Diario y Radio U Chile

Año XI, 20 de agosto de 2019

Escritorio

Fundador de “Locos por nuestros derechos”: En Chile se violan los DDHH de los locos

Rodrigo Fredes es uno de los fundadores de un colectivo activista por los derechos humanos de los "enfermos mentales". Para él esa etiqueta no es real, sino un invento de psiquiatras y farmacéuticas. Hoy Fredes está empeñado en visibilizar las sistemáticas vulneraciones que viven día a día las personas que son diagnosticadas etiqueta.

Martín Espinoza

  Lunes 4 de septiembre 2017 14:11 hrs. 
locos

Rodrigo Fredes levanta la mano y pide la palabra. La concurrencia lo escucha atenta y en silencio. En medio de la conmemoración que recuerda a los detenidos desaparecidos en su día, el 29 de agosto en Londres 38, Fredes se explaya. “Las violaciones a los derechos humanos han sido explicitadas y condenadas, pero de las violaciones que sufren diariamente los enfermos mentales  nadie habla”, dice. Lo comenta a raíz del tema del conversatorio: detenidos desaparecidos en democracia.

José Vergara es uno de ellos. Desapareció después de una intervención policial realizada el 13 de septiembre de 2015. José era esquizofrénico, y por eso es que Fredes saca a colación el tema. Su tema.

Fredes es hoy miembro fundador de “Locos por nuestros derechos”, un colectivo que plantea una aproximación diferente hacia la salud mental. El colectivo nace a partir de un manual de derechos humanos en torno a la salud mental elaborado por la escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile. Con el objetivo de trabajar en su difusión, y para dar a conocer los nefastos resultados, Fredes se involucró en el activismo.

“El respeto de los derechos humanos es casi nulo”, señala.

Tú dices que las enfermedades mentales no existen…

Es un constructo de la psiquiatría. No es un término científico. La enfermedad mental no está fundada en conceptos científicos, de salud, etc. Corresponde a una rama llamada nosología. La salud y los determinantes de qué es una enfermedad o un trastorno están basados en cosas físicas, exámenes, pruebas, etcétera, en cambio las enfermedades mentales y sus diagnósticos se construyen en espacios de poder donde gente con poder, principalmente farmacéuticas y psiquiátricas se ponen de acuerdo sobre cómo le van a poner a un conjunto de manifestaciones que las personas presentan. De ahí viene el manual de diagnóstico de las enfermedades mentales. Las enfermedades mentales no tienen marcadores biológicos, no tienen exámenes. A nadie le toman pruebas de sangre, le hacen escáneres de mente para definir la bipolaridad, como ejemplo. Es pura especulación, puro dogma. Salvo en la mente de los psiquiatras, las enfermedades mentales no existen. Lo que no quiere decir que a las personas no les pasen cosas.

Si no existen, ¿cómo se etiqueta eso? ¿Cómo deberíamos referirnos a ellos?

Nosotros hablamos de “personas con experiencias distintas”. La gran mayoría de las personas que han sido etiquetadas con un diagnóstico somos personas que hemos vivido experiencias distintas. Un trauma, un abandono, algo más profundo. Puede ser que haya personas que son diagnosticadas porque hicieron consumo de sustancias, y tienen manifestaciones que se confunden con delirios…

¿Siempre hay un hecho detonante?

Siempre hay una causa. O varias. La mayoría de las veces tienen que ver con condiciones traumas psico-afectivos. En la mayoría de las personas que conozco que han sido diagnosticadas, medicadas, si tu buscas su historia de vida, vas a encontrar este tipo de situaciones. Pérdidas, duelos, opresión, explotación, de todo.

Con respecto a la sistemática discriminación a las personas que viven con experiencias distintas, ¿en qué se traduce cotidianamente esta discriminación?

En varios aspectos. En los mismos espacios de cuidado y atención, lo que se conoce como “dispositivos de salud mental”, pero que no tienen esas características… Las personas son consideradas pacientes. Las personas son aisladas de sus redes de contacto, son intervenidas químicamente, pierden capacidades cognitivas… La mayoría de la gente que hace ese camino no vuelve a reinsertarse en el sistema laboral. Yo no digo que sea bueno insertarse en el sistema laboral, pero a eso apunta la política pública, y eso no ocurre. En el ámbito social, de los medios de comunicación, se estila mucho demonizar al loco peligroso, se hace énfasis cuando ocurren situaciones de violencia, “el esquizofrénico”, como si la chapa que le puso la psiquiatría a esa persona fuera una determinante. Eso es una discriminación enorme, porque las personas que viven esta situación, la gran mayoría, somos sujetos de violencia, y no personas violentas. Una persona que está diagnosticada no puede decirlo en una entrevista de trabajo, por ejemplo.

