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Año XIV, 28 de mayo de 2022

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Deporte en tiempos electorales

Sin duda que el deporte es importante en el desarrollo de un país pero no practicado de cualquier forma. Por ello hoy, resulta mucho más indispensable determinar que valores y que principios regirán su enseñanza y su práctica a nivel nacional.

Francisco Cárdenas

  Miércoles 26 de julio 2017 7:55 hrs. 
XIX JUEGOS SUDAMERICANOS ESCOLARES, MAR DEL PLATA 2013

Los múltiples candidatos presidenciales han comenzado a bombardearnos con sus promesas sobre lo que harían si llegaran a la presidencia de Chile y donde los gobernantes salientes se ufanan de los logros obtenidos. Bien vale la pena analizar el estado actual de nuestro deporte , su rumbo, los verdaderos alcances de las medidas tomadas y los enormes desafíos nacionales en la materia.

Sólo basta con leer las escuetas propuestas o las rimbombantes propagandas para darse cuenta de que ninguno de ellos le da mucho valor a esta noble actividad. Se adornan con frases repetidas y las recitan con insistencia automática. Consignas generales con las que obviamente nadie puede estar en desacuerdo. Porque resulta muy lógico pregonar que el deporte nos llevará a una vida más sana y con mejor calidad de vida, que se fomentará mediante la actividad deportiva la inclusión, la colaboración y hasta la democracia; que el deporte es importante para abrir oportunidades a los jóvenes y alejarlos de otros flagelos y vicios; que se mejorará el desarrollo de la infancia y que de su mano nos convertiremos en otro país. Todo lo anterior suena coherente para cualquiera. El problema sigue siendo que no pueden decirnos cómo lo harán ni los mecanismos que aplicarán para que efectivamente esta actividad cambie y permita avanzar hacia la formación de mejores seres humanos y finalmente de un mejor país que debe ser el objetivo central.

Y esto no es nada nuevo ya que en casi todas las áreas sucede lo mismo. Es la norma en la salud, la educación, la cultura, etcétera. Así seguimos sin solucionar nada y mantenemos este status quo que bien sabemos beneficia a muy pocos y condena a la pobreza económica y sobre todo cultural a la gran mayoría. Hoy tenemos un país cada vez más obeso, más sedentario y más competitivo e individualista pero eso no parece importarles. Para ellos lo relevante es en realidad, mantener el cargo, el sueldo, el pituto y por supuesto obtener votos en las urnas que es el único mecanismo de “decisión ciudadana” que nos otorgan y que curiosamente, les permite perpetuarse.

En la práctica, las autoridades educativas reducen sistemáticamente las horas de educación física, adjudicándole un valor secundario en la formación de los niños y jóvenes, sobretodo si se compara con el tiempo invertido en aquellas materias que nos preparan para ser esclavos del sistema económico. Quitan deporte y a cambio los incitan a enchufarse a las tabletas digitales y los juegos de videos (“conectándolos” para desconectarlos de todo). Claro que es necesario transformar la educación completa y eso incluye también un nuevo enfoque de la educación física y la preparación de los profesores que la imparten. Debemos construir un modelo que enseñe a disfrutar el juego y que fomente la colaboración y lo colectivo. En la actualidad los juegos que les organizan y practican en clases, son siempre de competencia y hasta los deportes de equipo tienen un carácter individualista. Si queremos solidaridad y colectividad deberíamos incentivarla y celebrarla. Sin embargo, en nuestros colegios premiamos al mejor alumno, a la mejor nota y al mejor en cualquier cosa que demuestre un éxito individual. Como si eso significara algo positivo y no fuera en verdad, el mecanismo mediante el cual les van preparando para la competencia salvaje y deshumanizada de la sociedad espantosa que hemos construido y que es algo que tantos de nuestros candidatos dicen contradictoriamente querer modificar.

Si queremos un país solidario donde todos nos preocupemos por el de al lado; si queremos cambiar este individualismo repugnante que nos impide crecer; si soñamos con un país que de valor a lo comunitario y donde sea más importantes la generosidad y el éxito colectivo antes que la satisfacción individual, deberíamos estar atentos a los pequeños detalles porque son ellos los que producen los cambios verdaderos y permanentes.

