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Vivian Lavín A.

Los mejores de América, los peores de la OCDE

Vivian Lavín A. | Jueves 7 de julio 2016 9:28 hrs.

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Como si de droga se tratara, la serie de penales entre Argentina y Chile, en el marco de la Copa América Centenario se sigue repitiendo para convencernos de que lo vivido no lo podemos dar por soñado. Como si fuese una dosis mínima, la indispensable para no olvidar que Chile es Bicampeón de América, recordamos la épica de un duelo que nos permitió alcanzar un lugar que hasta hace unas décadas era impensado. Y por lo mismo, no se hace otra cosa que seguir hablando de un logro que, como pocos, es compartido por toda la sociedad chilena, dentro y fuera del territorio nacional. Más emocionante aún cuando vemos videos de compatriotas desde lejanas tierras, celebrando con euforia, con gritos y llantos, un sufrimiento alegre que rompía distancias, haciendo explotar por los aires la añoranza por el terruño, porque la sola voz de Chile se convertía en un abrazo cariñoso que nos unía a todos.

Nunca antes Chile había logrado una posición tan destacada en el fútbol mundial y por eso se entiende que mientras 11 chilenos se jugaban la vida en una cancha estadounidense, otros 17 millones la perdíamos, cuando éramos medidos y comparados en nuestras competencias laborales por la OCDE. Imposible pensar en una situación tan dramática y paradójica como esta, que se hace cada vez más calamitosa cuando ni siquiera se habla de ella, que se sigue ignorando para no empañar la celebración, para que no nos demos cuenta que la fiesta ya tiene carácter de funeral.

¿De dónde ha surgido algo que sea capaz de cambiar el ánimo festivo de modo tan drástico? Los portadores de las malas noticias son nuestros socios de la OCDE, quienes someten a los países miembros a una evaluación que tiene por nombre PIACC, una prueba de la fuerza laboral de estas naciones, en la que miden las competencias de los trabajadores en tres dimensiones: comprensión lectora, numérica y tecnológica. Para mayor fatalidad esta información es comparable, como el fútbol, de modo que  aquí estamos todos en la cancha, de igual a igual, con nuestros pares y socios, jugándonos la camiseta nacional.

De los 33 países miembros y que someten a su fuerza laboral a esta medición, Chile tiene los peores resultados. Si de comprensión lectora se trata, estamos en la posición 32, y en la numérica y tecnológica, en la 33. Esto es, ¡en el penúltimo y último lugar! ¡Qué pesadilla! Como de no creerlo, si no fuera porque en estas lides no hay cómo justificarlo por una coima ni aducirlo a un error de un árbitro.

Tenemos acá una radiografía de nuestros trabajadores, de quienes ya fueron formados y están de pleno en el campo laboral. Hombres y mujeres adultas, que ya pasaron por la educación primaria y secundaria y que, sin embargo, exhiben competencias de quienes apenas pisaron una sala de clases lo que determina que su desempeño laboral sea muy precario.

Los diagnósticos los tenemos tan claros.

Imposible olvidar cuando el Consejo Nacional de la Cultura estableció, en el 2011, hace solo cinco años atrás, que “el 84 por ciento de los chilenos no entiende lo que lee”. Y solo hace un año, contamos con una Política de la Lectura y el Libro en Chile, cuyo Plan Lector es tan ambicioso como desconocido por quienes insisten en solo hablar de fútbol. Es que la gente está leyendo hoy en sus computadores y celulares, dicen quienes no despegan los ojos de las pantallas de su móviles para ver que la realidad es bastante distinta. El analfabetismo digital es enorme, al punto que un 17 por ciento de los adultos chilenos nunca ha tenido que enfrentarse a la pantalla de un computador para realizar algún trabajo. Peor aún, cuando más de la mitad de nuestros trabajadores están en los niveles más bajos a la hora de resolver problemas de entorno tecnológico. Y si ponemos en la cancha a aquellos que hicieron la secundaria completa y los enfrentamos a nuestros socios, los que visten la Roja exhiben destrezas tecnológicas comparadas a un neozelandés que solo completó la primaria.

El escenario es aun más sombrío al evaluar al enfrentar la cesantía que, según los especialistas, llegará al 8 por ciento en los próximos meses. Entonces, se van quitando las ganas de gritar un ceachí, porque resulta indignante que, por ejemplo, Lota siga siendo la ciudad con más desempleo del país, y es que entonces, nunca reconvirtieron a los mineros y a sus hijos, a los que dejaron mirando hacia el fondo de minas de carbón que hoy son piques fantasmas. Otro tipo de gritos son los que surgen, en cambio, cuando lo más granado de nuestra educación, aquellos que llegaron a la Universidad, endeudando su futuro, por cierto, 14 mil ellos, no tiene trabajo…

Nuestra selección laboral nacional no está para salir a ninguna cancha. Es una vergüenza que insistamos en los logros de esa Roja de 11 jugadores, y olvidemos a la Roja en que la estamos todos, esos chilenos que hoy somos la fuerza de trabajo y de futuro de nuestro país.  No se trata de la educación de las nuevas generaciones, que obviamente debiera ser una prioridad, sino cómo se va a ayudar hoy a esta fuerza laboral ignorante y poco apta para enfrentar un mundo complejo y desafiante, como es el actual.

¿Es que acaso, de entender las consecuencias de esto, masivamente nos concentraríamos en el Estadio Nacional, como acontece con el fútbol, para rechazar estos horribles resultados y proponernos superarlos en el corto plazo?

Dejemos a los Gary y a los Sánchez hacer su trabajo, que es meter goles y ser la demostración de que sí es posible. Ellos son la prueba de que cuando hay voluntad y visión, se pueden cambiar las cosas.

Nosotros, no podemos seguir aceptando esta goleada de cada día en nuestro propio país, que es la cancha más importante, nuestra fuente laboral.