Diario y Radio Universidad Chile

Año XVI, 19 de mayo de 2024


Escritorio

El masivo escamoteo tributario de las transnacionales

Así, mientras los organismos internacionales y Gobiernos de naciones desarrolladas demonizan a los tradicionales paraísos fiscales “de palmeras y mares calipsos”, la competencia por los recursos en el corazón del capitalismo occidental ha permitido que la banca internacional ya no tenga que cruzar océanos para eludir el pago de impuestos en sus países de origen. En efecto, Luxemburgo acoge el 12% del mercado de servicios financieros ‘offshore’ de todo el mundo, transformándose en el principal centro de banca privada y gestión de activos en la Eurozona y el segundo en el globo para fondos de inversión, según el índice de Secreto Financiero que elabora la Red de Justicia Fiscal, citado por Pilar Blásquez de Blog Salmón.

Roberto Meza

  Martes 4 de abril 2017 12:52 hrs. 
societe-generale1

Compartir en

 Las nuevas exigencias impuestas a los Estados nacionales por una ciudadanía más consciente de sus intereses y derechos han generado fuertes presiones por aumentar los impuestos, suscitando una dura y compleja disputa interna entre sectores políticos pro redistribución e igualdades y aquellos que prefieren fiscalidades más pequeñas, libertades y papel preponderante de las personas en la economía, en la que unos y otros relevan los beneficios y/o desventajas de llevar adelante políticas en uno u otro sentido.

Sin embargo, un reciente informe de Oxfam y Fair Finances Guide International detectó que los veinte más grandes bancos internacionales europeos obtuvieron en 2015 sobre US$ 25 mil millones en beneficios (25% del total de sus utilidades) mediante negocios localizados en “paraísos fiscales”, no obstante que en esos territorios solo muestran el 12% de su facturación y apenas el 7% de su personal.

Según la investigación, solo Hong Kong, Luxemburgo, Irlanda acumulan el 72% de los beneficios fiscales obtenidos en “paraísos fiscales”, seguidos por Bélgica y Singapur. Los datos son resultado de una investigación que la ONG realizó de dicha actividad, país por país, una información que, desde 2013, la Unión Europea (UE) exige hacer pública a firmas que facturen más de 750 millones de euros y tengan actividad en una determinada lista de “paraísos fiscales”.

“La actividad de los bancos en jurisdicciones con baja fiscalidad es claramente desproporcionada comparada con el 1% de la población mundial y 5% del PIB mundial que esos países representan”, señala el informe, añadiendo que, del total de beneficios procedentes de “paraísos fiscales”, 628 millones de euros procedían de territorios en los que las entidades financieras ni siquiera poseían sucursales o empleados.

A la cabeza de estas prácticas aparece el banco francés Société Générale que ha declarado beneficios en Islas Bermudas, Islas Caimán, Curaçao, Chipre y Malta, sin tener en esos territorios ninguna actividad física. En igual situación está BNP Paribas, que obtuvo un beneficio de 134 millones de euros libres de impuestos en las Islas Caimán; y Banco Santander, con una lucrativa presencia, casi fantasmal, en las mismas Caimán.

Así, mientras los organismos internacionales y Gobiernos de naciones desarrolladas demonizan a los tradicionales paraísos fiscales “de palmeras y mares calipsos”, la competencia por los recursos en el corazón del capitalismo occidental ha permitido que la banca internacional ya no tenga que cruzar océanos para eludir el pago de impuestos en sus países de origen. En efecto, Luxemburgo acoge el 12% del mercado de servicios financieros ‘offshore’ de todo el mundo, transformándose en el principal centro de banca privada y gestión de activos en la Eurozona y el segundo en el globo para fondos de inversión, según el índice de Secreto Financiero que elabora la Red de Justicia Fiscal, citado por Pilar Blásquez de Blog Salmón.

En Luxemburgo, los veinte mayores bancos europeos analizados por Oxfam, obtuvieron 4.900 millones de euros de beneficios, más que los que ganaron en el Reino Unido, Suecia y Alemania sumados. Barclays, el quinto banco más grande en Europa, contabilizó 557 millones de euros de utilidades en Luxemburgo en 2015, por los que pagó un impuesto efectivo del 0,2%.

