señal al mercado” (6) y esa señal -claramente- fue enviada por nuestros gobernantes.

El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, también presente al inicio de la reunión en Le Bourget-Paris, se manifestó entusiasmado por las oportunidades de negocios que representa, eventualmente, la transición hacia una economía baja en carbono: “Pienso que la importancia de [la conferencia de] París residirá en la señal que vamos a enviar a los mercados”, había expresado Kerry, para quien la COP21 representó “una de las oportunidades económicas más importantes que el mundo ha tenido” (7). Por cierto, la misma energía y empeño desplegados para incorporar al sector empresarial a los negocios que se supone brindará la lucha contra el cambio climático, se utilizó durante las largas jornadas de discusión, a instancias de los Estados Unidos, Noruega y la Unión Europea, para intentar omitir toda mención a los derechos humanos y de los pueblos indígenas.

Así lo denuncia al menos, una de las organizaciones civiles que participó en el evento. “Como era de esperar, los mecanismos de mercado de carbono salieron convertidos en las recetas idóneas para “contener” el cambio climático, situación que favorecerá a las grandes empresas contaminadoras y aumenta el peligro de desplazamiento de los pueblos indígenas. Los que aunque tengan un reconocimiento jurídico sobre su territorio ancestral se ven expuestos a las políticas punitivas del Banco Mundial y otros organismos financieros internacionales, como es el caso del pueblo Sengwer de Kenia y su desplazamiento impulsado por los REDD” (8), vale decir, los incentivos económicos que se entregan a los países de menor desarrollo relativo para estimular la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, han sido utilizados para promover -en algunos casos- la erradicación de pueblos originarios de sus hábitat ancestrales, so pretexto de preservar el medio ambiente y reducir los niveles de CO2.

Sin embargo, los principales y más serios reparos al Acuerdo de la COP21 van muchísimo más allá. Como señala Silvia Ribeiro (9), durante el proceso preparatorio previo a la realización de la COP21, el borrador del texto hasta entonces negociado por los estados contemplaba fijar una meta de aumento global de 2° centígrados hasta el año 2100, cifra que era resistida tenazmente por los principales países emisores. Sin embargo, “sorpresivamente, países del Norte, que son los principales culpables del caos climático, entre ellos Estados Unidos y Canadá, así como la Unión Europea, anunciaron en la COP21 que apoyarían una meta global de máximo 1.5 grados centígrados. Según estimaciones científicas, esto implicaría reducir las emisiones de estas naciones “en más 80 por ciento hasta 2030, a lo cual los gobiernos de los países del Norte se niegan rotundamente” (10).

Como queda en evidencia, tanto por lo señalado por John Kerry en la misma conferencia de París, como también por el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, las motivaciones de los países que son actualmente los principales emisores de CO2 para aceptar un límite global máximo de emisiones, que significaría un aumento de la temperatura hacia fines del presente siglo de 1,5°C, nada tienen que ver con la preservación del medio ambiente. Lo que se pretende -como bien señala Ribeiro- es legitimar el apoyo a los subsidios públicos de tecnologías de geoingeniería y otras de alto riesgo, como la nuclear, así como el aumento del mercado de carbono y otras falsas soluciones (11). Así, la meta acordada en París no tendrá costos para los que sigan contaminado, pero si para los ciudadanos que tendrán que pagarlos vía impuestos. “La Convención aceptó desde antes de la COP21, que los planes de reducción de gases no son vinculantes (12). Son contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional, por lo que cada país declara intenciones, no compromisos obligatorios”, asevera Ribeiro en concordancia con la opinión de otros expertos. Es más, según la misma Ribeiro, de acuerdo con los estudios existentes a la fecha, la suma de las “contribuciones” de emisiones de CO2 que ha declarado cada país hasta octubre 2015, tendrá como efecto un aumento de la temperatura de 3° a 3,5° grados centígrados hacia el año 2100, por lo cual -aunque la meta global acordada en París sea baja- los planes reales están a la vista y la catástrofe sigue en marcha (13).

Marx refiriéndose a Hegel expresó en alguna oportunidad que los acontecimientos históricos primero se nos presentan como tragedia y luego -cuando se repiten en el tiempo- se reviven como farsa. En el presente caso podría decirse que se ha invertido el orden de los acontecimientos: primero ha tenido lugar la COP21, que ha sido una auténtica farsa y  solo queda aguardar la tragedia climática que sobrevendrá en los años venideros.

