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Año XII, 19 de septiembre de 2020

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Violencia obstétrica y la maternidad como opción

Paula Pérez Cartas al Director |

  Martes 5 de julio 2016 10:22 hrs. 




Señor Director:

El día miércoles 29 de junio apareció en su publicación un artículo titulado “Violencia obstétrica: la deuda del Estado con los derechos de las mujeres”. El artículo hacía referencia a una reunión  de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, desarrollada en Santiago a principio del mes de junio, en la cual se hizo partícipe un grupo de mujeres activistas en contra de la violencia obstétrica

Sin duda este es un tema de relevancia que se ha logrado visibilizar en nuestra sociedad logrando un apoyo galopante. Sin embargo, me parece que esto no sólo ha ocurrido porque son muchas las mujeres que se pueden identificar con la demanda, sino que también, porque es un tema políticamente correcto de abordar en los medios de comunicación y en otras instancias. Al poner en evidencia las malas prácticas obstétricas, en consecuencia podría ser de consenso identificarlas como una forma de violencia de género. Pero esto no ocurre tan fácil con el acoso sexual. Es común que tanto hombres y mujeres muestren reticencia a la hora de identificar esto último como una forma de violencia sexista. Generar conciencia acerca de la violencia obstétrica  es absolutamente válido y necesario. Sin embargo, creo que de ninguna manera esto es, “la” deuda que tiene el Estado con nosotras. Las mujeres en Chile estamos expuestas constantemente al abuso y discriminación; es por esto que las deudas son incontables.

Si bien comparto y comprendo la demanda, me preocupa que atender y resaltar este problema pueda ir en desmedro de hacer análisis de otras situaciones que son igual o más violentas y que podrían estar siendo  condicionantes de esta expresión de violencia sexista. Me preocupa que en parte la motivación y adhesión al tema no sea más que una manifestación de la atávica idea que identifica y valora a las mujeres en sociedad en torno a nuestra capacidad reproductiva. Los intentos por poner este problema en una perspectiva de análisis aduciendo que esta violencia se desarrolla dentro de una estructura patriarcal, en la  cual la mujer no tiene mayor injerencia en el proceso de parir me parece válido. Insinuar que adherir  a esta causa es emancipador para todas las mujeres, es excluyente con respecto a aquellas que tienen otros proyectos de vida al margen de la maternidad.

Implementar y fomentar el parto respetado garantizando que la mujer sea la protagonista de este evento son ideas acertadas; pero queda pendiente en esta defensa vincular este hecho con otras formas de violencia y discriminación. También evaluar cuál es el ideal de mujer en nuestra sociedad, cuáles son las  expectativas que se construyen en torno a nosotras, cómo se nos valida en sociedad y cómo la sociedad nos bloquea.  Porque al hablar de patriarcado estamos haciendo una abstracción que no nos permite detectar, cuáles son los eventos cotidianos que favorecen esta estructura y que guardan relación con las preguntas expuestas más arriba.

La maternidad no es una opción para todas las mujeres. En este sentido el título del artículo que presenta el tema como la deuda del Estado con las mujeres chilenas, está reforzando la idea de identificar a la mujer con la maternidad, como si esta fuese nuestra intrínseca identidad. Desde mi punto de vista esto es sexista, porque las mujeres ante todo somos personas. Esto significa que nuestros intereses y decisiones tienen que ser respetados dentro de una universalidad de derechos sin hacer valer estereotipos de género.

Será un acto liberador, cuando se comience a comprender y aceptar que la maternidad es una opción y que el Estado debe garantizar amplios derechos sexuales y reproductivos para que la mujer decida si tener hijos o no. De esta manera, se estaría allanando el camino hacia valorarnos en roles que constantemente nos son negados, disminuyendo con esto la brecha de género que persiste en ahondarse en nuestra sociedad.

