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Hugo Mery

Longueira y MEO: los liderazgos en crisis

Hugo Mery | Lunes 21 de marzo 2016 8:18 hrs.

Los casos Longueira y MEO confirman no sólo la crisis política, por su colusión con los negocios, sino más específicamente el cuestionamiento de los liderazgos en la vida nacional.

Pablo Longueira ha sido uno de los líderes más importantes de la derecha  y de la clase política. Después del asesinato de Jaime Guzmán supo concretar la presencia de su partido en los sectores populares hasta convertirlo en el número uno del ranquin de diputados con 20 escaños en la Cámara Baja.

En una entrevista que le hicimos en 1992 no ocultó su animadversión hacia aliados como Andrés Allamand, a quien estimaba nocivo. En cambio, como presidente de la UDI tuvo gestos hacia sus adversarios como Lagos e Insulza a quienes dio una mano en lo del MOP-Gate y al partido Demócrata Cristiano cuando éste tuvo dificultades para inscribirse en una elección parlamentaria. Fue una prueba que los dirigentes de la duocracia están dispuestos a ayudarse mutuamente a ultranza.

Era capaz en un momento de estar públicamente relajado y en otros, tenso, pero siempre se le percibía como auténtico.

Mesiánico, defendió con todo a Jovino Novoa cuando se le acusó de pedófilo, llegando a decir a un medio que hablaba con Jaime Guzmán, quien le dijo “sigan al cura”.  Cuando ganó la primaria a Allamand, cayó en una profunda depresión, no volviendo más a la primera plana noticiosa.

Ahora lo hizo por la filtración de unos correos intercambiados con uno de los mandamases de Soquimich.

Los cargos que se desprenden de la amistad entre ambos son muy graves, el peor de todos el de cohecho para impulsar una ley de metales favorable a la compañía mencionada. Pese a que el ex ministro socialista Insulza lo defendió como un hombre de estado, su descrédito lo llevó a renunciar a la UDI, aunque negó los cargos y dijo que eran producto de filtraciones parciales e ilegales, acusando a los medios de practicar una caza de brujas.

Si un político tan importante reacciona así se pone en cuestión los grandes liderazgos que regían hasta ahora. Se ha dicho que es la hora del relevo, pero está claro que no es cuestión de cédula de identidad, porque el delfín de Bachelet, el PPD Peñailillo mostró vicios similares a los de los viejos dirigentes.

Peor aún, el más notable de los nuevos líderes cayó en prácticas corruptas: Marco Enríquez-Ominami, quien después de guardar largo silencio negó también las acusaciones, entre ellas la de usar un jet de lujo de una empresa brasileña hoy sometida a juicio por corrupción en su país, y que en Chile quiere participar en la licitación de los reparos al puente Chacao.

Tratando de empatar, dijo que también arrendaron aviones de lujo los presidentes Bachelet, Piñera y hasta Allende, en circunstancias que en verdad éste no contrataba aviones sino micros o usaba vehículos de sus amigos para desplazarse por el país. La Jefa de Estado lo desmintió, MEO se retractó, insistiendo que volverá a usar avión exclusivo para su tercera campaña presidencial.

Los círculos políticos y de opinión dudan que el líder progresista de izquierda pueda volver a levantarse, al igual que Pablo Longueira. El padre adoptivo de aquél, el ex ministro y ex senador Carlos Ominami se encuentra formalizado por prácticas fraudulentas.

El problema es que no se divisan nuevos liderazgos. Jackson, Vallejo, Cariola y Boric no tienen edad ni siquiera para acceder al senado. Los únicos presidenciables firmes son los ex Presidentes Lagos y Piñera, a quienes la humorista Natalia Valdebenito les pidió en el Festival de Viña que no fueran “ordinarios” y no se presentaran.

La diputada Vallejo descalificó al líder socialista-PPD, por haber adoptado la economía social de mercado, principalmente otorgando a los privados las concesiones de importantes obras de infraestructura y servicios. No fueron exagerados algunos banqueros que dijeron que “los empresarios aman a Lagos” y hoy muchos analistas de derecha no descartan que voten por él si decide postularse a un segundo período, al igual que varios altos dirigentes de la Democracia Cristiana.

La garantía que les da Lagos es su visión a largo plazo de las reformas que necesita el país y que tal vez coincida con aquel aserto que los líderes están para frenar las demandas de la gente.

Todo esto viene a confirmar lo que dijo otro pensador extranjero: “El poder corrompe, el poder absoluto corrompe de manera absoluta”. Pinochet fue una prueba de lo segundo (“nos  salió barato”, dijo un ex senador RN de una región del sur).

La larga transición que siguió al régimen cívico-militar demostró que lo primero también le ocurrió a buena  parte de la clase política.