En el caso de Irlanda, país que tuvo que ser rescatado por la UE en 2010, oficialmente el Impuesto a las empresas es del 12,5%, pero los bancos localizados en ese país tienen un gravamen medio del 6%, y, en casos como Barclays, RBS o Crédit Agricole, baja hasta el 2%. Oxfam califica al país como “el sexto más agresivo de mundo” desde el punto de vista fiscal, por lo que no ve como casualidad que éste acoja a grandes multinacionales como Apple o Google, dando lugar, además, a que bancos como RBS, Société Générale, UniCredit, Santander o BBVA hayan declarado en Irlanda más utilidades que facturación en ese país. Según la investigación, los bancos “están trasladando artificialmente a Irlanda beneficios obtenidos en otros países” por lo que, en 2015, el PIB de Irlanda creció en 26%, más del triple de las estimaciones.

Oxfam destaca, asimismo, los casos de Barclays y Deustche Bank. En España, Barclays tuvo que ser rescatado por CaixaBank, mientras que, durante el verano de 2016, hubo fuertes rumores de que el Deutsche Bank podría ser un segundo Lehman Brothers y hacer colapsar nuevamente las finanzas mundiales. Pero al tiempo que la entidad alemana declaró pérdidas globales de 6.100 millones de euros en 2015, sus beneficios en Luxemburgo alcanzaron a 1.200 millones de euros. Barclays, en tanto, declaró beneficios totales de 5.000 millones de euros en 2015, de los cuales aproximadamente 900 millones correspondían a Luxemburgo, Suiza e Irlanda, el 18% de todas sus utilidades, cuando en esos países apenas mantiene el 0,4% de su mano de obra.

Fuera de territorio europeo destacan otros dos grandes territorios sin “palmeras”: Hong Kong, en donde más beneficios declaran los grandes bancos europeos; y Delaware, paraíso preferido de las filiales en EE.UU. El secreto bancario y la posibilidad de no pagar ni un centavo en impuestos a las empresas localizadas en dicho estado de la unión, aun cuando no acrediten presencia física, convierten al enclave, ubicado en el corazón de EE.UU., en lugar ideal para evadir impuestos. Oxfam asegura que “200 de las 479 filiales (42%) de 11 bancos para las que se encontró una dirección postal se encontraban en el mismo domicilio: 1209 Orange Street, Wilmington, un edificio que es domicilio legal de más de 285.000 empresas distintas, incluidas algunas grandes multinacionales estadounidenses”.

Es decir, después de casi ocho años de la cumbre del G20 de Pittsburgh, en 2009, donde los países más desarrollados del mundo anunciaron su disposición a sancionar la actividad de los “paraísos fiscales”, todo sigue igual. Los grandes bancos y las multinacionales siguen utilizando la opacidad que les brindan dichos territorios para no pagar tributos en sus países y facilitar el movimiento de dinero negro por todo el planeta.

Las estimaciones de Oxfam indican que cada año las multinacionales privan a los países pobres de más de 100 mil millones de dólares en ingresos fiscales, recursos suficientes para financiar servicios educativos para los 124 millones de niños y niñas sin escolarizar o atención sanitaria que podría evitar la muerte de al menos seis millones de niños y niñas.

Así, más que la discusión interna de países pequeños que, como Chile, buscan en el Estado los medios para satisfacer necesidades básicas para el desarrollo del siglo XXI (educación, salud, previsión), para lo cual exigen a sus empresas nacionales un esfuerzo adicional que las termina haciendo menos competitivas mundialmente, un trabajo mancomunado a nivel regional y global para insistir en una recaudación más justa y transparente de los tributos aportados por los grandes contribuyentes globales pareciera un camino provechoso, aunque, seguramente más difícil de encarar, tal como lo muestra la casi una década de escasos resultados conseguidos por las elites políticas y técnicas de naciones desarrolladas en esta relevante área del quehacer social.

Síguenos en