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Año XII, 24 de noviembre de 2020

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Cristian Vilches

Represiones no anunciadas

Cristian Vilches | Lunes 17 de octubre 2016 9:44 hrs.


Durante tres días consecutivos a comienzos septiembre del presente año, en dependencias del Colegio Médico de Chile, se desarrolló una gran capacitación titulada “Protocolo de Estambul: Curso especializado para la constatación del daño psicológico y medico en casos de Tortura, Tratos Crueles, Inhumanos y Degradantes”. Esta instancia fue organizada por el Departamento de Derechos Humanos del Colegio Médico, instancia que desde el año 2010 se ha encargado de difundir diversos asuntos contingentes a la defensa irrestricta de los derechos humanos en Chile. Más de medio centenar de profesionales de todo el país tuvimos la oportunidad de participar en esta instancia que emerge en medio de visibles cuestionamientos al Estado chileno y a todos los gobiernos pos dictadura en esta materia, donde constantemente los derechos humanos se han visto vulnerados por los mismos agentes gubernamentales.

Esta capacitación fue enriquecedora en todo sentido: además de brindarnos herramientas teórico-prácticas para comprender jurídica, médica y psicológicamente el fenómeno de la tortura a nivel mundial, en donde Amnistía Internacional si bien da cuenta que la tortura está prohibida en todo el mundo bajo toda circunstancia, así mismo informa la vigencia de esta práctica en más de 141 países. En el mismo sentido, revisamos también casos concretos, como por ejemplo las ultimas invasiones norteamericanas en Irak (los horrores de la cárcel de Abu Ghraib) luego del atentado a las torres gemelas el 2001, imágenes que dieron la vuelta al mundo retratando los innumerables vejámenes realizados por los soldados contra los prisioneros ahí detenidos. Así también repasamos nuestro doloroso pasado reciente latinoamericano y las dictaduras cívico-militares de todo el cono sur iniciado en la década de los sesentas y extendida hasta fines de los ochentas como es el caso chileno.

Pero el curso no se quedó en la mera revisión de años o décadas pasadas, sino también abordó la actualidad. Presentó el registro de la violencia política del presente durante los últimos 5 años: 101 casos de violencia y tortura cometidos bajo custodia policial en Chile- que fue reporteado recientemente por el programa Informe Especial- contra estudiantes secundarios, universitarios, trabajadores, adultos mayores, etc. Desnudos en comisarías, golpes de puño, patadas, asfixias, tortura psicológica: amenazas de muerte y métodos de tortura propios de la herencia dictatorial: “submarino seco y húmedo”, nombre que hace alusión a una forma de asfixia ya sea mediante una bolsa plástica en el primer caso, o por introducir la cabeza en agua u otro líquido.  Esto viene a representar tan solo una pequeña muestra de lo que sucede actualmente en el país: la vigencia de la tortura por parte de las fuerzas policiales, utilizada principalmente al momento de la realización de marchas o diversas manifestaciones callejeras. En el mismo sentido y tal como se planteó en el curso, las detenciones y las torturas no tienen otro objetivo más que inhibir el movimiento y la protesta social. O sea buscan generar un sufrimiento físico y psíquico a los manifestantes, que a su vez repercuta socialmente mediante el temor y el miedo a la libre protesta.

Es preciso señalar también un desafío para todos nosotros, los profesionales de la salud. Y es que muchas veces, al momento de ocurrir las detenciones, las personas aprendidas son derivadas a los centros asistenciales para realizar las constataciones de lesiones, que son absolutamente irregulares, con presencia policial en los mismos boxes de atención, acción que busca intimidar a los médicos, quienes muchas veces terminan escribiendo “sin lesiones”, a pesar de la presencia de marcas derivadas de un evidente y violento “procedimiento policial”. Por lo mismo es preciso conocer los derechos de los mismos profesionales- por ejemplo solicitar la salida de efectivos policiales de los boxes de atención medica- como también nuestros deberes y esto es registrar fehacientemente cualquier indicio de agresión física y/o psicológica, documento que puede ser clave al momento de gestionar una posible denuncia contra el procedimiento y los hechos. No hacerlo, nos deja como cómplices de un delito, que además es un acto brutal.

Aprovecho este espacio para hacer el llamado a la reflexión a los profesionales de la salud, a quienes trabajan en los servicios de urgencia, en consultorios, a quienes trabajan directamente con casos de violaciones a los derechos humanos- por ejemplo los equipos PRAIS- pero también a quienes no tienen relación alguna con el tema, es necesario reflexionar y capacitarnos sobre estas temáticas, que nos permitan actuar adecuadamente ante una situación de estas características. No podemos hacer la vista ciega, esto es una realidad en el país, y nosotros estamos llamados a evidenciarla. Si no somos nosotros, entonces ¿quiénes?

*El autor es miembro de la Comisión de DDHH y Enfoque de Derechos del Colegio de Psicólogos de Chile.