Hay que decir que, en materia horaria, el ministro de Energía sigue dando la hora.
Después de un año de imposición de un horario forzado y arbitrario, se elimina lo bueno: un horario único. Y se persiste en lo malo: la aplicación de un huso horario que no corresponde a nuestra posición geográfica.
En efecto, a la longitud de nuestro país en el globo terráqueo -una y la misma, dada la forma y emplazamiento de nuestro territorio continental-, corresponde aplicar el huso horario GMT -5 y no GMT -4 ó -3, de los antiguos horarios de invierno y verano (el que hemos sufrido ininterrumpidamente todo un año). Ello es así por nuestra posición de longitud en relación con el meridiano de Greenwich o meridiano 0 que pasa por Londres.
En consecuencia, lo natural y conveniente es guiarnos por nuestro emplazamiento geográfico y adoptar como horario único para nuestro territorio continental el huso horario GMT o UCT (Greenwich Mean Time o Universal Coordinate Time) -5, o sea, una hora más temprano que el horario de invierno que se pretende implantar por sólo 3 meses y 2 horas más temprano que el horario actual.
Este horario actual -y, en su propia medida, también el que se pretende implantar- va contra el sentido común y la misma naturaleza de las cosas, que desde siempre ha hecho que los seres vivan y se desplacen sobre el planeta de acuerdo al ciclo solar y no a caprichos autoritarios. Lo sano y natural es iniciar la jornada bajo la luz solar y no en tinieblas. Ello favorece la actividad diaria y no causa ningún perjuicio a los noctámbulos.
Así como el cambio horario sólo produce perturbaciones y ningún beneficio, otra cosa es tener una hora diferenciada para la zona austral, si ello beneficia a su población.
En tales circunstancias, esta situación de impasse entre la autoridad y los habitantes, es una buena oportunidad para que decidan los afectados, mediante una consulta ciudadana en toda regla.
Rafael Enrique Cárdenas Ortega