 

Notas:

(1) Diario “La Tercera”, 14 de diciembre de 2015 “Canciller: acuerdo del COP21 “es la principal noticia de este siglo”, edición electrónica en: http://www.latercera.com/noticia/tendencias/2015/12/659-660040-9-canciller-acuerdo-del-cop21-es-la-principal-noticia-de-este-siglo.shtml

(2) Paola Vasconi Reca, “el Mostrador”, 21 de diciembre de 2105; “Acuerdo de París: la necesidad de una Ley de Cambio Climático para Chile”, edición electrónica en:

http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2015/12/21/acuerdo-de-paris-la-necesidad-de-una-ley-de-cambio-climatico-para-chile/

(3) Ministro Pablo Badenier: “El cambio climático es la oportunidad de desarrollar políticas públicas que permitan disminuir la intensidad carbónica en nuestra forma de crecer”, sitio web oficial del Ministerio del Medio Ambiente:

http://portal.mma.gob.cl/ministro-pablo-badenier-el-cambio-climatico-es-la-oportunidad-de-desarrollar-politicas-publicas-que-permitan-disminuir-la-intensidad-carbonica-en-nuestra-forma-de-crecer/

(4) OFRANEH, “ De la farsa de la COP21 a la errática política nacional de cambio climático”, 16 de diciembre de 2015; http://ofraneh.wordpress.com/2015/12/17/de-la-farsa-de-la-cop21-a-la-erratica-politica-nacional-de-cambio-climatico/

(5) Diario “La Razón”, España, 8 de diciembre de 2015:”La ONU llama a las empresas de todo el mundo a luchar contra el cambio climático”,  http://www.la-razon.com/mundo/cop21-onu-cambio_climatico-empresas_0_2395560510.html

(6) Diario “La Razón”, op. cit. supra 5

(7) Diario “La Razón”, op. cit supra 5.

(8) OFRANEH, op. cit. supra 4.- En cuanto a REDD, es un mecanismo de mitigación del cambio climático que busca reconocer y proveer de incentivos económicos a los países en vías de desarrollo para proteger sus recursos forestales, mejorar su gestión y utilizarlos de manera sostenible con el fin de contribuir a la lucha global contra el cambio climático y sus efectos. Se pretende, de esta forma, incentivar la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero causadas por la deforestación y degradación de los bosques, promoviendo, también, el aumento de los stocks forestales de carbono. Para más información se puede consultar: http://finanzascarbono.org/nuevos-mecanismos-de-mitigacion/redd/que-es-redd/

(9) Silvia Ribeiro, diario “La Jornada” de Mëxico: “COP21, Metas y Geoingeniería”; http://www.jornada.unam.mx/2015/12/12/opinion/025a1eco

(10) Silvia Ribeiro, op.cit.supra 9.-

(11) Silvia Ribeiro, op.cit.supra 9.-

(12) Nota del editor: Si bien el acuerdo -como toda convención internacional- es jurídicamente vinculante para los estados firmantes, conforme con la Convención de NN.UU. sobre el Derecho de los Tratados, es importante destacar que no se han establecido en el Acuerdo de París como jurídicamente vinculantes los objetivos de reducción de emisiones específicas para país. De manera que como lo han expresado numerosos expertos, si se incumplen los compromisos adquiridos no habrá sanciones para  los responsables. EE.UU., particularmente señaló que tenía dificultades internamente para comprometerse a aceptar metas concretas establecidas mediante un acuerdo internacional. A cambio de ello se estableció como meta obligatoria que el aumento global de la temperatura a nivel planetario, que debería quedar por debajo de los 2°C a fines del siglo, meta que es ciertamente inalcanzable sin una drástica reducción de las emisiones a partir de ahora, como bien lo saben las autoridades firmantes del Acuerdo. Adicionalmente, ese compromiso quedó relativizado seriamente en París, por cuanto cada país determinará a nivel interno las “aportaciones” de CO2 que realizará para el cumplimiento de la meta fijada, si bien se establece un mecanismo de revisión periódica, cada 5 años con carácter obligatorio.

(13) Silvia Ribeiro, op.cit.supra

 

Atentamente,

Francisco Michel

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