Lo mismo pasa con las licencias médicas psiquiátricas. Son mal vistas…

Claro. El sistema lo que produce es este tipo de manifestaciones. Una parte son las causas familiares, íntimas, relacionales, etc. Otra es el sistema, el sistema produce competencia, estrés, competitividad, éxito, consumo, deudas, y nosotros no estamos hechos para eso. Que una persona se desestabilice más bien sería una respuesta inmunológica ante la toxicidad del sistema y no el síntoma de una enfermedad. Debería ser apoyado, no medicado. Los fármacos son funcionales al sistema y lo que buscan es atenuar esas manifestaciones para que la persona vuelva al sistema a producir, consumir, endeudarse. Es un círculo vicioso.
¿Qué diagnóstico te dieron a ti?

Vario. Es bastante común eso. Donde se supone que te van a ayudar te dan varios diagnósticos. Tomé medicamentos por 7 años, estuve internado 3 veces, pero eso es funcional al sistema. Para mí no tienen ningún valor los diagnósticos que me dieron, salvo que eran funcionales para etiquetarme, para clasificarme. Pero no los reproduzco. Todavía no paran de darme diagnósticos.

¿Cuál es tu análisis sobre la realidad de las clínicas psiquiátricas? Hablas de ellas como si fueran cárceles.

Sí, claro. El sistema tiene varias formas de reproducirse. En varias de esas formas está la lógica carcelaria. Presente en las escuelas, hospitales, etc… Pero en las cárceles psiquiátricas está demasiado presente. La única diferencia entre una cárcel común y una psiquiátrica es que en la común tú sabes por qué estás y cuándo sales. En la psiquiátrica uno no sabe. No sabes por qué estás ahí y no sabes cuando sales. Puedes salir y entrar varias veces sin saber cuál es tu delirio, si los tienes. Las lógicas internas son carcelarias. Las personas están permanentemente vigiladas bajo el supuesto de que es por su cuidado personal. No pueden tener todas las visitas que quisieran, no pueden salir, tenemos compañeras que les han puesto electroshock sin consentimiento, hay gente que se mata adentro, y ni hablar de sumarios administrativos.

¿Qué tipo de violaciones a los derechos humanos existen dentro de la población que vive estas experiencias diferentes?

Hay esterilizaciones forzadas, hay violaciones sexuales, hay gente internada contra su voluntad, hay tortura, porque la drogadicción forzada es tortura. Una persona no tiene derecho a trabajo, educación, no tiene derecho sobre su cuerpo por estar  intervenido químicamente, hay gente que anda en la calle. Hay más gente defendiendo los derechos de los animales que preocupados de la gente loca que come de la calle. Los locos no le importan a nadie. El caso de José Vergara… Se naturaliza la violencia. Lo que hicieron los pacos ahí… lo mataron. Y el único delito fue tener un diagnostico que ni siquiera se puso él, se lo pusieron.

¿Cómo avanzar hacia una sociedad más inclusiva?

La gente que tiene conciencia de ser loco o loca, sabe que es una diferencia que hay que valorar. Yo no sé si es mejor o peor que otra diferencia. Para mi es más entretenida. No sé si queramos ser incluidas en la sociedad tal como está. Más bien pienso que tenemos que hace un cambio nosotros y trabajar en su un sistema paralelo, aprovechando las grietas de este sistema opresor y vulnerador. Entonces cuando se habla de esta inclusión, yo, por lo menos, no estoy ni ahí con incluirme en esta sociedad. Lo que pido es que respeten la diferencia. Nosotros tenemos formas diferentes de relacionarnos con las realidades, porque no hay una, hay varias, y eso hay que respetarlo, como las demás diferencias. Entonces, más que inclusión, es respeto a la diferencia. Reivindicamos el “trabajar como locos”, que significa trabajar en algo que te guste, trabajar menos que los normales, pasarlo bien, y no como trabaja la mayoría, que trabajan harto y les pagan poco….

Tú hablas de los normales, ¿te consideras anormal?

Anormal, ¡absolutamente! Que no significa malo. Hoy día lo normal es lo que le pasa a la mayoría de la gente y eso es súper penca, yo no quiero ser normal, porque si no estaría endeudado, explotado, estresado, y yo no quiero eso.