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Año XV, 28 de enero de 2023

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Crónica: Bendito ladrón de bicicletas

Todo comenzó contigo, ladrón de bicicletas. No sé qué camino habrá deparado la vida para ti, pero fuiste un bendecido, el hombre que permitió que la leyenda se construyera, la herramienta divina que permitió que todas las piezas encajaran.

Claudio Medrano

  Lunes 6 de junio 2016 7:15 hrs. 
muhammad ali

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Todo comenzó por una bicicleta. Me pregunto si aquel muchacho desgarbado, que quizás se rodeó de la misma miseria que acompañó la infancia de Muhammad Ali, dimensiona o dimensionó (es probable que ya esté muerto) que robar aquella bicicleta oxidada por la lluvia y el sol de Kentucky, cambiaría para siempre la historia del deporte y de la humanidad.

Qué ganas de buscar y agradecer a esa persona que motivó a que el más grande deportista de todos los tiempos se acercara, con los ojos humedecidos de rabia y frustración, a ese oficial de policía cuyo nombre era Joe Martin, y que por obra y gracia del Universo, resultaría ser el primer instructor de boxeo del pequeño Cassius Clay.

Ojalá la vida me hubiese permitido estrechar la mano de Joe y decirle que de no ser por su intervención y por esas palabras de aliento que regaló a ese espigado y flacuchento niño, la humanidad habría perdido a uno de sus más notables hijos, cuya vida plagada de aciertos y errores inspiró las almas de millones de personas.

Si lo tuviera en frente abrazaría a ese comerciante que negó un café y un sándwich a ese joven Cassius Clay, que regresaba a Estados Unidos con una medalla en el pecho y que no comprendía que su país, la tierra donde nació y donde se crío, lo trataba como si fuese un extranjero, un bicho raro que no merecía compartir la mesa con el hombre blanco. Ese día permitiste que muriera Cassius Clay y que naciera Muhammad Ali.

También abrazaría a Malcolm X y a Elija Muhammad, que inspiraron e instruyeron a un joven que era todo espíritu, pura fuerza y voluntad, un guerrero que necesitaba una guía, que afilaran su espada y le dieran un propósito para dirigir esos rectos de izquierda que, como él mismo decía, eran las herramientas que utilizaba su Dios para hacer su voluntad.

Cómo agradecer a Sonny Liston, Henry Cooper, George Chuvalo, Ernie Terrell, Joe Frazier, Ken Norton, George Foreman, Earnie Shavers, Leon Spinks y Larry Holmes por llevar a Muhammad Ali hasta el límite, por golpearlo, noquearlo y obligarlo a levantarse una y otra vez. Por obligarlo a ser un artista en el cuadrilátero y por ser dignos rivales de un hombre que estaba por sobre el deporte y el espectáculo.

Ni siquiera el Parkinson pudo detener su voluntad, al contrario, Muhammad Ali se convirtió en una leyenda viviente, un ídolo de masas, venerado y respetado por artistas, deportistas, líderes mundiales, hombres y mujeres humildes, todo el mundo quiso saludar, fotografiar o tener un recuerdo de un ser humano que no solo fue un excelente boxeador, fue un líder político, un actor, un profeta, en resumen, uno de los seres humanos más extraordinarios del siglo XX.

Todo comenzó contigo, ladrón de bicicletas. No sé qué camino habrá deparado la vida para ti, pero fuiste un bendecido, el hombre que permitió que la leyenda se construyera, la herramienta divina que permitió que todas las piezas encajaran. Fuiste tú, bendito ladrón de bicicletas. La humanidad te debe el haber conocido a este ser extraordinario llamado Muhammad Ali.

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