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Pepe Maldavsky, dos veces héroe


Domingo 11 de septiembre 2016 15:07 hrs.


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José Maldavsky falleció el primero de septiembre en París. Recién me entero ahora, gracias a una nota escrita por su amigo Dominique Vidal.

Lo vi hace tres años en un café La Bastilla. Pasar por París sin estar con Pepe era como una infidelidad.

A veces alojaba en su departamento en el boulevard Massena, donde vivía con uno o dos de sus hijos.

Pensé que como sus parientes, los Teitelboim y los Voloksy, iba a llegar a los noventa. Se cuidaba en extremo, no bebía, se alimentaba en forma sana, pero juntaba adrenalina en sus reportajes en conflictos bélicos con bombas que estallaban a metros de su persona.

Jubilado pero activo, sólo se movilizaba en bicicleta. Recuerdo bien que todas las mañanas anunciaba: Voy a hacer unos ejercicios. Uno de éstos era con el cuello “porque a los viejos les cuesta tragar y estos movimientos que hago son para evitar ese problema”.

En Chile fue redactor de “El Siglo” y en Europa asistente de Volodia en la revista “Araucaria”, pero lo audiovisual lo atrajo como un imán y se dedicó de lleno a documentales premiados y difundidos en todo el mundo, los menos, aquí en su patria.

Juntos cubrimos un Festival de Cannes en los años ochenta y de paso visitamos a Graham Greene, con quien me perpetuó en una foto.

Pepe era un hombre arriesgado. El once lo sorprendió fuera de Chile. En Argentina ocurrió un hecho que refleja la época. Buscaban a Pepe pero confundieron a Miguel Budnik con él. Y creo que Miguel, hermano de Clara, lo pasó mal. Eran los tiempos de la Operación Cóndor. Argentina y Chile al borde del conflicto armado, pero en materia de represión aliados y cómplices en su lucha contra el fantasma comunista y la subversión hecha Espíritu Santo, o sea en todas partes.

De regreso al país, Pepe fue capturado por la DINA y lo sometieron a horribles torturas. Posteriormente, a comienzos de los ochenta, lo detuvieron nuevamente y montaron un show espantoso. Aparecía Maldavsky en un entorno repleto de armas, bombas, granadas. Una gracia más de El Mercurio.

Supe de un paro cardiaco durante los apremios, asimismo era visible una cicatriz cuando le arrancaron el brazo. Creo que todos los cuidados que se prodigó no pudieron con el físico tan maltratado en su momento.

En Europa, se dedicó a los grandes reportajes televisivos, algunos de ellos llevados al cine. Siempre admiré o no comprendía como cincuentón y todo, prefería pasar la noche de Año Nuevo en medio de la guerra en la ex Yugoeslavia o en los lugares más increíbles.

Cuando lo vi en el 2013, filmaba sobre la resistencia femenina a los nazis, inspirando quizás en la vida de Freya von Moltke o testimonios de Hannah Arendt. En aquella oportunidad, lamentó que su documental que muestra cuando entrevista a su torturador, Manuel Contreras en su cárcel-hotel. Nunca fuera difundida en Chile. “Lo comprendo en tiempos de la dictadura, pero no en la actualidad”, dijo.

Al colmo del absurdo, Contreras le da visto bueno a la solicitud pese a la oposición del director de Gendarmería. Pepe va acompañado con su hijo como camarógrafo. En un momento dado ataja a su padre furioso por la maldadosa parsimonia y cuando está a punto de agredir al Mamo. Éste justifica los lanzamientos de seres humanos a las aguas del Pacífico y en el colmo de su enfermedad, es la única acepción que se me ocurre, le ofrece dos libros suyos de corte autobiográfico. “Vaya a buscarme esos ejemplares”, le ordena al director de Gendarmería quien obedece como si fuese un mozo.

Contreras se los entrega, pero previamente estampa su dedicatoria y firma. Maldavsky desconcertado, se lleva los volúmenes mientras piensa en el demonio que tuvo frente a él, y además, loco de remate.

Padre abnegado de sus hijos, a menudo cuidó solo de los cuatro. Fiel militante del partido comunista, además solidarizaba con movimientos estudiantiles, defensores del medio ambiente y libertad de género: “En eso también me entretengo bastante”, asumía.