Por otra parte en su publicación se han hecho al menos tres artículos referidos a la violencia obstétrica. Causa que puede ser abrazada con entusiasmo porque no va en contra de impulsar cambios significativos en nuestra sociedad, que promuevan la igualdad de género. Esta idea puede comulgar perfectamente  con el arquetipo favorito  de mujer/madre, puede preservar ese statu quo muy conveniente para quienes se han hecho con algún poder hegemónico sobre nosotras. Qué más efectiva la maternidad y redundar en la maternidad para mantenernos  subyugadas. Qué más efectivo que la sociedad se interese por discutir las condiciones en que  vamos a parir, y que en contraste exista una desidia crónica en cuanto a poner sobre la mesa el crucial tema que significa conciliar cuidado de los hijos y trabajo.

Ustedes como medio de comunicación han adherido al statu quo, porque han desdeñado arriesgarse a considerar  un tema absolutamente necesario de difundir y analizar y al que han estado estrechamente vinculados: el acoso sexual.  Durante los dos meses que otro medio escrito, reportó sobre  la evolución de la denuncia de acoso sexual hecha por una alumna en contra de un profesor del departamento de historia de la Universidad de Chile. Ustedes como medio ligado a esta casa de estudios se acogieron al mutismo selectivo. No tuvieron la valentía de abordar  el conflicto que se estaba desarrollando para respaldar como medio de comunicación, el compromiso social y el rol público de la universidad. Descartaron propiciar una instancia de reflexión que se hubiese enriquecido con el aporte de académicas y académicos.  Desecharon  la posibilidad de facilitar un ambiente abierto, que acogiera el diálogo,  para desmantelar el tabú que ronda en torno al acoso sexual en las universidades. Ignoraron deliberadamente la columna de  Sonia Montecino, publicada en The Clinic (http://www.theclinic.cl/2016/05/10/columna-de-sonia-montecino-aguirre-lo-que-por-sabido-se-calla-por-callado-se-olvida/). Y lo mismo ocurrió, con la carta abierta firmada por setenta  y ocho mujeres académicas, investigadoras y activistas vinculadas a distintas universidades y organizaciones, entre las cuales contaban profesoras de la Universidad de Chile http://www.theclinic.cl/2016/04/13/carta-abierta-nunca-mas-solas-hablan-las-historiadoras/.

Esto se puede interpretar como un menosprecio a todas estas mujeres y lo que ellas representan: mujeres dedicadas al conocimiento. Lo que a mi parecer hay de fondo en esta reacción es que persisten suspicacias y justificaciones tan retrogradas en quienes hacen un repaso histórico de los momentos en que la mujer ha participado del mundo laboral, porque no logran comprender que nuestra motivación por zafarnos del relego doméstico, no sólo está supeditada a una necesidad económica. Esto ya no responde a la necesidad de implantar un modelo económico en el que las mujeres somos una parte más del engranaje de producción. Esto responde a nuestra necesidad de hacer prosperar nuestra independencia intelectual, saciar nuestra curiosidad y dedicarnos libremente a nuestros intereses.

Haber tomado el estallido que provocó la denuncia de acosos sexual con altura de miras y haber transparentado el conflicto en su medio, dejándolo al alcance de la comunidad,  no tendría por qué haber sido una amenaza para la institución, ni menos podría haber interferido en la investigación de los hechos. La decisión de poner en el punto ciego, de silenciar o ignorar los acontecimientos, nos ha dado una señal muy clara a las mujeres. Nosotras seguimos siendo consideradas unas intrusas en el ámbito laboral y del conocimiento. Sufrir acoso sexual y discriminación, es el costo que debemos pagar por entrometernos en ámbitos que todavía se cree no son de nuestra injerencia. En Chile, se nos sigue reconociendo y relegando al ámbito doméstico; en el cual debemos  ejercer el rol de cuidadoras, conciliadoras, madres, dueñas de casa o mujeres que enfrentan resignadas la doble jornada.  Ustedes como medio de comunicación vinculado a  una institución académica, se han puesto del lado de validar la hegemonía patriarcal dándole preferencia a esos temas que nos vinculan a nuestro rol de compañeras, de madres. En  esta elección, no ha tenido nada que ver la Constitución de Chile, esto es una muestra más de la falta de voluntad para reaccionar y generar cambios en el día a día.

Saludos
Paula Pérez
Exiliada en los Países Bajos a causa de la tiranía chilena del sexismo.