La mayor parte de nuestros niños, jóvenes y adultos viven una vida insana, tienen sobrepeso, son sedentarios y no pueden acceder fácilmente al deporte. Se han reducido los espacios para practicarlo, se han elevado los costos y así cada vez menos chilenos practican algún deporte de manera continua. ¿El efecto? hoy todos andan preocupados de necesidades ficticias: de la facha, de los celulares, del auto de moda, de los programas de la televisión y la farándula. Y cada día tenemos más y peores problemas de salud.

Para colmo suceden cosas absurdas donde nos engañan con una ley de etiquetado “saludable” y con medidas que supuestamente obligarían a bajar los niveles de azúcares en alimentos y reduciría también el consumo de los mismos, colaborando con ello a una vida más sana. Pero las empresas, para cumplir los estándares exigidos por la autoridad y con el aval de la ley, ahora nos llenan de venenos químicos como la sucralosa y sus nocivos efectos secundarios. Un acto muy irresponsable pues ese edulcorante organoclorado, que ahora se encuentra en casi todos los productos dulces envasados, modifica la forma en la que el cuerpo metaboliza el azúcar elevando los niveles de insulina y produciendo en muchos casos obesidad, diabetes y otras alteraciones metabólicas de cuidado.

Por su parte, las autoridades deportivas no hacen otra cosa que corregir cosméticamente un modelo fracasado. Pretenden embobarnos con cualquier triunfo menor o mayor de nuestros deportistas, como si ellos fueran resultado de sus políticas obsoletas y mal diseñadas. Intentan vendernos por ejemplo, que adjudicarse los Juegos Panamericanos del 2023 es un gran logro de los chilenos y que la infraestructura que se construirá entonces ayudará a fortalecer nuestro deporte y ponernos en la élite mundial. Nada de eso explica la ruina en la que se encuentran nuestras instalaciones actuales y el abandono permanente de los recintos deportivos, la ausencia de planes de funcionamiento en dichos lugares y lo que es peor, la inexistencia de un programa integral y fructífero que garantice que los espacios deportivos sean masivos y democráticos, bien utilizados y que dispongan también de los recursos necesarios para su funcionamiento y mantenimiento en el tiempo. Tampoco nos explican por qué países con mucho menos inversión y hasta con carencias de infraestructura más evidentes, obtienen mejores resultados que nosotros.

Sin duda que el deporte es importante en el desarrollo de un país pero no practicado de cualquier forma. Por ello hoy, resulta mucho más indispensable determinar que valores y que principios regirán su enseñanza y su práctica a nivel nacional. Si como dice el dicho popular “los países tienen los gobernantes que se merecen” entonces ese principio es también aplicable al deporte y eso debe preocuparnos a todos los que nos interesamos y trabajamos en esta actividad. Porque evidentemente nuestro deporte hoy reproduce todos los vicios y mediocridades del sistema político imperante y cada vez está más devaluado.

Y para muestra un botón, el presupuesto del deporte para el año en curso fue rebajado cerca de un 5 por ciento, quedando en 133 mil 726 millones de pesos para toda su implementación algo que es definitivamente insuficiente. En contra parte, los montos para la Defensa Nacional se incrementaron en 1,2  alcanzando una cifra de mil millones 724 mil 480 pesos. ¿Les quedan claras las prioridades para nuestras autoridades? Lo que uno agradecería entonces, que no traten de engañarnos con discursos vacíos y otras artimañas baratas.

El reto es enorme y ya no podemos seguir aceptando que nos vendan soluciones parches y consignas baratas. Es evidente que mejorar nuestro deporte no es ni será la prioridad para los políticos, la Presidencia ni para el Congreso. No será de ahí de donde surjan los grandes cambios. Los chilenos nos merecemos ya una discusión profunda y decisiva sobre este y tantos otros temas porque merecemos elegir por fin y sin imposiciones, el país en que queremos vivir. Acá hay que ser responsables y alzar la voz, porque quejarse después, no sirve de nada.