Diario y Radio Universidad Chile

Año XVI, 16 de abril de 2024


Escritorio

Shakespeare, presente. ¡Ahora y siempre!

Columna de opinión por Vivian Lavín A.
Lunes 30 de mayo 2016 7:52 hrs.


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Cuando la bandera roja flameaba desde lo alto del teatro The Globe, en el Londres del 1600, millares de espectadores se agolpaban hasta las puertas de la más concurrida sala teatral de la capital inglesa. Era día de comedia y Shakespeare sabía cómo saciar las ansias de diversión, burla e ironía de un pueblo que sufría bajo la sanguinaria y cruel dinastía de los Tudor, en la Inglaterra isabelina. Si en cambio la que ondeaba era una bandera negra, le tocaba al género dramático, y hasta allí llegaría el fiel público que entre cervezas y conversación, presenciaban una obra de teatro que buscaba conmoverlos mostrando sin maquillaje las zonas más oscuras del alma humana. Londres tenía apenas 200 mil habitantes en el año 1599, y dos mil eran los espectadores que iban hasta las orillas del Río Támesis, a vibrar con la escenificación de los acontecimientos que hoy conocemos como históricos, pero que entonces era su su propio diario vivir. Porque William Shakespeare entendía que el pueblo era iletrado pero no tonto, y necesitaba conocer de qué manera se tejían los hilos del poder y cómo por alcanzarlo los nobles se transformaban, en hombres y mujeres de bien o en monstruos sanguinarios.

Shakespeare, de quien se recuerdan este 2016, 400 años desde su fallecimiento fue un actor y dramaturgo extraordinario. No sin razón es el autor más estudiado, el más traducido y quien más ha moldeado el pensamiento moderno. De aquí que el autor polaco Jan Kott haya escrito un libro, hace más de cincuenta años llamado Shakespare, nuestro contemporáneo. Una obra que permitió entender al genio inglés en clave moderna y fascinarse con su actualidad, a pesar de los siglos que nos separan de él. El mismo ejercicio es el que hizo la académica y directora Claudia Echenique quien, en una brevísima temporada exhibió en el teatro de la Universidad Católica lo que denominó Perfoconferencia. Shakespeare, nuestro contemporáneo, una suerte de charla expositiva donde ella explicaba el marco histórico y biográfico de gran autor inglés, mientras un grupo de actores dramatizaban escenas de sus obras más conocidas. Una verdadera charla magistral que permite entender las claves de la dramaturgia de Shakespeare y porqué su obra se hace hoy tan necesaria.

Fueron 37 obras las que escribió y en ellas dio vida a 1191 personajes, entre ellos, al  inmortal Hamlet o al cruel Macbeth. A pesar de que se trata de un autor inglés, su palabra está en nuestras bocas castellanas, aún sin saberlo, como cuando decimos “me pesqué un resfrío”, “los ojos son la ventana del alma” o “mucho ruido, pocas nueces”, entre las decenas de giros idiomáticos y dichos que viven en nuestra lengua hasta hoy. El genio inglés además creó palabras, 1700 vocablos, entre los que se cuentan fútbol, metamorfosis y adicción.

Pero lo más importante es comprender que sean comedias de equivocaciones o tragedias, lo que movía la pluma de Shakespeare era la dignidad humana que está plasmada en toda su obra, con ciertos resabios cristianos, donde escenas excesivamente crueles buscan conmover a las personas para que el horror no se vuelva a repetir. Así, entonces, enfrentamos el amor no correspondido, las conspiraciones políticas para alcanzar el poder, los celos enfermizos, la rivalidad entre hermanos y la trágica rueda de la venganza, el odio al interior de las familias o el rechazo al extranjero que hoy conocemos como discriminación, xenofobia, femicidio… Shakespeare es nuestro contemporáneo cuando nos habla de derechos humanos y fundamentales, al modo de los clásicos, con historias que resisten el paso del tiempo. La Perfoconferencia sobre Shakespeare de Claudia Echenique es una llave maestra y su afán didáctico se aplaude y se hace urgente en un Chile que no logra entender la profundidad de la dramaturgia shakespereana con tanta interpretación libre y una educación que termina por ensombrecer en lugar de dar luz. La pasión por este autor se entiende mejor, cuando un grupo de egresados monta a “ese demonio de Escocia llamado”, Macbeth, cuya sed de poder lo llevan a matar a su rey y a su mejor amigo, porque como dice Shakespeare, “la sangre llama a la sangre”. Una tragedia visitada como comedia del arte por la Compañía Magnífico Teatro con 10 actores en escena y nueve músicos, bajo la dirección escénica de César Avendaño y musical de Matías Astudillo, en un espacio del Campus Oriente de la Universidad Católica. Son sus amigos y familiares que llegaron a la cincuentena los que asirtieron a las escasas funciones, desafiando el frío de una improvisada escenificación al aire libre con aires medievales dentro de la clásica arquitectura de ese tradicional campus universitario. Jóvenes actores recientemente egresados que disfrutan con Shakespeare y derrochan talento, creatividad y pasión. Un esfuerzo que la desidia de este Chile, que no es el que queremos, ignora de manera irresponsable. El padre de uno de los actores lamenta que de esto se sepa tan poco, que los medios de comunicación ignoren estos esfuerzos. El padre olvida que fue la misma Universidad que los formó, la Universidad Católica la que vendió gran parte de sus medios de comunicación la señal de TV y la radial, a la fortuna de los Luksic, desentendiéndose de la responsabilidad que les correspondía de sostener medios de comunicación con vocación social y cultural.

Y si bien se podría pensar que no hay un Shakespeare para describir cómo se teje el poder y la corrupción del Chile actual como lo hizo el bardo hace 400 años, la verdad es que hay jóvenes dramaturgos con textos desafiantes y valiosos…el problema es el público, que aunque supere 80 veces a la población del Londres de hace cuatro siglos, ignora lo que es el teatro y piensa que es solo el espectáculo para reír. No entiende que es en el teatro donde los seres humanos aprenden a ser personas, como ya lo decían los griegos. En su lugar, prefieren la televisión, que los convierte en esclavos.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.